Tláhuac, del reality de la barbarie al talk show político

martes, 28 de diciembre de 2004
México, D F, 27 de diciembre (apro)- El martes 23 de noviembre, a las 19 horas, el reportero Eduardo Meléndez, de Monitor transmitió el primer reporte radiofónico de lo que horas después se convertiría en un escabroso expediente de la barbarie transmitida en vivo y en directo: “Difícil situación se encuentra en el perímetro de la colonia Jaime Torres Bodet Los habitantes de esta zona de Tláhuac tienen a tres personas retenidas, a las que han golpeado fuertemente, debido a que, aparentemente, estaban tomando fotografías a los niños y filmándolos frente a una escuela” Cuatro horas después el linchamiento y homicidio tumultuario de dos agentes de la Policía Federal Preventiva se convirtió en el documento mediático más trágico de este año de videoescándalos políticos, de constantes referencias a los “usos y abusos” de la pantalla, de crispación llevada a sus extremos por los actores políticos devenidos en integrantes de un ring virtual irrefrenable La diferencia esencial en el caso de Tláhuac es que no se trató, originalmente, de un escándalo televisivo producido y preparado con antelación, sino de un documento periodístico, transmitido en tiempo real, que exhibió con toda su crudeza la incapacidad de las autoridades policiales y la enorme capacidad de odio y violencia masificada, sin que la cámara televisiva o el micrófono inhibieran la convicción vindicativa de un grupo de pobladores de San Juan Ixtayopan Muy pronto la respuesta de los distintos niveles de gobierno involucrados en los sucesos –el delegacional, el capitalino y el federal-, así como el seguimiento informativo de los medios ha confirmado el peor escenario frente a un suceso trágico Los sucesos de Tláhuac han pretendido reducirse a un escándalo más de los que mantuvieron el rating político este año Se ha frenado una reflexión más profunda sobre las implicaciones de lo sucedido para orientar la información, primero, a encontrar un responsable policial, después a criminalizar a los propios policías asesinados, especular sobre la presencia del EPR y su capacidad instigadora Finalmente, estamos empantanados en una nueva batalla político-judicial entre el gobierno de Vicente Fox y el de Andrés Manuel López Obrador “Estamos en la antesala de una persecución judicial”, ha dicho el procurador capitalino Bernardo Bátiz, en vísperas de que el segundo mando policial del Distrito Federal, Gabriel Regino, y el excomisionado de la PFP, José Luis Figueroa, se conviertan en indiciados de la Procuraduría General de la República La crispación ha sido alentada tras el cese fulminante y grosero de Marcelo Ebrard, extitular de la SPP, y la ausencia de un balance justo de responsabilidades que involucre también al responsable federal de la Seguridad Pública, Ramón Martín Huerta El tratamiento mediático ha reducido, una vez más, un caso de amplias repercusiones en un talk show vergonzoso El punto culminante fue la serie de recriminaciones mutuas entre Gabriel Regino y José Luis Figueroa en el noticiario estelar de Canal 2, con Joaquín López Dóriga como réferi o, en su defecto, como un símil de Cristina Saralegui Lo menos que importa en esta medición de fuerzas burocráticas es el sentido de la emergencia que detonaron los hechos de Tláhuac El ansia de escándalo y la pugna perpetua entre Fox y López Obrador opacan toda posibilidad de discusión y análisis más amplios Las preguntas abiertas se han quedado sin respuestas: ¿Por qué se ha anidado este odio socialmente encubierto en amplias franjas de la sociedad mexicana? ¿Cuál es el papel ético de los medios masivos, ya no sólo de las autoridades frente a acontecimientos como los linchamientos en vivo? ¿Cómo enfrentar la capacidad instigadora de grupos que operan en la ilegalidad (llámese narcomenudeo, guerrilla u organizaciones subversivas)? ¿Se justifican los excesos policiales a posteriori, como los sucedidos en Tláhuac? ¿Realmente se enfrenta esta ola de linchamientos y de intolerancia con la renuncia de altos mandos policiales sin que se acompañen de medidas de prevención y de combate a la cultura de la justicia vindicativa que no respeta la vida? Estas son tan sólo algunas de las líneas que los sucesos de Tláhuac nos dejan como pendientes

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