Análisis político: Sahagún, el poder para qué

viernes, 13 de febrero de 2004
México, D F, 12 de febrero (apro)- “El Derecho y el poder son dos caras de la misma moneda: sólo el poder puede crear Derecho y sólo el Derecho puede limitar el poder”, escribió Norberto Bobbio, el intelectual de izquierda recién fallecido y cuya resplandeciente obra es ignorada, por desgracia, por buena parte de la clase política del México actual El brillante pensador italiano postulaba, también, que el poder político debe tener una justificación ética, un fundamento jurídico, porque –añadía-- la democracia es el gobierno de las leyes por excelencia Tales expresiones resultan hoy tan chocantes para la mayoría de los políticos mexicanos, y para los periodistas también, porque se han impuesto en nuestra tierna democracia los criterios mercadotécnicos que tienen como único fin la eficacia a costa de lo que sea, fundamentalmente de los principios He escuchado cómo se califica de ridículo que la señora Marta Sahagún pretenda ser presidenta de México, a juicio de algunos porque carece de la capacidad profesional y a juicio de otros porque en nuestro país está muy arraigado el machismo El extremo de las descalificaciones, que repudio, es el desprecio sólo porque despachaba la farmacia de su marido en Celaya Pero el asunto no va por ahí Total, una vez que Vicente Fox changarrizó la Presidencia, cualquiera quiere --y dice poder-- ser presidente El tema es el fundamento ético para conquistar y ejercer el poder político Hace unos días un personaje muy cercano a Marta Sahagún me confirmaba lo que para mí ha sido evidente, al menos desde que contrajo matrimonio con el presidente de la República, que ella, efectivamente, ambiciona suceder a Vicente Fox en el cargo Me ratificaba lo que me consta: La ética para Sahagún no pasa de ser un recurso retórico y los fines, conforme a Maquiavelo, justifican los medios Ella, por lo demás, está encantada por los escándalos Si de ella se habla tanto por aparecer en las pantallas de televisión, así sea a costa de su propio marido --ni más ni menos que el jefe de las instituciones de la Nación--, qué más da Al fin que para eso ha diseñado una estrategia de víctima --falsas lágrimas incluidas El fundamento ético del poder político, como decía Bobbio, o de la política en sí misma, no existe en el caso de la “Señora”, quien precisamente por ello avanza en su propósito, para furia de de los jerarcas de su partido, el PAN, sobre todo de los sectores más oscurantistas, como al que pertenece el secretario general, Manuel Espino En el caso del ámbito jurídico, ya se han manifestado voces que advierten de la incompatibilidad constitucional de que la esposa del presidente de la República lo suceda en el cargo, no tanto porque la letra del artículo 82 lo prohíba de manera expresa, sino porque la idea del Constituyente era evitar favoritismos desde el Estado La equidad, que es condición para la contienda política, tampoco se cumple con la señora Sahagún, arropada por el poder de la Presidencia de la República y los pactos que ha hecho, como se ha documentado en un sector de los medios en México, desde esa posición privilegiada Es cierto, aun para los escépticos, la señora Sahagún marcha de manera firme a la candidatura presidencial, y de no ser por el PAN lo será por un partido nuevo que se registre, como la Coordinadora Ciudadana que encabeza Guillermo Velasco Arzac, padre de su vocero, Guillermo Velasco Barrera Pero en el último de los casos, ¿para qué quiere el poder formal de la Presidencia de la Republica la señora Sahagún? Para instalar la frivolidad y la charlatanería como política de Estado, como hasta ahora nos lo ha mostrado Comentarios: delgado@procesocommx

Comentarios