La cultura priista

jueves, 22 de abril de 2004
México, D F, 21 de abril (apro)- A raíz de los video escándalos en el PRD y de las posibles ligas de gobiernos del PAN con el narcotráfico, se ha esparcido la opinión de que la cultura de la corrupción, del cochupo o del coimeo es una herencia del PRI Pero habría que pensar en otra posibilidad: que esta conducta es más bien parte de nuestra cultura nacional y que no distingue partidos, sindicatos, jueces ni personalidades De manera muy frecuente, cuando ha ocurrido una falta entre los actores del escenario público y en los tribunales de justicia, casi de inmediato se apunta como origen los 71 años de gobierno priista, cuya máxima era: “El que no tranza, no avanza” Así nos zafamos de cualquier responsabilidad y lavamos nuestra conducta, responsabilizando al PRI de todo acto de corrupción en que han incurrido los miembros de otro partido o de cualquier organización social Nadie puede negar que los priistas desarrollaron complejos sistemas de corrupción cuyos alcances sufriremos por muchos años Los nombres con que se bautizaron los trucos y chantajes forman parte ya de la picaresca política y periodística: la transa, el chayote, operación tamal, el ratón loco, los mapaches, los tejones, la urna embarazada, etcétera Pero poco hemos reflexionado de lo que representan los casos graves de descomposición que han venido mostrando panistas, perredistas y del Partido Verde, así como Carlos Ahumada, Sergio Estrada Cajigal, Lino Korrodi, Carlota Robinson, entre otros que nada tienen que ver con el priismo Cuando empezaron las primeras indagaciones del Pemexgate, la opinión pública no se sorprendió mucho de que los priistas hubiesen incurrido en violaciones a la ley para hacerse de mil cien millones de pesos y llevarlos a la campaña de Francisco Labastida Incluso no causó asombro que llevaran en camionetas de seguridad las bolsas llenas de dinero (¡imagínese cuántas!) para meterlas al edificio del PRI En el caso de Amigos de Fox la reacción fue curiosa Algunos panistas y foxistas, entre ellos el responsable directo del entramado financiero Lino Korrodi, justificaron la violación a las leyes electorales pretextando que todo se valía con tal de vencer al PRI O sea, que una causa justa excusaba a Vicente Fox haber trastocado las normas electorales Mientras que en el caso del senador del Partido Verde, Jorge Emilio González Martínez, la justificación esgrimida por sus simpatizantes es que con el PRI la corrupción siempre fue mayor, y que el Niño Verde nunca tocó los 3 millones de dólares que pidió para conseguir el permiso de construcción de un complejo turístico en Cancún El caso del gobernador morelense, Sergio Estrada Cajigal, fue más sorprendente aún por la reacción que tuvo la dirigencia nacional del PAN, la PGR y la Secretaría de Gobernación de protegerlo, a pesar de las evidencias de su relación con el narcotráfico En tanto que los casos de corrupción del PRD –René Bejerano y Gustavo Ponce-- fueron comparados con la descomposición que el PRI mostró en sus mejores años, como fueron las épocas de José López Portillo y de Carlos Salinas de Gortari ¿Pero qué diferencia existe entre Lino Korrodi y Carlos Montemayor Seguy cuando ambos violaron las leyes electorales para hacer ganar a sus respectivos candidatos, Vicente Fox y Francisco Labastida? ¿Cuál es la diferencia entre Carlos Romero Deschamps y René Bejarano, cuando ambos se escudaron en el fuero legislativo para burlar la ley a pesar que hay pruebas de que incurrieron en corrupción? ¿Qué contraste existe entre el gobernador Jorge Estrada Cajigal y el de Tamaulipas, Tomás Yarrington, si a los dos se les han descubierto relaciones con el narcotráfico? ¿Cuál es la diferencia entre Carlos Ahumada y Carlos Cabal Peniche si ambos ayudaron en las campañas electorales del PRD y de Roberto Madrazo, respectivamente, con dinero cuyo origen aún es oscuro? El argumento de culpar al PRI por los actos de corrupción en los partidos políticos, sindicatos y organizaciones sociales es una salida muy fácil para liberar culpas, y una manera muy estúpida de tratar a la ciudadanía que ya no se traga ese cuento Los casos mencionados de corrupción y otros mucho más, no son sólo parte de una herencia de la cultura priista, es una práctica recurrente en la clase política que está en plena descomposición Este es, quizá, uno de los descubrimientos más importantes que hemos tenido con la derrota histórica del PRI en julio del 2000, que la práctica cotidiana de la corrupción es parte de nuestra cultura política y de todo el sistema de impartición de justicia, que es necesario reconocerla para después extirparla desde la raíz, con todas las consecuencias que esto conlleve Comentarios jgolmos@procesocommx

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