Historia de sadismo y abyección (Primera de dos partes)

jueves, 10 de junio de 2004
* En entrevista con Heberto Castillo, Alfonso Martínez Domínguez contó “su verdad” sobre la matanza del 10 de junio * La declaració levantó un muro de toda la vida entre Echeverría y el exregente México, D F, 9 de junio (apro)- “Echeverría tenía los ojos de serpiente”, le declaró Alfonso Martínez Domínguez a Heberto Castillo “Nueve años después de la matanza de Corpus, el 11 de junio --dice julio Scherer García en su libro Los Patriotas De Tlatelolco a la guerra sucia, que acaba de entrar en circulación--, Proceso publicó la frase cargada de odio o algo muy parecido Culminó con ella una historia de sadismo y abyección que situó en los extremos al presidente de la República y al político priista de toda la vida, en 1971 regente de la ciudad” A continuación reproducimos íntegra la entrevista realizada por Heberto Castillo y publicada en el Número 136 de Proceso, el 11 de junio de 1979: Alfonso Martínez Domínguez quiere hablar contigo, ¿se puede? –me dijeron unos amigos –¿Conmigo? ¿Para qué? Tengo muy mala opinión de él –advertí –Lo sabe, lo sabe –me contestaron--; pero nosotros creemos que debes oírlo Será al menos interesante –¿Hablará sobre el 10 de junio? –pregunté –Tal vez –me contestaron Acepté Unos días después me informaron que AMD me invitaba a desayunar en su casa de Inglaterra 14, en Coyoacán, cerca de la terminal Tasqueña del Metro, a las 9 de la mañana Habían pasado ya algunos años de aquellos dolorosos hechos, aquella matanza de jóvenes el Jueves de Corpus Cuatro semanas antes, Tere me visitaba en Lecumberri, era el jueves 13 de mayo Estaba yo preso en el viejo penal de Lecumberri Ese día, la crujía M estaba alborotada porque había trascendido que saldrían libres José Revueltas y otros compañeros encarcelados por el Movimiento Estudiantil Popular de 1968 Yo había rechazado salir libre para dejar el país como me lo propuso un enviado de la Secretaría de Gobernación; primero deberían salir todos los presos del 68, le dije Después, hablaríamos de mi caso Me despedía ya de Tere, que me ordenaba un poco los trastos de la cocineta, cuando fui llamado a la reja Regresé un minuto después para anunciarle que me ponían en libertad Salimos juntos hasta el redondel, que era donde estaban las autoridades del penal Me pidieron que firmara una forma pidiendo la libertad bajo protesta como los demás procesados del 68 lo habían hecho Me negué –Si no firma no sale –me dijo el mayor Palacios No firmé y salí Me metieron a la fuerza a la cárcel y a la fuerza me sacaron Cuando salí de Lecumberri oscurecía, pero a mí me pareció el cielo luminoso Afuera esperaban entusiastas parientes de otros liberados Tere condujo el automóvil hasta casa El movimiento estudiantil universitario había tomado fuerza con la liberación de los primeros presos del 68 Todavía los principales dirigentes estaban desterrados en Chile desde hacía unas semanas; otros liberados actuaban ya en el medio estudiantil Al día siguiente de mi liberación participé en un entusiasta mitin en la Universidad Iberoamericana Había entonces problemas universitarios aparte, en Nuevo León El gobernador Eduardo A Elizondo se empecinaba en imponer una absurda ley orgánica para la universidad Encabezados por el rector, ingeniero Héctor Ulises Leal, los universitarios neoleoneses luchaban en contra de esa imposición En México los estudiantes preparaban ya una marcha en apoyo a sus compañeros de Nuevo León Hacía mucho tiempo que no desfilaban por las calles Desde 1968, para ser preciso La lucha en Nuevo León dio frutos Elizondo renunció, y Luis M Farías fue nombrado gobernador interino Hubo desconcierto La marcha que se preparaba quedaba un poco en el aire si iba a ser un acto de solidaridad con los universitarios neoleoneses Echeverría se empeñaba en hablar de "apertura democrática" en tiempos en que las manifestaciones de disidencia se hallaban prácticamente congeladas Los universitarios estaban atrincherados dentro de las escuelas y los únicos movimientos discrepantes eran la guerrilla, urbana y rural Echeverría hacía vislumbrar a algunos mejores tiempos La liberación parcial de los presos del 68 parecía anunciar una apertura más amplia Los rumores de una ruptura entre Echeverría y Díaz Ordaz hacían concebir esperanzas Pero había obvios representantes de GDO dentro del gabinete Alfonso Martínez Domínguez era uno de ellos, Julio Sánchez Vargas, el procurador, otro El caído Elizondo tenía fama de reaccionario Había encabezado años antes la lucha contra el libro de texto gratuito; su renuncia podría interpretarse entonces como una posición progresista de Echeverría Y en esos días, Mario Moya Palencia, secretario de Gobernación, declaró que los exdirigentes del 68 que habían sido expulsados a Chile podían regresar cuando quisieran Llegamos a casa de Alfonso Martínez Domínguez a las 9 horas Un ayudante nos abrió la puerta Estaba ahí AMD, sonriente Nos saludó y nos hizo pasar por un jardín bien cuidado, junto a una pequeña alberca Entramos a una espaciosa sala a la que se cambiaba el recubrimiento de madera Olía a caoba y a huevos con chorizo Entramos al desayunador Nos sentamos ¡Estaba frente a mí uno de los personajes centrales que participaron, voluntariamente o no, en la matanza de estudiantes el 10 de junio de 1971! ¿Qué querría? Trascendió que Elizondo renunció porque "el centro" no lo apoyaba y lo hostilizaba; que rechazó las sugerencias que Echeverría le hizo a través de Luis M Farías Los estudiantes decían que eran arreglos interburgueses Como fuera, los universitarios de Nuevo León se habían sacudido a un enemigo y podrían avanzar si procedían con inteligencia En México, los muchachos estaban alborotados por la presencia de sus líderes tanto tiempo encarcelados, y querían ganar la calle a como diera lugar, así que siguieron adelante con los preparativos de la marcha El recibimiento que se dio el 4 de junio en el auditorio Che Guevara de la Ciudad Universitaria a los exdirigentes del 68 que regresaban de Chile, fue apoteósico Estuvieron ahí Raúl Álvarez Garín, Eduardo Valle, Gilberto Guevara Niebla, Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca y otros Recibieron ovación tras ovación Contestaron a la prensa y a la TV Me invitaron a subir al presidium y dije unas palabras: que nos organizaríamos y construiríamos un instrumento de lucha para hacer tomar el poder a los trabajadores ¡Venceremos, venceremos!, salió gritando la muchachada Participamos en las discusiones en torno a la marcha propuesta para el 10 de junio Los principales organizadores eran los miembros de los "cocos" (comités coordinadores), donde actuaban algunos exdirigentes del 68 Advertimos reiteradamente que era peligroso hacer una marcha en esas condiciones: una apertura a medias, pugna aparente entre LEA y GDO; se había resuelto en parte el programa en Nuevo León; era probable que se usara la marcha para desatar la violencia Por esas razones, quienes en prisión habíamos trabajado por organizarnos políticamente, acordamos no participar Advertimos que a escasos 20 días de liberados, recibíamos ataques de diestra y siniestra Los sindicalistas universitarios, Evaristo Pérez Arreola y Nicolás Olivo Cuéllar, firmaban volantes acusándonos de ser los instigadores de la violencia En la prensa se escribían artículos señalando a los recién liberados como nefastos para la tranquilidad del país Las diferentes policías vigilaban nuestras casas y seguían nuestros pasos Escribí un artículo intitulado "Un Alto en el Camino", en el que invitaba a los estudiantes a reflexionar, a medir correctamente las circunstancias en que nos hallábamos, a tomar en cuenta las pugnas entre los poderosos, advirtiendo que la manifestación podía convertirse en una trampa Ese artículo se publicó el 10 de junio en El Universal Nada más pudimos hacer La marcha se llevó a cabo y los "halcones" adiestrados en el Departamento del Distrito Federal, con la complacencia de la policía, golpearon periodistas, rompieron cámaras fotográficas, hirieron, mataron y remataron muchachos hasta en las camas del hospital Rubén Leñero, en la Cruz Verde Algunos, después, me preguntaban en mesas redondas, en conferencias, en mítines, que cómo había sabido yo lo que iba a pasar ¿Quiénes me habían informado? Expliqué que la lógica sirve para algo A veces para prever acontecimientos De ese artículo y de nuestra posición, surgió una sucia campaña en contra nuestra Toda la izquierda nos atacó Los "aperturos" comenzaron a llamarnos los "heberturos" también, en el colmo del desprecio Eso recordaba acaso cuando Alfonso me ofreció un vaso de jugo de naranja Apestado en el gobierno Dijo: "Le pedí a mi buen amigo Raúl y a los ingenieros aquí presentes que han trabajado con usted construyendo sus inventos, que lo invitaran porque tengo algo que contarle Quizá le extrañe, ingeniero, que yo le busque, pero he seguido sus pasos y le tengo un gran respeto Admiro su tozudez en la lucha, su valor y capacidad técnica Algunos de sus análisis políticos nos han impresionado, a mí y a algunos amigos Usted, fuera del gobierno, deduce muchas de las cosas que pasan dentro" Insistió: "Tengo confianza en usted por su alta calidad moral, la que ha demostrado muchas veces Lo que voy a contarle es peligroso para mí y sé que quizá usted lo relate en alguno de sus artículos Si se publica ahora me puede costar la vida, Echeverría no se tienta el corazón, es un enfermo A pesar de ello, quiero contarle mi verdad, si usted quiere –dijo agitando el dedo índice– mi versión de lo que ocurrió el 10 de junio Sé –repitió– que usted puede hacer uso público de esta confidencia Creo que vale la pena correr el riesgo Yo necesito decir estas cosas a una persona como usted, Heberto –me dijo quitándome el trato de ingeniero–, lo que voy a contarle, se lo juro por mis hijos, es la verdad No lo he escrito porque peligra mi vida Tal vez después (Quizá) nunca Yo no le pido que guarde silencio Sólo le pido que me oiga Por ahora estoy apestado en la política No –corrigió–, apestado en el gobierno Pero la política es una rueda de la fortuna A veces está uno arriba, a veces abajo Creo que algún día volveré a la función pública No me siento descartado" Nos sirvieron el desayuno Huevos, chorizo, tortillas, café Yo estaba intrigado, pero nada dije Sólo puse atención Los periódicos del 11 de junio de 1971 aterraban La información sobre la salvaje agresión a los manifestantes en San Cosme ponía los pelos de punta La matanza del dos de octubre había sido bárbara, criminal, pero tal ferocidad se explicaba porque Díaz Ordaz estaba enfermo de autoritarismo y los estudiantes lo habían puesto verde, y se había terminado con el mito del respeto casi religioso al presidente de la República Pero ahora, ¿en plena apertura democrática? Los estudiantes habían sido golpeados inmisericordemente con varas largas, cachiporras, baleados desde las azoteas del metro San Cosme, del cine Cosmos Algunos periodistas nacionales y extranjeros habían sido golpeados y sus cámaras fotográficas destruidas ¿Por qué? Leía el periódico, aterrado, a la entrada a la Ciudad de México por la carretera a Toluca, pues había salido de la ciudad el 10 por la mañana Hablé por teléfono a Emilio Krieger, mi amigo, y durante el tiempo que estuvimos en la cárcel, nuestro abogado Mi familia se había ido de casa previendo cualquier represión Emilio me aconsejó llegar No creía que hubiera peligro Busqué a Tere y a mis hijos, y llegamos a casa el 11 por la noche Habían llegado unos hombres "de la compañía de luz", nos dijo quien cuidaba la casa Entraron y revisaron todo Tere y mis hijos, Heberto, Javier, Héctor y Laura, el mayor de 14 años, habían sufrido a partir de 1968 muchas persecuciones Dormimos mal esa noche El sábado 12, los muchachos se fueron a jugar beisbol a la Liga Olmeca Con Tere y Laura fui a ver a mi padre y mis hermanas por rumbos de la Normal Salimos de la casa extremando precauciones Noté que nos seguían, pero nada dije Al mediodía regresamos, siguiéndonos siempre dos automóviles de alquiler con dos hombres a bordo cada uno Al llegar a la avenida Cerro del Agua me extrañó ver estacionados decenas de automóviles de alquiler a espaldas de mi casa Tere trató de explicarlo: "Me han dicho que aquí vive Martínez Domínguez", y señaló una casa sobre Cerro del Agua, la avenida que llega a la Ciudad Universitaria desde Miguel Angel de Quevedo "Los taxistas deben venir a darle apoyo", dijo Pero al pasar por ahí, dos automóviles se sumaron a los que ya nos seguían Bruscamente di vuelta en redondo y regresé a Quevedo rumbo al centro de Coyoacán Detrás venían los carros de alquiler En una de las callejuelas que salen de Coyoacán paré el automóvil y le dije a Tere: "vete con Emilio" Salí corriendo y me interné en las calles empedradas No pudieron seguirme Mi propio automóvil les obstruyó el paso Me escondí unos minutos y luego hablé a Krieger Ya estaban ahí Tere y Laura A ellas no las habían seguido Emilio fue a buscarme en su automóvil y me llevó a su casa, donde su esposa Yolanda, Tere y Laura, mi hija, comentaban la situación En esa casa pasé muchos días en 1968 cuando la policía y el ejército me buscaban afanosamente hasta que en mayo de 1969 me capturaron Los motivos de Echeverria Esos tiempos duros se han ido Ahora Alfonso Martínez Domínguez comienza a contarme su versión del 10 de junio de 1971 "La matanza del Jueves de Corpus fue preparada por Luis Echeverría –afirma AMD– para matar dos pájaros de un tiro: escarmentó a quienes, decía él, querían provocar a su gobierno al inicio de su mandato, y se deshizo de mí Yo tenía pasado y fuerza política Le hacía sombra "Al conocerse la decisión de los estudiantes de que marcharían el 10 de junio para apoyar a los universitarios de Nuevo León, Echeverría me dijo: `quieren calar a mi gobierno, pero los vamos a escarmentar'” –No, señor presidente, dijo AMD, creo que si realizan su marcha no habrá mayores problemas Soy de opinión que no se tomen sino medidas precautorias Vigilar que no haya provocaciones No habrá problemas –No, Alfonso –relata AMD que LEA le dijo–, la izquierda me está toreando, quieren que muestre debilidad y entonces se me subirán a las barbas Los meteremos al orden Mientras yo me desayuno, AMD no come Habla, gesticula, se excita Refiere charlas, detalles Precisa que Echeverría le quitó el control de la fuerza pública unos días antes Y que Rogelio Flores Curiel, coronel del Ejército, lo puso bajo las órdenes de un capitán "Sí –me cuenta–, el presidente Echeverría me dijo que no me preocupara por la vigilancia de esa manifestación Nombró al subsecretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, capitán solamente, para que controlara la situación Y eso, Heberto –me dijo AMD–, era ofensivo para el Ejército que ya tenía motivos para estar molesto con Echeverría" Y entonces Martínez Domínguez hace una pausa en su relato del 10 de junio para remontarse a los tiempos de la campaña presidencial de Echeverría, cuando él, AMD, era presidente del PRI "El ejército estuvo a punto de abandonar la campaña de Echeverría Fue a raíz del minuto de silencio que LEA guardó en Morelia y de algunas declaraciones que hizo en torno al 2 de octubre de 1968 El Estado Mayor Presidencial me comunicó, oficialmente, que no acompañarían más al candidato De inmediato hablé con el presidente Gustavo Díaz Ordaz para recibir instrucciones ‘Yo me encargo del asunto, Alfonso’, me dijo Díaz Ordaz Volvió el Estado Mayor sólo cuando Echeverría leyó un discurso que nosotros le hicimos Ahí no improvisó; sin embargo, pronto volvió a las andadas Yo creo, Heberto, que hubo unos días en que GDO pensó en poner otro candidato El 30 de diciembre de 1969 (relata AMD) Gustavo Díaz Ordaz me llamó por teléfono al PRI para decirme: ‘Alfonso, acuartélese ahí, pueden pasar cosas muy importantes No salga hasta nuevo aviso’ Y no salí, Heberto Ahí estuve El 6 de enero me volvió a llamar: ‘No hay cambio Todo igual’ Algo acordaron" Yo recordé entonces que el primero de enero de 1970 las autoridades del penal nos echaron encima a los presos comunes drogados De milagro nos salvamos de morir asesinados todos los presos del 68 ¿Coincidencia? El 12 de junio de 1971 mis hijos hicieron una fiesta en casa Bailaron como bailan los chamacos de 14 a 16 años La fiesta terminó a las 12 de la noche Por primera vez en tres años tenían a papá en casa, y estuvieron muy contentos Nos disponíamos a dormir, acostados ya, cuando ante la puerta de la casa se detuvieron ruidosamente varios carros Oí voces y me asomé por el visillo de una celosía Vi que bajaban de varios automóviles hombres armados de pistolas y metralletas Con rapidez me vestí y tomé el rumbo de la azotea Antes dije a Tere: "Llama por teléfono a todo mundo Yo escapo Vienen por mí" A los pocos segundos estaba yo en la azotea de otra casa Pero abajo, en la calle, algunos me habían visto y señalaban con sus largas varas donde estaba Los "halcones", pensé Eran todos hombres jóvenes, con excepción de los que echaban los faros buscadores de sus carros hacia la azotea No tenía yo salida Pero sabía que para capturarme tendrían que entrar a una de las casas de la manzana Quedé semioculto en un tinaco atento a ver si violaban la puerta de mi casa Si lo hacían, me entregaría Pero tenía la esperanza de que entretanto llegara alguien Tere, aunque a oscuras, de seguro habría llamado Algunos amigos vivían cerca A poco rato llegó Emilio Krieger Temí por su vida Pero oí su voz, firme, preguntando: –¿Qué se les ofrece, señores? Uno de los agentes levantó el brazo y señaló por donde yo estaba Se oyeron sirenas Llegó la Cruz Roja, la Cruz Verde, la policía y los bomberos Tere lo había logrado, había llamado a TODO el mundo Los "halcones" desaparecieron Y los agentes también Bajé a la casa a recibir a Emilio Luego llegaron Carlos Fernández del Real y Carmen Merino que también habían sido mis abogados No sé quién llamó a Julio Scherer Pero supe que él habló por teléfono con Luis Echeverría y éste le ofreció dar garantías "al ingeniero Castillo" Más tarde llegaron dos modernos automóviles negros con cuatro agentes que enviaba el presidente Esa noche fue romería en casa En amena charla estábamos cuando mis adolescentes hijos, agitados por los acontecimientos, después de que habían hecho guardia –según me contó Tere– armados con sus bates de beisbol, llegaron a informar que en la puerta había agentes de la Policía Judicial que querían hablarme Javier me dijo entonces: Papá, el que viene es el mismo que quería entrar con los "halcones" Era el comandante (¿Eduardo?) Estrada que venía a ofrecer garantías Le dijimos que ya estaban ahí dos patrullas de la Presidencia Se despidió muy atentamente A partir del 13 de junio estuvieron apostados a las puertas de mi casa dos automóviles negros con cuatro agentes de la Secretaría de Gobernación A pesar de ellos, los merodeos de otras policías y de los "halcones" no cesaron Cuando fui a ver a Julio Scherer para darle las gracias por su intervención sólo me dijo, abrazándome: "hermano, no se hable más del asunto, no se hable más del asunto Heberto querido, esta es tu casa"

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