Teresa Heinz, en el ruedo

lunes, 1 de noviembre de 2004
Miami, 1 de noviembre (apro) - En apenas un segundo olvidó la tonada monocorde usual en una candidata a “primera dama” y se lanzó a la yugular de sus atacantes: “Son sólo unos mentirosos Me gustaría que vinieran a decírmelo en mi cara” Teresa Heinz Kerry se enfurece al escuchar las acusaciones de que dinero suyo ha ido a parar a manos de radicales palestinos y del régimen de Fidel Castro, una denuncia que viene rodando desde mediados de agosto y que ella atribuye a “ciertos sectores judíos ultraconservadores” y a “tres congresistas hispanos republicanos” de origen cubano, Ileana Ros-Lehtinen, Lincoln Díaz Balart y Mario Díaz Balart “Esa señora y los dos hermanos me han estado atacando por, supuestamente, distribuir dinero a través de una cosa terrible llamada Fundación Tides Pero eso es una gran mentira”, asegura durante una entrevista con Apro realizada la semana pasada en Miami “Lo que sí he hecho –acota-- es entregar fondos al Centro Tides, que es algo completamente distinto” Aclara: “Hasta la Administración de George W Bush ha entregado recursos al Centro Tides, cuya función es administrar el dinero de pequeñas instituciones que no pueden hacerlo por sí mismas Nuestras donaciones se han empleado para la limpieza de aguas en Pensilvania y trabajos ambientales, cualquiera puede comprobarlo “Eso otro que dicen –recalca-- son comentarios muy malintencionados, grandes mentiras” Los estrategas del equipo de John Kerry la han soltado al ruedo en la recta final de la campaña… bajo supervisión estrecha y con los dedos cruzados Ha recorrido el país de un extremo a otro y es visitante frecuente en los estados más discutidos de cara a las elecciones del 2 de noviembre, como La Florida “Lo más difícil ha sido el cansancio, estoy un poco fatigada Al mismo tiempo, me alegra haber conocido tanta gente buena que sufre los mismos problemas en materia de educación, salud, financiamiento para pequeños negocios Este gobierno no ha invertido nada en su propia gente”, comenta en español Teresa maneja cuatro idiomas, además de su portugués natal En la Kansas profunda usa el inglés, en el restaurante La Esquina de Tejas, de Miami, se vale del español; a los italianos les arenga en su lengua y a los haitianos en francés Los gurús de la campaña demócrata la adoran cuando destella superioridad intelectual, naturalidad y compasión, pero se aterran ante sus inesperadas salidas y algunas meteduras de pata La semana anterior, por ejemplo, Teresa tuvo que retractarse públicamente ante Laura Bush por haber dicho que la esposa del presidente, una maestra de escuela y bibliotecaria, “jamás tuvo un trabajo de verdad” Nadie se atreve a admitirlo, pero a lo que más temen los colaboradores del senador demócrata son a las opiniones categóricas de una mujer que a sus 66 años, tres hijos adultos y un patrimonio de mil millones de dólares, va por la vida con ese aire de quien no le debe nada a nadie En esta contienda electoral de ácidos ataques, los republicanos han desempolvado algunas de sus frases más célebres, como cuando en 1976 le espetó a un diario de Boston que el Partido Demócrata era “una máquina podrida” y el senador Ted Kennedy, “un perfecto cabrón” Entonces era Teresa Heinz, la joven esposa de un senador republicano En julio pasado, durante la Convención demócrata que proclamó candidato a su actual marido, Teresa H Kerry y Kennedy debieron animar juntos desde la tribuna a las hordas demócratas llegadas a Massachussets Por esas mismas fechas se enfrentó a un periodista de una publicación conservadora y le soltó en la cara “Shove it” (piérdete) Fue la apertura de todos los noticieros, la comidilla del espectáculo político Los republicanos hicieron escarnio de sus “escasos modales”; los demócratas aplaudieron su “valentía” Ella se defendió diciendo que el reportero había tergiversado con anterioridad sus declaraciones Vengo de una dictadura María Teresa Thierstein Simoes-Ferreira nació en 1938, en Mozambique, en el seno de una acaudalada familia portuguesa encabezada por un prestigioso médico oncólogo Tras la independencia del país africano de Lisboa y la instauración de un gobierno de corte marxista, la familia la pasó mal Teresa acostumbra a decir que viene de una dictadura para llamar la atención sobre los valores de la democracia, a la que muchos estadunidenses consideran un derecho natural “Como muchos en Mozambique, mis padres también tuvieron que escapar y convertirse en refugiados Por entonces mi padre tenía 71 años y mi madre 63 No pudieron quedarse en su país para disfrutar de su retiro, para morir en casa, entre sus amigos”, relata en la entrevista con Apro “Yo también perdí la posibilidad de volver a casa, esa es una herida muy grande”, añade Antes de la independencia, Teresa había sido enviada a estudiar a la Witwatersrand University, de Johannesburgo, y luego continuó preparándose en Ginebra Fueron dos experiencias que marcaron su vida En la Sudáfrica de fines de los años 50 sufrió su primera derrota política cuando el gobierno blanco aprobó la Ley del Apartheid en la Educación Superior, a la que ella y otros estudiantes se oponían Poco después, en Suiza, conoció a su primer esposo, John Heinz III, fundador de la transnacional de alimentos y condimentos Heinz La pareja tuvo tres hijos varones Heinz, quien también fue senador por Pensilvania, murió en un accidente de aviación en 1991 y la dejó al frente de un imperio empresarial que incluía, además, una larga lista de fundaciones enfocadas en la defensa de los derechos humanos, la protección del medio ambiente y los derechos de la mujer De ganar Kerry la presidencia de Estados Unidos, Teresa sería la mujer --y por añadidura, la pareja-- más rica en llegar a la Casa Blanca, según estimaciones del diario Los Angeles Times De Heinz todavía habla como su “marido”, a Kerry le llama “John Kerry” o a lo sumo “Mi John” El candidato demócrata, cinco años menor que ella, empezó a cortejarla durante la Cumbre de la Tierra en 1992 y desde entonces no se han separado Teresa se niega a establecer similitudes o diferencias bajo el argumento de que “a los maridos, como a los hijos, no se les compara, sólo se les ama como son” También soy migrante El pasado 25 de octubre, durante un mitin de campaña en Homestead, al sur de la Florida, Teresa se dirigió a dos centenares de mujeres, en su mayoría mexicanas, y les recordó: “Nuestro país es de inmigrantes, nunca crean a nadie que les diga lo contrario” El equipo de Kerry ha convertido a Teresa --una inmigrante ella misma--, en la portavoz de las promesas demócratas en migración Durante las últimas semanas ha viajado de un lado a otro de la nación con cifras demoledoras sobre “la fracasada política del presidente Bush” hacia los hispanos: el 50 % de los latinos no termina la secundaria, uno de cada tres carece de seguro médico, 13 millones de familias hispanas han sido empujadas a la pobreza en los últimos cuatro años Teresa ha estado transmitiendo también el mensaje de que Estados Unidos necesita una reforma migratoria que tome en cuenta lo mismo el lado humano como las necesidades de seguridad del país “Por sólo citar un ejemplo, hay mucha injusticia con los haitianos que vienen huyendo a esta nación y no se les permite quedarse”, dijo en la entrevista con Apro “Mi esposo cree que es necesario enviar más ayuda internacional a Centroamérica y el Caribe, y ayudar a la región en materia de educación, salud y vivienda para reducir de esa manera el apremio que sienten muchos de sus habitantes por venir aquí”, añadió Sin mencionar la palabra racismo, Teresa ha admitido en el pasado que no todos los inmigrantes fueron recibidos y apreciados de la misma manera en Estados Unidos Se queja de que la percepción sobre los recién llegados varía en dependencia de su origen, y reconoce “ciertas actitudes discriminatorias” que deberían ser eliminadas a través de nuevas leyes Sin embargo, en un tema tan controversial como la migración, ella misma a veces pisa terreno resbaladizo Durante una gira por Miami, poco después de un almuerzo con base en bacalao en salsa y boniatos cubanos en un restaurante que en su momento visitó Ronald Reagan --aunque sin provocar la pasión que despertaba el republicano entre los comensales--, Teresa estableció ciertas diferencias entre los llegados de Cuba y el resto de los inmigrantes latinos “Cuando uno lo pierde todo es un trago muy amargo Me he percatado de ello al hablar con muchos cubanos y latinos Existe una real diferencia entre las personas que pueden volver a su país y quienes no tienen esa opción Los latinoamericanos pueden volver a sus países, los cubanos, no”, dijo Y recordando su pasado de refugiada mozambicana, concluyó: “Los cubanos son como yo”

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