Bush, triunfo del fundamentalismo

jueves, 4 de noviembre de 2004
México, DF, 3 de noviembre (apro) - A las cero horas del martes 2 de noviembre el presidente George W Bush se apuntaba como ganador de las elecciones estadunidenses Las tendencias se confirmaron, gobernará en un segundo mandato el país más poderoso del orbe Contra lo esperado por analistas, la asistencia masiva de electores no benefició al candidato del Partido Demócrata, John Kerry Por el contrario, otorgó al presidente Bush la base de legitimidad de la que careció durante su primer periodo, cuando perdió el voto popular y su triunfo se debió a una decisión de la Suprema Corte de Justicia Arropado con un margen de legitimidad suficientemente amplio, y apoyado por un Congreso dominado por los republicanos, Bush tendrá manga ancha para llevar a cabo el proyecto político del grupo conservador que lo rodea Por el momento, nada parece haber que pueda detenerlo Con base en ese apoyo interno, su visión de política exterior podrá ser aplicada sin mayor contratiempo Ello a pesar de que, en vísperas de las elecciones, el mundo votó en su contra y exhibió el aislamiento internacional que su política exterior produjo Bush, sin embargo, es reflejo de la parte mayoritaria de la sociedad que lo llevó a un segundo mandato Esa franja enorme que, al parecer, cruza todos los estratos sociales de ese país Se trata de sectores sociales que –en aras de la lucha contra el terrorismo— prefieren la seguridad al costo de las garantías individuales; que prefiere a un presidente “fuerte”, convencido de sus acciones al punto del fundamentalismo, que la racionalidad compleja y lejana de un candidato que vislumbra equilibrios internos e internacionales; una franja social tan ciegamente provinciana, pero tan globalmente perversa, que bajo el eslogan de “primero América” aboga por mantener las políticas unilaterales A esa parte de la sociedad poco pareció importarle lo que en otros tiempos hubiera provocado la debacle de un presidente en funciones: las mentiras para justificar la invasión militar a Irak, los soldados estadunidenses muertos y heridos en dicha guerra; la restricción de las libertades individuales en su propio país, el aumento de la tasa de desempleo y el déficit presupuestal a índices históricos A pesar de su triunfo, Bush y su equipo no debieran desconocer que estas elecciones reflejaron también a una sociedad estadunidense polarizada Y que un sector casi tan amplio como el que lo apoyó se opone a sus políticas Desdeñar o marginar a esa parte de la sociedad no sólo es antidemocrático, sino peligroso Cuando el margen de triunfo no es arrollador –y no lo fue en estos comicios—, cualquier candidato triunfador en cualquier país llama a la concordia; promete gobernar para todos, sin distingos partidarios Como quiera que sea, Estados Unidos requiere de fuertes instituciones que canalicen y resuelvan sus disensos Si la frustración y el enojo por la derrota entre dirigentes de un partido y entre sus bases populares no encuentran esos canales, la credibilidad institucional quedará erosionada Más aún: a mediano plazo se corren dos riesgos: por un lado, el regreso a la apatía de los ciudadanos estadunidenses para participar en algo que no debe serles ajeno: la elección de sus futuras autoridades y la vigilancia en el ejercicio del poder Por otro, si la vía electoral se cierra como opción en un importante sector social estadunidense, puede buscar otras vías para reclamar sus derechos, y éstos no necesariamente pueden ser pacíficos La polarización no resuelta por vía institucional provoca resentimientos sociales y políticos que pueden germinan con lentitud hacia el enfrentamiento La prudencia, además, puede beneficiar a Bush: Estados Unidos celebrará en noviembre del 2006 elecciones federales legislativas En los hechos, será una especie de referéndum a los dos años de su segundo mandato La falta de moderación en su política interna y externa le puede costar el control de la Cámara de Representantes y del Senado

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