Arafat o la muerte de una época

lunes, 15 de noviembre de 2004 · 01:00
México, D F(apro)- Para bien o para mal, innegablemente Yasser Arafat constituyó el símbolo por antonomasia de la lucha palestina, tanto para su propio pueblo como para el resto del mundo Pero fue más que eso Fue también figura de una época de movimientos de liberación nacional, de la cual ya quedan muy pocos representantes: Saddam Hussein, que está vivo, pero derrocado y preso; Fidel Castro y Muammar Khaddafi, cada vez más aislados e inocuos; y, tal vez, Robert Mugabe, que ha creado su feudo personal en Zimbabwe Fue una época en que confluyeron varios motivos de lucha: la emancipación del viejo colonialismo europeo que se negaba a morir; la resistencia ante un nuevo imperialismo emanado de la Segunda Guerra Mundial; la búsqueda del socialismo, inspirado en las revoluciones china y rusa; y el nacimiento de un Panarabismo, ante el descubrimiento de unas necesidades y una identidad comunes De todas participó la causa palestina y, con ella, Yasser Arafat Porque si bien Arafat se estrenó como figura pública hace 40 años (1964), con la creación de la Organización para la Liberación de Palestina, para llegar a este punto, él y su gente ya llevaban años de estar organizados --concretamente en el movimiento Al Fatah-- y activos en la clandestinidad De hecho, la OLP dio cuerpo a una resistencia que se forjó desde la imposición del Estado de Israel, por parte de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial En realidad, el conflicto que en esa región se vive hasta hoy, es todavía una herencia del mandato británico sobre Palestina, asumido en 1922, que abrió las puertas a la inmigración de los judíos europeos, que reivindicaban la creación de un Estado propio en la tierra de sus ancestros, lo que lograron en 1948 En este sentido, la primera resistencia palestina fue contra la dominación colonial del Reino Unido A partir de los cincuenta, sobrevino, por lo demás, el gran movimiento de descolonización en África y gran parte del mundo árabe Y, aunque en esa época Arafat era todavía muy joven y vivía en Egipto, fue el clima en que forjó su militancia, y que después habría de llevarlo, inclusive, a tomar las armas Independizados los países, se vieron empero enfrentados a una nueva dominación bipolar, encabezada por Estados Unidos y la Unión Soviética Emanados de movimientos armados de liberación nacional, la mayoría de los nuevos gobiernos se alineó con Moscú, y lo propio ocurrió con la resistencia palestina aglutinada en la OLP, particularmente ante la evidencia del apoyo incondicional que Washington brindó desde su nacimiento al Estado de Israel, el enemigo a vencer La tendencia natural de todos estos regímenes fue hacia el campo socialista y se instituyeron gobiernos clásicos de partido único, estructura vertical, ideología dominante y propiedad estatal Sin un territorio que administrar, y como organización político-militar, la OLP se mantuvo como movimiento de liberación nacional, pero con las mismas estructuras y lineamientos de otras naciones de reciente emancipación Si desde un principio la creación de Israel fue tomada como una afrenta conjunta al mundo árabe, al grado de desatarse inmediatamente la guerra contra el Estado intruso, las iniciativas panárabes lanzadas en los sesenta por el gobierno egipcio de Gamal Abdel Nasser vinieron a exacerbar estos sentimientos y la causa palestina se convirtió en la bandera ad hoc del nacionalismo árabe, no siempre para bien de los palestinos Porque si bien el avance de la lucha palestina no podría explicarse sin el apoyo de las otras naciones árabes y de la propia Unión Soviética, cada gobierno optó por apoyar a los grupos de su preferencia dentro de la OLP, no precisamente con intereses y acciones acordes, al grado de provocar abiertos enfrentamientos Egipto, Jordania, Libia, Siria y varios más jalaron los hilos cada uno a su conveniencia, en tiempo y modo, sin que la cúpula palestina pudiera lograr una estrategia común Fueron, en todo caso, los años de los atentados en barcos y aviones, puertos y aeropuertos, y la connotada matanza de deportistas israelíes en las Olimpiadas de Munich, 1972, que dieron proyección mundial a los famosos fedayines y, aunque a la mala, a la situación del pueblo palestino, empantanada y reducida por Naciones Unidas a “un problema de refugiados” Aunque en los setenta había hasta 12 grupos en la OLP y los atentados eran realizados por cualquiera de ellos, y no necesariamente en forma coordinada desde la cúpula, sino por sus respectivos dirigentes, la atención mundial recayó preponderantemente sobre Al-Fatah y Yasser Arafat, elegido como presidente de la organización en 1969, y quien a partir de entonces nunca pudo quitarse el estigma de “terrorista”, pese a que más tarde habría de renunciar explícitamente a esta forma de lucha Con esta pesada carga a cuestas, Arafat logró, sin embargo, abrir a las reivindicaciones palestinas un espacio internacional En 1973, la Cumbre Árabe de Argel reconoció a la OLP como la única representante del pueblo palestino Y, un año después, se presentó ante la Asamblea General de la ONU, donde pronunció un elocuente discurso; y, en un gesto que hoy todos los medios recuerdan, ofreció la alternativa entre una rama de olivo y una pistola No limitó empero sus palabras a la defensa de su pueblo, sino, acorde con los tiempos, delineó con claridad en qué trinchera se ubicaba: “Palestina representa algo crucial para las causas justas por las que luchan valientemente las masas que sufren bajo el imperialismo y la agresión No puede ser que si se me han brindado la posibilidad de hablar ante ustedes, no se les dé la misma a todos los movimientos de liberación que luchan contra el racismo y el imperialismo”, sentenció Permanentemente en el exilio y a salto de mata, para huir de los servicios de inteligencia israelíes, que sin tregua trataban de capturarlos o eliminarlos, Arafat y/o sus representantes estaban, sin embargo, siempre presentes en todas las reuniones donde confluía la “subversión internacional” En ese entonces, desde los sandinistas hasta los saharauíes, pasando por las guerrillas izquierdistas de América Latina, Asia, África y Oceanía Habrían de venir, empero, tiempos más moderados A fines de 1988, reunido en Argel, el Consejo Nacional Palestino proclamó un Estado palestino independiente en los territorios ocupados por Israel en 1967, reivindicó a Jerusalén como su capital y eligió a Arafat como su primer presidente En unos cuantos días, 54 países le dieron su reconocimiento a esta nueva entidad En su calidad de jefe de Estado, el líder palestino volvió a presentarse ante la Asamblea General de la ONU, pero esta vez su discurso dio un giro de 180 grados: repudió el terrorismo, reconoció la existencia de Israel y solicitó el envío de fuerzas internacionales a los territorios ocupados, donde para esas fechas se desarrollaba la primera Intifada Niños palestinos enfrentándose con piedras a los tanques israelíes, dieron la impresión al mundo de que efectivamente se había renunciado a la violencia armada El momento cumbre de Arafat llegaría cuando en 1993 firmó los acuerdos de Oslo con Israel, que darían paso a un gobierno autónomo palestino en los territorios de Cisjordania y Gaza, y a la creación de la Autoridad Nacional Palestina Un año después, el antiguo fedayín, junto con los dirigentes israelíes Yitzak Rabin y Shimon Peres, recibió el Premio Nobel de la Paz Fue como un parteaguas en su lucha y en su vida, porque justo al llegar a ese punto empezó de nuevo el declive No sólo quedó como traidor y oportunista para los sectores más radicales de la resistencia palestina, sino que las condiciones objetivas no permitieron que se avanzara más en la consolidación de un Estado palestino independiente Yitzak Rabin fue asesinado en Israel por un judío ultraortodoxo, dando paso a un gobierno de derecha; y, en el ámbito internacional, el derrumbe de la Unión Soviética desdibujó el mapa de alianzas de la izquierda tradicional Arafat, por lo demás, dejó ir una última oportunidad cuando rechazó en Campo David, durante la presidencia de Bill Clinton, los acuerdos de paz con el relativamente moderado premier israelí Ehud Barak El afán de que se cumplieran todas las reivindicaciones, algunas imposibles para su contraparte, como la cesión de Jerusalén para ser capital palestina y el retorno de todos los refugiados, hizo que al final no se alcanzara ninguna Pero el verdadero derrumbe estaría todavía por llegar No sólo George W Bush llegaría a la presidencia de Estados Unidos y Ariel Sharon, su jurado enemigo que siempre lamentó no haberlo eliminado durante la invasión del Líbano en 1982, a la primera magistratura de Israel, cerrando toda posibilidad a un proceso de paz razonable, sino que los atentados del 2001 lo reubicarían en la categoría de terrorista de la que tanto esfuerzo le tomó salir Con un nuevo levantamiento popular en curso en los territorios ocupados, que esta vez, ante la cerrazón de los espacios de negociación, no se limitó al lanzamiento de piedras, sino recurrió a la terrible fórmula de los atentados suicidas, Sharon no vaciló en acusar a Arafat de ser parte del “terrorismo internacional” Aparte, el líder palestino, quien siempre recibió un apoyo incondicional de Saddam Hussein, no sólo estuvo de su lado durante la primera Guerra del Golfo, sino que volvió a hacerlo ante la ocupación estadunidense actual, colocándose definitivamente otra vez del lado de los “malos” Aunque hay consenso en que Arafat no fue el instigador de la cadena de atentados que sacude al Medio Oriente, todo indica que no pudo o no quiso frenarla Reconocido como la figura máxima de la resistencia palestina, no supo, sin embargo, conciliar posiciones, y hoy hay en ella casi tantos grupos y tan radicales como cuando se creó la OLP Reprimirlos o enfrentarlos entre sí no parecía la mejor opción para mantener una unidad, por lo menos aparente Forjado en la tradición autoritaria de una época, rodeado de conspiraciones e intrigas, el Rais creó además una estructura de poder vertical, en la que sólo dio cabida a sus incondicionales y allegados, sin preparar una sucesión pactada y aceptada por todos No pocas, en este sentido, son las acusaciones de que utilizó la corrupción y la permisividad para asegurarse lealtades Recluido al final en la Mukata de Ramalah por el gobierno israelí; sin la red internacional de apoyos que lo sustentaba en su lucha; con una militancia fracturada o en rebeldía, en los últimos años Arafat quedó reducido a un mero símbolo Ese símbolo ha muerto ahora, por lo menos físicamente, llevándose consigo 40 años de historia y de lucha Lo más trágico, es que en todo este tiempo no logró su objetivo de construir un Estado palestino independiente y que, en el horizonte, tampoco se ve quién pueda lograrlo No, por lo menos, como en su época lo deseó él

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