América Latina: una presencia en expansión

lunes, 2 de agosto de 2004
Washington -- Cuando Celso Amorim fue embajador de Brasil ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) durante la década pasada, había un tema que lo obsesionaba: lograr para su país un sitio permanente en el Consejo de Seguridad “Es justo, es necesario y responde a los principios democráticos de la Carta de la ONU que Brasil represente a Latinoamérica en el Consejo, que es el centro del poder del organismo mundial,” insistió cada vez que este corresponsal lo entrevistaba sobre una variedad de temas internacionales Poco a poco la idea de que el Consejo de seguridad goce de una representación más diversa y se rompa el monopolio que tienen los cinco países fundadores de la ONU --China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia— parece ganar más adeptos Sin embargo, experimentados diplomáticos como el embajador Manuel Tello, excanciller de México y exrepresentante de su país en la ONU, dudan de que el controvertido proyecto sea algún día sometido a votación “El Consejo ha funcionado así desde la creación de la ONU hace más de medio siglo, y creo que seguirá funcionando así sin variar medio siglo más”, opinó el experimentado diplomático durante en una conversación antes de su retiro en 2002 Por otro lado, una prestigiosa fundación alemana ve con simpatía el esfuerzo que realizan los países latinoamericanos para jugar un mayor papel en la ONU La Fundación Heinrich Boell, aliada del Partido Verde alemán, considera que la expansión del Consejo para dar mayor representación a Latinoamérica “responde a una imperiosa necesidad si deseamos observar los principios fundamentales” de la Carta de la ONU, según señalaron fuentes allegadas a dicho organismo no gubernamental La filosofía política de esta fundación, que reúne el pensamiento progresista de Willy Brandt, el popular alcalde de Berlín y amigo del presidente John F Kennedy, se traduce en proyectos que dan un mayor impulso a la información internacional Asimismo, la expansión del Consejo de Seguridad, proyecto que impulsa con especial vigor el presidente brasileño Luis Inacio Lula da Silva y su canciller Amorim, coincide con las reformas de ONU previstas por su secretario general, Kofi Annan Mark Berthold, director de los programas para Latinoamérica de la Fundación Boell, señala: “Queremos apoyar y mejorar el flujo dual de información entre los países industrializados del Norte y los países en vía de desarrollo del Sur, al igual que con las economías en transición de Europa Central y Oriental (CEE)” Sin embargo, el funcionario, entrevistado por teléfono, no quiso pronunciarse sobre la gestión liderada por Brasil No obstante, un reciente informe de la Fundación Boell aboga a favor de una mayor apertura de parte de los países industrializados a favor de los países en desarrollo, que es un proyecto con fines políticos análogos al de la ampliación del Consejo de Seguridad “La visión por parte de estos países en asuntos tales como comercio y acceso de mercados, y ayuda tanto financiera como de desarrollo, es muy escasa,” afirma Berthold en el informe “En la mayoría de los casos --continua-- es decisión de unos pocos pero muy influyentes países desarrollados quienes dominan los procesos y agendas de importantes organizaciones internacionales y, a su vez, difieren de las perspectivas del Norte y Sur Este y Oeste son igualmente importantes, y su integración es fundamental para obtener un desarrollo justo y equitativo y para establecer políticas estructurales globales” El tema Norte-Sur ha cobrado un nuevo perfil en los círculos políticos y académicos de Washington, debido a la polémica desatada por el economista estadunidense Samuel Huntington por su insistencia en que Estados Unidos, desde sus orígenes, ha sido “un faro de libertad que, con luces y sombras, ha marcado la historia moderna y contemporánea de corte progresista, mientras que los países herederos de España tienden a permanecer más apegados a la ética e industria de las sociedades agrarias” “La globalización –sostiene-- ha profundizado la norteamericanización de las costumbres, lo que plantea a otros pueblos un desafío para poder insertarse en el escenario internacional desde la cultura e identidad propias Sin embargo, el profesor Alan Wolf destacó en más reciente número de la revista Foreign Affairs destaca que Huntington no ha podido apreciar las contribuciones de los inmigrantes a la cultura estadounidense: “El catolicismo era, a mediados del siglo XIX, la más grande congregación cristiana en los Estados Unidos y su cultura distintiva ha cambiado la forma en que los estadunidenses celebran la pascua, van al colegio, practican deportes y conducen su política exterior Otro sociólogo, Francis Fukuyama, opina sobre los hispanos: “He vivido en Los Ángeles cerca de una década y recuerdo grupos de chicanos, trabajadores temporales, amontonados en ciertas esquinas a las 7 de la mañana para encontrar trabajo” ¿Cuál será la causa de que pensadores eruditos como Huntington y Fukuyama parezcan centrar su análisis exclusivamente en un grupo étnico y confunda multiculturalismo con multimoralismo, además de no incluir otras variables, como la influencia de los actores políticos o las condiciones sociales, económicas e históricas? A diferencia de pensadores humanistas como Sir Isaiah Berlín que centran su atención en la influencia de personajes claves en la historia, Huntington y Fukuyama se basan en abstracciones de grupos étnicos para llegar a conclusiones que se asemejan al materialismo determinista de los marxistas Por otra parte, el flamante secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Miguel Angel Rodríguez, quien actualmente visita España, rechazó durante un foro que en Europa haya más diversidad y más idiomas que en América Latina "Sólo en Guatemala se hablan 23 idiomas indígenas La Unión Europea está compuesta por 25 Estados y América latina y el Caribe, por 35" El nuevo secretario general podría haber destacado que la OEA, con todas sus virtudes y fallas del pasado, es la organización regional más antigua del mundo que aun mantiene el principio de la igualdad del voto sin tomar en cuenta el tamaño del país o de su población

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