Drogas: Lo que hay detrás (Segunda y última parte)

viernes, 31 de diciembre de 2004
México, D F, 31 de diciembre(apro)- Con el paso del tiempo y el uso cada vez más frecuente de las drogas en el mundo, es necesario transformar leyes y normas para regular su consumo y venta En las sociedades europeas, estos cambios surgieron hace un par de décadas, logrando así mediar los intereses entre la sociedad y el interés por disminuir los riesgos en la salud de los consumidores Sin embargo, en México los intereses son muy distintos Se trata de una discusión en donde casi cualquiera se siente con autoridad y conocimientos de causa para emitir opiniones Su importancia ha rebasado el plano de aquellos profesionistas verdaderamente preocupados por la salud social y los legisladores, pasando de las voces directamente interesadas a la intervención de juicios entre estratos muchas veces ajenos al problema y la posible solución Las mafias y corruptelas entre gobierno y narcotráfico han generado desviaciones de recursos económicos, en tanto que se sigue fomentando una imagen permanente que contempla a las drogas como “el enemigo invencible” (tal y como lo manifestara durante su mandato el ex presidente Ernesto Zedillo) Lo cierto es que las llamadas “campañas antidrogas” desvían satanizan el asunto, sin informar responsablemente acerca de lo que hay que hacer para que drogas y sociedad coexistan en un mismo espacio y tiempo ¿Qué hacer ante una realidad social donde se sataniza a las drogas, por una parte, mientras que por otra se permite, publicita y fomenta el uso de otras sustancias también definidas estrictamente como drogas, pero que por ser legales y estar bien vistas en ciertos círculos no son “el enemigo” a vencer? El candado social Pertenecer a la sociedad requiere, como en todas, de obedecer ciertas normas de derecho que permitan a las personas convivir entre sí, ya que regulan su comportamiento en cada espacio que sea necesario En ese momento se crea una realidad: la de la vida cotidiana, aquella que podemos considerar la realidad de los (cinco) sentidos No obstante, al hablar de realidad de la vida cotidiana y considerar su marco en cuanto al tema que nos incumbe, es necesario abrir la cuestión: ¿A qué realidad nos referimos aquí? Con base en el estudio El problema de la realidad social, del científico social y filósofo Alfred Schutz (1889-1955), encontramos que realidad es “todo aquello en lo que centramos nuestra atención” Esta afirmación significa que lo que pensamos, decimos, observamos, escribimos y soñamos pertenece a una realidad; pero cada una de estas actividades se vive en una realidad diferente La realidad cotidiana está cargada de cosas qué hacer y en qué pensar, comúnmente lejanas a lo que se refiere a la conciencia del yo interno Así, abstraernos del mundo cotidiano es algo que no debería tener etiqueta de “lícito y no lícito” La realidad de la vida cotidiana se da por establecida como tal No requiere verificaciones Por el contrario, en caso de descontrol, somos nosotros quienes debemos someternos a prueba para saber si estamos en la realidad que debemos La razón de ser de la vida cotidiana radica en un mundo compartido, coherente para todos, así como tipificado al punto de hacer posible el intercambio de perspectivas Legal o no, toda sustancia que sea capaz de alterar el ánimo también altera la rutina psíquica y ésta a menudo se confunde con la “normalidad”, lo “aceptable”, aunque no lo sea necesariamente Ante la posibilidad de que la “anormalidad” se apodere de los miembros de la sociedad, surge la prohibición Nada nuevo en la historia, así como su poco éxito El hecho de que haya ilegalidad en el abastecimiento de drogas garantiza a los proveedores ganancias estratosféricas La insistencia en prohibir sustancias alteradoras del estado psicológico de los individuos sólo aumenta su consumo ilícito, provocando la fabricación clandestina de drogas sin garantizar su control de calidad y poniendo en riesgo la salud de una gran parte de la sociedad (la reciente publicidad televisiva en México acusa al “narcomenudeo” de causar esta “falta de calidad”) Por otro lado, los gobiernos tampoco pueden garantizar la óptima calidad de las drogas que son legales en el mercado, pudiendo los individuos comprar bebidas alcohólicas de pésima fabricación o cajetillas de cigarros hechos con tabaco adulterado en procesos varios de industrialización De la misma manera, la prohibición aumenta el factor curiosidad, sobre todo en los jóvenes, a quienes más se les insiste en simplemente no consumirlas, sin tomar en cuenta que actualmente la venta de estos productos se lleva a cabo en escuelas --dentro y fuera de ellas--, y áreas públicas de recreo, entre otras; aparte de que el costo de estos productos es cada vez menor Recordemos que de nada sirvieron los castigos ni la persecución a los fabricantes de alcohol durante la época de Tomás Garrido Canabal, en Tabasco, o en los años 20 en el Estados Unidos de Al Capone: se tuvo que permitir la venta del alcohol (y hoy niños y adultos seguimos viendo los espectaculares en las calles de México anunciando esta droga legal y, en exceso, letal) No podemos erigirnos como jueces máximos para pensar por los demás y mucho menos, decidir cómo deben verse o cómo queremos que se vean todos los miembros de nuestra sociedad Las campañas promovidas por publicistas y algunos medios electrónicos no van encaminados a la información de lo que son las drogas, sino a la condena moralista que recuerda los discursos apocalípticos del “infierno tan temido” a quien se porte mal, un pronóstico similar a la verborrea anunciada por ciertos religiosos inquisidores (la campaña Vive sin drogas de TV Azteca es buen ejemplo de lo anterior) Las drogas no van a dejar de existir, han estado ahí desde el comienzo de los tiempos y acompañado a la humanidad a lo largo de su historia Su experimentación en los rituales mágicos, la medicina o por la mera recreación continuará, así como el deseo natural de cada persona por evadir la realidad cotidiana que aprisiona su derecho a la libertad e independencia Entonces, ¿qué tiene más posibilidades de desaparecer? ¿La prohibición, o las drogas?

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