No hay perdón incondicional

viernes, 2 de julio de 2004
Mexico, D F, 1 de julio- La doctrina de la Iglesia católica tiene en una de sus bases el perdón, que enseña Jesús cuando pone la otra mejilla para que su agresor acometa por segunda vez Perdonar es de cristianos y de espíritus generosos, al margen de la religión, que saben que responder a la violencia inicia un ciclo infinito de confrontación entre seres humanos; en nuestro caso, a los que nos hermana la nacionalidad mexicana Perdonar, sí, pero no como propaganda, sino como acto de justicia Y no hay mejor justicia que saber Y saber implica deslinde de responsabilidades, aunque ya no sean materia de persecución de las leyes Dice el secretario de la Defensa Nacional, Clemente Vega, que en México es momento para el perdón y evitar que el país se nos vaya de las manos Tal sentido de gracia del ciudadano general responsable de las tropas, que constitucionalmente deben resguardar la integridad nacional, no es anodino ni tampoco es ajeno al sentir del presidente de la República, Vicente Fox que, según la Constitución, es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas Salvo que, como ya es rutina, el ciudadano Fox no se haya enterado de una preocupación al interior de un sector fundamental para el país como es el Ejército, institución respetada pese a los innumerables escándalos delincuenciales en que se ha visto involucrada O salvo que, en una maniobra calculada, se anticipe la impunidad de militares involucrados es delitos contra la humanidad, como la desaparición de muchos miles de mexicanos, alrededor de 500 sólo en Guerrero en la década de los setenta, o los que han estado en el Campo Militar Número Uno de entonces a la fecha Perdonar, sí, para evitar que el país “se nos vaya de las manos”, pero que se sepa, que las víctimas de la represión de antes y de ahora tengan la certeza de que no habrá más persecución, y que quienes la ejecutaron hablen y den la certeza de que quienes fueron asesinados yacen en un lugar cualquiera, en una fosa clandestina, en el fondo del mar, en un horno que calcinó los cadáveres Cómo se puede perdonar cuando hay cientos de crímenes sin esclarecer, muchos de ellos impunes porque la ley vigente no les llega, y cuando se han amafiado las autoridades para que no se sepa O cuando la tercera parte de los mexicanos están postrados por la miseria en lugares donde los que se promueven como analistas políticos, que actúan desde lo políticamente correcto, ni siquiera imaginan porque no salen de su atalaya de las relaciones públicas Perdonar sí, para edificar una nación que garantice el respeto al que no piensa como nosotros, pero que no consiente --como Jesús-- la dictadura del hierro, como el que se exhibió en la marcha del domingo 27, cuando muchos de los asistentes pidieron la ley del talión, que nos hace inhumanos: pena de muerte Perdonar, sí, pero es preciso saber, y saber inclusive a qué se refiere el ciudadano secretario Vega, cuando en la víspera el jefe del Ejecutivo afirmó que la confrontación es parte de la democracia y cuando uno de los consejeros presidenciales de la elite, Eduardo Sojo, admitió que es preciso corregir el modelo económico Perdón, sí, pero no como propaganda desde el poder, que encubre la impunidad de raterías en la propia casa presidencial y la ineptitud de la nueva alta burocracia, sino como un ejercicio de congruencia para saber si el país tiene viabilidad o se escamotea la información de un nuevo colapso económico, que por lo demás sería continuo México ha soportado tantos golpes que se ha convertido en un país de corcho que, por más saqueos que se cometan, flota El gobierno del ciudadano Fox ya concluyó, y desde hace buen rato Lo demás es propaganda para evitar un descrédito del que, ni siquiera sus más aguerridos seguidores, aplauden sin sonrojarse Perdón, sí, pero para saber en verdad el estado actual de las finanzas nacionales y evitar que el próximo año y en el 2006 se invierta el presupuesto guardado con propósitos electorales, como lo hacía el PRI y como lo hizo recientemente el gobierno de Yucatán para doblar al “dinosaurio” Víctor Cervera Pacheco Perdonar, sí, pero hasta que se conozca --de verdad-- el saqueo del patrimonio nacional del pasado reciente, como el Fobaproa, cuyas implicaciones las padecemos, y la “piñata” repartida a los allegados a la monarca sexenal, Marta Sahagún, y otros personeros que se confunden en siglas partidistas Perdonar implica no olvidar, y no olvidar nada Perdonar implica trascender la coyuntura que busca distraer que la delincuencia es un poder fáctico, como los propietarios de los medios de comunicación, los jerarcas religiosos --particularmente los de la Iglesia católica--, el crimen organizado atado al poder público, la organización secreta… Perdonar, sí, pero no en el nombre de Dios en vano Comentarios: delgado@procesocommx

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