Estados Unidos: Un paso más a la derecha

lunes, 15 de noviembre de 2004
México, D F(apro)- Alguien dijo, con razón, que mientras la izquierda requiere utopías, la derecha necesita enemigos Si hay quién encarne hoy a la derecha y tiene ya enemigos es sin duda George W Bush Pero no son suficientes: él anda buscando otros, que podrían interesarle o preocuparle más Por lo pronto, además de Afganistán e Irak, aguarda una larga lista en casi todo el mundo que --pasando por Irán, Corea del Norte y Cuba--, tal vez culminaría con China Aunque esta nación todavía no forma parte del “eje del mal”, no tendría por qué no estar allí Su tamaño, su ímpetu, su fuerza --desde luego todavía muy inferior a la de Estados Unidos, pero mayor que la de sus vecinos— la hacen un candidato ideal Henry Kissinger ha escrito que en “nuestra época el surgimiento de China como un potencial superpoder tiene un significado histórico aún más grande que el que tuvo Alemania hace cien años en Europa, ya que está haciendo girar el centro de gravedad de los asuntos mundiales del Atlántico al Pacífico” El problema no es tanto saber quién se anima o se arriesga a ponerse los guantes con Bush, sino quién de los elegidos es capaz de evitar el pleito al que se le convoca, y con ello el desastre Parecerían ociosas estas reflexiones si no fuera porque tienen que ver con los objetivos y las estrategias reales de la derecha estadunidense Llevan años haciendo músculo y mostrándolo Ahora tienen que ponerlo en práctica De hecho no han dejado de hacerlo La última justificación para escoger al enemigo, por si hiciera falta, es que se trata de castigar o anular la cobertura que los rogue states (Estados delincuentes) hacen para proteger a los terroristas Después viene, como se sabe, una terapia electoral y una dosis intensiva de “inicio a la democracia” ¿Sobre qué bases cabría determinar la responsabilidad o la culpabilidad de los “promotores del mal” y de los “promotores de la democracia”? Eso es algo que debiera determinarse en los organismos internacionales y no en la Oficina Oval de la Casa Blanca Y sin embargo, ya sabemos lo que ha pasado Se inventan mentiras sin ningún recato y se pasa a la acción, al uso de la fuerza sin esperar siquiera una resolución del Consejo de Seguridad, porque ello significaría atarse las manos, someterse de alguna manera al derecho internacional ¿Y quién está haciendo todo esto? ¿Kadafi, Kim Il Sung, algún ayatolah? No Quien lo hace ahora con “arrogancia, indiferencia y menosprecio” por el orden internacional --como ha escrito Harold Pinter-- es Estados Unidos, el “auténtico rogue state de nuestros días, con su colosal poderío económico y militar” El poder “más peligroso que el mundo haya conocido” nos confronta hoy con los mayores riesgos de crisis sociales, políticas y económicas del mundo contemporáneo: nuevas conflagraciones bélicas y genocidios están a la vista Disminuirlos o evitarlos no será fácil, porque responden a un proyecto global El pueblo estadunidense “ya ha hablado”, dijo Bush, dando a entender que en una sociedad dividida la mayoría mínima avala su proyecto político y le ha dado legitimidad ¿Es así en verdad? Lo que realmente contó en un proceso electoral fundamentalmente anacrónico y carente de transparencia es el “gran dinero” y los “grandes medios” Lo demás son cacahuates El tono de las campañas en Estados Unidos llegó a extremos tales que el vicepresidente Dick Cheney dijo tranquilamente: “Si Kerry es electo, los terroristas harán explotar bombas nucleares en las ciudades” Otra muestra son las expresiones de un alto consejero de la Casa Blanca recogidas por el periodista Ron Suskind, que tienen al menos la virtud de la franqueza: “Las soluciones no surgen ya de un estudio juicioso de la realidad discernible Eso ya no sirve Ahora somos un imperio y, cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad Nosotros somos el actor de la historia y ustedes, todos ustedes, se quedarán atrás estudiando lo que nosotros hacemos” La justificación de todo esto se resume en la frase de batalla que Bush repite una y otra vez: “La libertad está en marcha” El hecho es que el desarrollo final y el resultado de las elecciones en Estados Unidos estuvo determinado de manera preponderante –al igual que en Europa— por el “voto del miedo” o, si se prefiere, por el “fantasma del terror” Allá avanzaron, a pesar de todo, las fuerzas antibelicistas; en Estados Unidos, donde la opinión publica y la sociedad en su conjunto se han vuelto más conservadoras, ocurrió lo contrario Se dio un gran paso hacia la derecha Dejando a un lado por ahora el tema de una sociedad dividida en dos partes iguales y dos partidos ideológicamente convertidos en uno, preguntémonos si un gobierno “democráticamente” electo garantiza el ejercicio de un gobierno democrático y, si en una elección como la que hemos visto en Estados Unidos, pudo o no cometerse un fraude electoral ¿Quién vio y quién sabe cómo se contaron los votos? ¿Quién verifica y quién puede asegurar --excepto tal vez los expertos en computación— que la concentración y la contabilización de los votos emitidos se hizo con estricta objetividad y confiabilidad? Por lo pronto la transparencia no está allí Nadie ha abierto una máquina ni tampoco una central de máquinas para saber cómo se procesaron y contaron los votos Una agencia calificada e independiente podría hacer pruebas selectivas y entregar un dictamen Pero, que sepamos, aparte de Global Exchange –en su “Informe preelectoral”-- nadie lo ha pedido ni lo ha sugerido ¿Es tarde ya? ¿Por qué habría de serlo? Cuando un grupo de 20 observadores ciudadanos internacionales tuvimos en Washington (septiembre de 2004) una reunión con los expertos en nuevas tecnologías electorales, hicimos una pregunta directa: ¿Pueden hacerse con esas tecnologías grandes fraudes masivos en un proceso electoral? La respuesta fue igualmente inequívoca y directa: “Sí, sí se puede” Recordamos y comentamos allí lo que paso en México en 1988, cuando al comenzar a recibirse un alud de votos adversos al partido dominante se “cayó el sistema” y se entregaron luego unos resultados totalmente inesperados, dando paso a la presidencia ilegal e ilegitima de Carlos Salinas de Gortari Nadie pudo verificar entonces las dimensiones del enorme fraude electoral porque, después de un primer intento fallido, los golpistas lograron quemar todas las boletas electorales En México hubo al menos evidencias documentales, pero en Estados Unidos una buena cantidad de votos se recogieron en las touching screen machines, que no dejan registro ni documento alguno En Florida, por ejemplo, 50% de los votos se hizo de esa manera, sólo tocando las pantallas de las computadoras ¿Qué pasó dentro de esas máquinas y en la comunicación entre ellas, en las centrales de cómputo? Que sepamos, nadie lo ha visto ni ha tenido manera de saberlo Después de una década de investigación, entre otros expertos Rebecca Mercuri ha manifestado su “total desconfianza y oposición al uso de sistemas completamente basados en sistemas electrónicos o de Internet para su utilización en votaciones anónimas y su aplicación para contabilizar votos” Entre sus principales conclusiones, hay una contundente: los “sistemas totalmente electrónicos no proveen forma alguna con la que el votante pueda en realidad verificar que el voto emitido corresponde al que fue registrado, transmitido o tabulado Cualquier programador puede escribir un código que presente en la pantalla una cosa, registre otra e imprima todavía un resultado distinto No hay hasta ahora manera alguna de saber que esto pueda no estar pasando al interior de un sistema de votación” Por su parte, el profesor de Stanford, David Dill, ha expresado su preocupación sobre la “posibilidad de programación de errores, el uso de equipos que funcionen mal y la manipulación tramposa de los mismos” Cuando visitamos, también en Washington, una corporación que produce y vende este tipo de máquinas, vino a nuestra mente el catálogo de trampas que todavía son parte de nuestra cultura política Y pensamos que para hacer trampas, con las manos o con las máquinas, no hacen falta más que unos cuantos tramposos bien calificados, unos cuantos “mapaches” Con pocos votos, en lugares predeterminados, puede hacerse la diferencia En México, donde hay “personal calificado”, eso sigue ocurriendo ¿Podemos pensar que la “clase política” de Estados Unidos sea sustancialmente distinta a la nuestra? ¿Podrían haber actuado, otra vez como en las elecciones del 2000, algunos “mapaches” en Florida o en Ohio? Por supuesto que sí, aun cuando sea remota la posibilidad de llegar a comprobarlo, sobre todo por no existir una supervisión eficaz de las distintas etapas de los procesos electorales al nivel de los condados y de los estados, ni tampoco unas autoridades no partidistas y universalmente aceptadas _________ *Oscar González es coordinador general de Difusión Cultural y Extensión Universitaria de la Universidad de la Ciudad de México Participó como observador internacional en las recientes elecciones de Estados Unidos

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