Noche de muertos en Michoacán (Primera de dos partes)

martes, 2 de noviembre de 2004 · 01:00
* Ritual pagano-cristiano en la zona lacustre Pátzcuaro, Mich , 1 de noviembre (apro)- Rogelio Cortez, artesano de esta zona, dice: la noche de muertos, “la imagen mil veces repetida, cada 1 de noviembre por la noche Tradición que vuela en las alas, no del tiempo sino de la globalización” Negocio para televisoras, vendedores de fritangas, pero más que todo de chínguere, dice soltando una ritmada que le deja ver una dentadura a la que le faltan todos los dientes delanteros Aún así es una tradición bonita, que evoca recuerdos idos; recuerdos de la niñez; época en que estos días y cualquiera de fiesta se ve de otra óptica Octubre y noviembre son días de muchas flores en los campos indígenas de la zona lacustre y meseta purépecha Los grupos de purépechas están considerados como uno de los más antiguos de la región y, desde su aparición en las feraces tierras de Michoacán, aman, cultivan y utilizan las flores en las diversas actividades de su vida cívica y religiosa Dentro de las ceremonias y rituales religiosos utilizaron la flor tiringuini tzintziqui (cempasúchil) para reverenciar a los difuntos, y la tzitziqui itzimakua (orquídeas), para sus dioses, cuyos altares adoraban profusamente, costumbre adoptada por el cristianismo por su sentido poético Cultivaron también la charanecua (dalia), que viajó por todo el viejo mundo y ahora es la flor simbólica de México Las flores son inspiración y gozo que se canta en las pirekuas como Tzitziki Canela (Flor de canela), Tzitziki Changunga (Flor de changunga), son cantos en los que se compara a la mujer con las flores por su delicadeza, finura y exquisitez Pátzcuaro La ciudad de Mechoacán-Pátzcuaro fue fundada como ciudad colonial por Vasco de Quiroga, en el siglo XVI, en el mismo lugar en que el rey Tariácuri había establecido su capital en los lejanos días de la gentilidad, según los historiadores La primera impresión que deja Pátzcuaro al visitante es imborrable y puede decirse, sin exagerar, que resulta por su topografía, ecología, desarrollo urbano y encantador entorno, una población incomparable En toda la ciudad, de definido cuño hispánico, se percibe la inteligencia y la mano del primer obispo de Michoacán El fundó aquí su hospital, su primera catedral y el famoso Colegio de San Nicolás Obispo (germen de la Universidad Michoacana) Vasco de Quiroga también inició la construcción de un portentoso proyecto que no llegó a realizarse y del que solamente quedó la espaciosa nave central, que vino, con el tiempo, a convertirse en la Basílica de Nuestra Señora de la Salud Pátzcuaro posee mil y un atractivos, tiene una monumentalidad poco común, en donde la rusticidad de elementos constructivos se combina con un gusto exquisito por los espacios y singular señorío Aquí la Noche de Muertos tiene una significación más cristiana que pagana, y la población se prepara para rendir culto a sus fieles difuntos, o en los amplios atrios de alguno de los templos se presentan conciertos con la música adecuada para la ocasión Tzintzuntzan Esta población fue la capital del reino tarasco y, más tarde, después de la Conquista, la primera ciudad de Mechoacán, antes que se trasladara a Pátzcuaro ya en los días de Vasco de Quiroga Desde este lugar los franciscanos iniciaron su conquista espiritual para catequizar a la población tarasca Por lo mismo Tzintzuntzan posee importantes vestigios prehispánicos a la vez que construcciones de tipo español El centro ceremonial prehispánico está emplazado sobre una plataforma artificial excavada en las faldas de un cerro que mira al lago En ella existen varios grupos de edificaciones, destacándose las cinco yácatas, que eran los templos o cués de los antiguos moradores Abajo, al poniente de la moderna carretera, quedan las edificaciones franciscanas del siglo XVI y otras construcciones religiosas católicas de los siglos XVII y XVIII, precedidas por un gran atrio en el que se encuentran los viejos olivos, que debieron ser plantados por los propios franciscanos Al abrigo de las yácatas y los olivos, la gente se prepara para la celebración de la ceremonia de la Noche de Muertos En los primeros minutos del inicio del día 2, en el panteón, separado de la zona conventual por la carretera Pátzcuaro-Quiroga, se empiezan a encender los cirios y velas sobre las tumbas, en las que, previamente aseadas, se van colocando con delicadeza las ofrendas florales y de alimentos También, acompañando a esas tradicionales ofrendas, se ponen diferentes piezas de los mejores productos artesanales de la región: loza negra y vidriada, loza blanca, ángeles de paja, frutas y madera tallada en Zirahuén Aquí, como en los demás lugares de esta zona lacustre, son las mujeres las que se encargan de cumplir con esta piadosa costumbre; los hombres, que han ayudado en los preparativos, se contentan con ver desde lejos el ritual encomendado a ellas, como un vestigio de la antigua organización matriarcal de este pueblo Desde el antiguo recinto franciscano, ocupado ahora por el clero secular, el golpe de una campana da el toque de difuntos En Tzintzuntzan, como en las otras poblaciones de fuerte raigambre indígena, la celebración de Animecha Kejtzitakua muestra ese complejo fenómeno religioso, en el que perfectamente mezcladas, sin visibles soluciones de continuidad, las tradiciones prehispánicas coexisten con el culto a los muertos traídos a estas tierras por los evangelizadores franciscanos y agustinos Janitzio La más famosa y pintoresca de las islas del lago, se apresta al empezar la noche del día primero de noviembre para celebrar la Animecha Kejtzitakua Por sus sinuosas callecillas se abren portales sostenidos por viejos troncos de madera traídos de la tierra firme, y aparecen a la vista balcones y discretas ventanas Aproximadamente a la mitad de su ascenso se encuentra su pintoresco templo y, hacia su ábside, se localiza el cementerio, que será el escenario impresionante y cálido en el que, esa noche del primero de noviembre y el amanecer del 2, comulgarán vivos y muertos Muy cerca de la medianoche, antes de terminar el día de Todos Santos, las mujeres y los niños de la isla, como fantasmagóricas figuras, van llegando silenciosos al panteón para buscar las tumbas de sus deudos, en las que, con meticulosidad, van colocando las ofrendas florales y, sobre la urdimbre del petate, pondrán la otra parte de la ofrenda: alimentos que tanto deleite causaron en vida al difunto Las velas van encendiéndose, y de pronto el camposanto iluminado parecerá un ascua de luces misteriosas Los hombres, desde las afueras del cementerio, contemplarán absortos lo que ocurre dentro del panteón Entonces, el lago se convierte en el espejo de la impactante ceremonia Una campana colgante del arco que da acceso al camposanto, discreta y tristemente, tañerá toda la noche invocando a los muertos El cementerio se inunda con eco de los cantos en tarasco, llenos de suaves cadencias que imploran el descanso para las almas de los ausentes y la felicidad para aquellos que aún quedan en la tierra Para los habitantes de Janitzio, participar en este tradicional ritual es un deber sagrado para con los muertos, que honra a quienes lo practican

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