El complot de Zedillo contra Carrillo Olea

jueves, 5 de febrero de 2004
* Instruyó el expresidente al exprocurador Madrazo para fincarle cargos * Liébano Sáenz y Graco Ramírez, en la campaña contra el exgobernador México, D F, 4 de febrero (apro)- El general Jorge Carrillo Olea, quien renunció a la gubernatura de Morelos por estar acusado de tener vínculos con el narcotráfico, afirma que el entonces presidente Ernesto Zedillo inventó tales infundios en su contra, simplemente porque le era “antipático” Carrillo Olea agrega que Zedillo, con tal de desplazarlo del cargo, le pidió a su procurador general de la República, Jorge Madrazo Cuéllar, que creara una causa penal contra él Además, el presidente emprendió una “campaña de desprestigio, valiéndose de declaraciones prejuiciosas y de filtraciones a la prensa” El exmandatario de Morelos menciona a otros actores políticos que, a instancias de Zedillo, participaron en dicha campaña en su contra: Luis Téllez, jefe de la Oficina de la Presidencia; Liébano Sáenz, secretario particular de Zedillo; Graco Ramírez, destacado miembro del PRD en Morelos, y hasta el ya fallecido Luis Reynoso Cervantes, entonces obispo de Cuernavaca Estas y otras afirmaciones las plasma Carrillo Olea en el documento El caso Morelos: el uso envilecido del poder, que hoy dio a conocer a los medios de comunicación, durante un desayuno en la ciudad de Cuernavaca Ahí menciona, por ejemplo, que Luis Téllez filtró al periódico estadunidense The New York Times, a través de su corresponsal en México, Sam Dillon, que él tenía nexos con el narcotráfico Mientras que Liébano Sáenz tenía “la tarea de agudizar la situación que me llevó a decidir solicitar licencia en el Congreso para retirarme del cargo de gobernador y no permitir que se dañara más al estado” Carrillo Olea señala que el “episodio más vergonzoso” corrió a cargo del procurador Madrazo Cuéllar, quien aceptó “la consigna de crear una causa penal en mi contra por supuestos vínculos con el narcotráfico” Y recalca que “nunca existió un delito que perseguir” Sin mencionarlo por su nombre, el exgobernador asegura que el “activista de izquierda” Graco Ramírez prestó sus servicios a Liébano Sáenz en esta campaña de desprestigio, a cambio de ciertas prebendas gubernamentales: “Sáenz utilizó los servicios de un mercenario conocido y despreciado en Morelos, que empleaba la cobertura de ser un activista de izquierda, lo que le había sido sumamente rentable por más de treinta años, pero que en realidad ahora se prestaba a ser un instrumento del gobierno zedillista, que lo financió mediante dos ONG de la Secretaría de Desarrollo Social, situadas en la delegación local y con los siempre opacos recursos emanados de la Lotería Nacional Se llegó al colmo, por parte de Sáenz, de dotarlo hasta con vehículos, escoltas y viáticos de la Secretaría de Gobernación “Reclamé al propio Sáenz por qué se recibía al mercenario en Los Pinos; él, con gran impudor, me contestó: ‘Durante la campaña le arregló al jefe algunos asuntos con grupos izquierdosos Por eso, cuando se puede, se lo subo para que se tomen un cafecito’ ¿Alguien puede darle un calificativo a tal desvergüenza?” En el documento, Carrillo Olea añade que, después, “Graco Ramírez y el obispo Reynoso se reunieron con los dirigentes de PAN, PCM y PRD”, con el fin de realizar una primera marcha de protesta y crear la Coordinadora de Movimientos Ciudadanos “El obispo Reynoso se comprometió a hacer una invitación abierta a los feligreses para que participaran en la marcha y en todas las actividades que surgieran del nuevo organismo” Todo esto –prosigue— “culminaría con un anticonstitucional juicio político y con la sentencia de destitución e inhabilitación del Tribunal Superior de Justicia del Estado” Carrillo Olea dejó la gubernatura en mayo de 1998 Así, la venganza de Zedillo se había cumplido Sin embargo, el general presume el hecho de que, finalmente, las autoridades judiciales no pudieron comprobarle ningún nexo con los capos de la droga El 17 de febrero de 2003, la juez primero de lo penal, María del Rosario Rojas Lara, “emite una resolución en la que expresa no encontrar elementos para iniciar un proceso penal” Carrillo Olea señala que “la actitud de Zedillo sumió al estado en una larga espiral de desconcierto, al someterlo a la desorganización política y administrativa, lógica que resultaba de desmontar en forma traumática un gobierno” Indica el exgobernador que “la cólera de Zedillo”, sus “arrebatos”, el “envenenamiento” en contra suya, se debían a que él le resultaba “simplemente antipático” La “ruptura presidencial” con su gobierno, dice, se inició con un encuentro de mandatarios estatales: el 13 de septiembre de 1994, Carrillo Olea organizó, en Cuernavaca, un encuentro con los gobernadores de Tlaxcala, Puebla, Guerrero y Estado de México, para tratar temas relacionados con el desarrollo regional Pero Zedillo, en ese tiempo apenas presidente electo, tuvo una “errónea interpretación política” del encuentro Pensó que los gobernadores intentaban “confrontar” a su administración, pensó que el grupo “sería un enclave salinista”, que preparaban un “complot” Más tarde, a través de filtraciones que salieron de las oficinas de Zedillo, se bautizó al grupo, en términos despectivos, como el “sindicato de gobernadores” Y la prensa, “por varias semanas”, tuvo tema para la sátira Exsubsecretario de Gobernación (1982-1988), creador del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (1988-1990), Carrillo Olea relata en el documento otra confrontación que tuvo con Ernesto Zedillo Cuenta que, debido a su experiencia en cuestiones de seguridad, le elaboró a Zedillo un diagnóstico, de 250 páginas, en el que enumeraba las “potencialidades y debilidades” del gobierno en esa materia Era un “documento útil, revelador y difícil de repetir” Pero al entregarle personalmente su estudio, Carrillo Olea se topó con una agria, cortante respuesta de Zedillo: “—Jorge, ¿supones que tú vas a opinar sobre la integración y prioridades de mi gobierno?”—le dijo el primer mandatario Y Carrillo Olea, confundido, respondió: “—Mi único propósito era servirle Le ruego que me permita retirarme” No entiende, no alcanza a comprender Carrillo Olea la “compleja psicología” del expresidente, “tarea digna de un acabado especialista” en la disciplina del psicoanálisis Aunque cree que Zedillo, quien de chamaco se ganaba la vida lustrando calzado, arrastra un fuerte complejo debido a su plebeya cuna: “Cualquier atento observador distingue su vergüenza por su origen humilde, y de ello su gran arrogancia Su resentimiento social por su juventud politécnica y de ahí su adhesión anímica a su ‘alma mater’, Yale University Sus arrebatos de carácter derivados de su inseguridad, que disimula frecuentemente con un trato insolente Y su profundo desprecio por todo lo que pueda ser gobierno, partido y clase social popular, a los que en un momento perteneció”

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