Burrada

lunes, 13 de diciembre de 2004
México, D F, 13 de diciembre (apro)- Absurdos, por paradójicos, humanos: lamentable, pero cierto, que tengan la razón al achacar el origen de tantos de sus problemas e incluso tragedias, individuales y colectivas, a que “cada vez más menos se respetan las cosas” En eso coincidimos varios de mis semejantes y una servidora en reunión pasada, en la que, por otro lado, consideramos que con esa frase no llegan al fondo del asunto, pues si es verdad que cada vez más, nada respetan, se debe a que, día con día, tienen menos cosas dignas de su respeto… a causa de su actuar; actuar que si se explica en sí mismo, no justifica que lo tomen como coartada para “más de lo mismo”, es decir, para que en lo personal y en grupo campen por sus respetos, o sea, a su antojo, a obrar sin miramiento o la consideración debida a otros y, en ocasiones, ni a ustedes mismos Aclararles este nuestro leal ver y entender sus acciones, es el motivo de la presente a este buzón Reflexionen Al contrario de los animales, que vivimos inmersos y dependientes de la naturaleza, ustedes, como seres racionales, se han valido de esa alta facultad para crear valores (así los llaman) e instituciones que los representan, amparan y los hacen valer, lo cual les ha servido y les sirve para normar sus vidas e irse independizando de la naturaleza, dominarla e irla poniendo a su servicio ¡Qué maravilla! ¡Mas, ay dolor! Ha debido y debe ser para ustedes desolador y crispante comprobar, por lo que gusten y manden, que si paulatinamente han ido liberándose de las leyes de la naturaleza, indiferente y despiadada en ocasiones, ha sido para caer en las no menos rígidas y por veces también crueles por impasibles, de esos sus valores e instituciones creados por ustedes mismos ¡Lástima! Más dejémonos de divagaciones y vayamos a lo esencial Para mis compañeros y una servidora y salvo su mejor opinión, claro, hay dos pulsiones fundamentales en las relaciones humanas: respeto y miedo El respeto mueve la parte positiva, integradora de su ser, pues él genera los sentimientos e incluso pasiones de esos sus valores de comprensión, consideración, tolerancia, cooperación y otros parecidos que, en conjunto, alimentan y desarrollan el ideal que, como humanos, tienen de ustedes mismos El miedo, esa angustia por el mal que sufren o pueden sufrir su persona e intereses, engendra, por el contrario, sentires como el desencanto, desconfianza, frustración o envidia, que a su vez desatan pensamientos y haceres de resentimiento, repudio, odio y hasta de destrucción y muerte contra otros, en fin, toda una gama de pulsiones que corroen y pervierten su ideal humano Respeto y miedo, en tortuoso concubinato en lo profundo de su ser, hombres, viven en un constante estira y afloja (que en esencia es un estira y afloja entre lo colectivo y lo individual), al que las circunstancias por momentos equilibra y en otros hace subir o bajar a uno u otro Ante esto, una pregunta: las circunstancias que viven, las de la globalización, que según dicen llegó para quedarse, ¿a quién creen que favorece? Para nosotros no hay duda Pensamos que su insistente retórica sobre la libertad y la privatización de todo lo habido y por haber, su fomento del consumo a ultranza, encomio de la competencia, exaltación de la oportunidad y su apología del éxito, privilegia e incluso justifica la filosofía que encierra el refrán “el que tiene más saliva, traga más pinole”, tan mexicano, y que los hechos confirman en el plano internacional, nacional y regional, lo que propicia el imperio del miedo y hace bueno su dicho “cada vez más, menos se respetan las cosas” ¡Aguas! Mucho ojo, pues, como asenté más arriba, si la progresiva pérdida de respeto les lleve, en lo personal o en grupo, a campar por sus respetos, esto es, a su antojo, a obrar sin el miramiento debido a otros, pueden caer en el nihilismo… y con ello propiciar el autoritarismo He ahí su dilema, hombres Bueno, estas son las conclusiones a que llegamos mis compañeros y una servidora Tenemos en cuenta que con la autoridad que les asiste como racionales, bien pueden determinar que la presente es una burrada en los dos sentidos de la palabra: el de manada de burros y el ser una solemne necedad De acuerdo, puede que tengan razón, pero recuerden y tengan en cuenta que uno de los nuestros fue capaz de tocar la flauta, aunque fuera por casualidad; que a una servidora en especial, le fue concedida más visión que al distinguido personaje que me cabalgaba En nombre y con todo el respeto que les debe nuestra especie LA BURRA DE BALAAM

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