El (verdadero) fin de la Guerra Fría

lunes, 30 de agosto de 2004
En el reportaje “El hombre que podría ser Khan”, publicado la primavera pasada en la revista The Atlantic Monthly, el escritor estadunidense Robert Kaplan cuenta la historia del coronel Tom Wilhelm, a quien describe como el más acabado ejemplo de una nueva raza de militares de Estados Unidos: los “soldados diplomáticos” Wilhelm es un hombre que no llega a los 50 años Se graduó en West Point, la escuela de élite del ejército estadounidense Tiene una maestría en temas de Europa Oriental y es capaz de hablar ruso con notoria fluidez El coronel es el representante militar estadounidense en la lejana Ulan-Bator, capital de Mongolia, donde supervisa la creciente asistencia castrense que su país presta a esta antigua república soviética, la cual tiene como objetivos prevenir la infiltración de terroristas y delincuentes a través de sus enormes y solitarias fronteras y preparar a tropas mongolas para participar en operaciones de mantenimiento de la paz Aunque Estados Unidos —o más específicamente, el Departamento de Estado— tiene un embajador en Mongolia, su interlocutor más efectivo con las autoridades locales es Wilhelm; de ahí su condición de “soldado diplomático” La supremacía de los militares sobre los diplomáticos estadounidenses en esta apartada región del mundo la han impuesto los hechos Mongolia, localizada en el corazón de Asia Central, justo entre Rusia y China, es un punto geográfico clave para la guerra contra el terrorismo que Estados Unidos comenzó en 2001 en Afganistán y siguió a partir de 2003 en Irak En la actualidad 90% de la ayuda militar que recibe del exterior es estadounidense, además de que la exrepública soviética es uno de los países integrantes de la coalición de “aliados ad-hoc” que Washington armó para mantener la ocupación de Irak La administración republicana de George W Bush ha buscado con especial interés este tipo de alianzas con países que hasta hace poco estaban en el bando de sus enemigos, en la órbita de la desaparecida Unión Soviética, pero que le pueden ser muy útiles para enfrentar sus nuevas preocupaciones, entre las que sobresale el terrorismo transnacional En este sentido, el secretario de la Defensa, Donald Rumsfeld, explica con frecuencia que ahora, a diferencia de los tiempos de la Guerra Fría, en los que el mundo estaba dividido en dos bandos muy claros y fijos, las alianzas de Estados Unidos tienen que ser determinadas por los problemas a resolver, es decir, deben ser alianzas “a la carta” Esta visión es el marco para abordar el trascendental anuncio que hizo el lunes 16 en Ohio el presidente Bush sobre que Estados Unidos retirará a los largo de los próximos diez años a 70 mil tropas de Europa occidental y Asia, principalmente de Alemania y Corea del Sur Sin ofrecer muchos detalles, Bush explicó que el enorme repliegue es necesario porque las prioridades de seguridad de su país cambiaron después de que terminó la Guerra Fría En lugar de tener a 30 mil soldados estacionados en Alemania esperando una invasión soviética que nunca va a ocurrir, indica este razonamiento, Estados Unidos necesita contar con unidades más chicas que puedan ser transportadas con rapidez a regiones remotas, como Asia Central y el Medio Oriente, en caso de que estallen conflictos o para frenar el avance de grupos extremistas Clave para realizar estos desplazamientos son naciones como la misma Mongolia, Tayikistán y otros países excomunistas europeos, como Rumania y Bulgaria, que se localizan más cerca de los probables “focos rojos” La retirada anticipada por Bush, sin embargo, no significa que las enormes bases que propone clausurar en Alemania y Corea del Sur se abrirán en otras regiones Más bien, según le explicaron fuentes militares a Robert Kaplan, el Pentágono busca establecer alianzas sólidas y confiables e instalar infraestructura ligera —como pistas de aterrizaje— en ciertos países, a fin de que estén disponibles cuando pudieran necesitarse, pero sin realizar gastos estratosféricos “Mala diplomacia” Aunque todavía tienen que pasar muchas cosas para que el repliegue propuesto por Bush se haga realidad —comenzando con el sencillo hecho de que primero el mandatario necesita reelegirse en noviembre—, su anuncio generó apasionadas críticas, en especial de los demócratas y de los analistas y de medios de comunicación afines a ellos La mayoría de los inconformes, incluido el candidato presidencial demócrata, el senador John Kerry, advirtió que el proyecto es otra más de las maniobras de la administración Bush para distanciar a Estados Unidos de sus aliados tradicionales, en especial los europeos occidentales En un editorial, The New York Times aseguró que el plan tiene “poco sentido estratégico de largo plazo”, además de que debilita alianzas cruciales y aumenta los costos militares, ya que en lugar de desplazar soldados de una base en Alemania a, digamos, el Medio Oriente, habrá que moverlos desde Estados Unidos, donde se cree que sería reubicada la mayoría de ellos Por su parte, en las páginas de The Washington Post, el investigador Ronald Asmus, del German Marshall Fund y exfuncionario de la administración Clinton, afirma que el proyecto es “una mala estrategia y (un acto de ) mala diplomacia”, porque se aleja de dos objetivos que se fijó Estados Unidos en su política hacia Europa al terminar la Guerra Fría: ayudar a mantener la estabilidad del continente y apoyar la ampliación hacia el oriente de la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) Las críticas son particularmente duras en lo referente a Asia: los inconformes no le encuentran lógica a un repliegue de Corea del Sur en un momento en que ese país, Estados Unidos, Rusia y China sostienen durísimas negociaciones con la impredecible Corea del Norte para obligarla a abandonar su programa para fabricar armas atómicas ¿Qué resta para convencer a Pyongyang si abandonamos la disuasión militar?, se pregunta el Times, después de recordar que en la dividida península coreana el conflicto Este-Oeste no parece haber terminado Aunque los críticos tienen razón en algunos puntos —sobre todo en lo que respecta a Asia—, la mayoría de sus argumentos parecen inflados, con un marcado tono de campaña electoral Es cierto que la administración Bush no se ha caracterizado por tener una política exterior muy efectiva, pero resulta difícil asegurar que se equivoca cuando dice que el fin de la Guerra Fría obliga a reevaluar las prioridades de defensa y seguridad de Estados Unidos, incluida la presencia de sus tropas en ciertas regiones del planeta Para probar que tiene razón, por lo menos sobre Europa, basta mencionar que casi inmediatamente después de que Bush hizo su anuncio, el canciller de Alemania, Gerhard Schröder, ofreció una conferencia de prensa en Berlín, en donde aclaró que su país conocía los planes de Washington desde hace tiempo, y que los “comprende”, ya que la presencia ahí de los miles de soldados estadounidenses “obedecía a la Guerra Fría”, y ahora estos deben tener “mayor movilidad” Schröder también se ocupó de desmentir insinuaciones formuladas por medios como el Times, de que el cierre de bases se decidió como “castigo” por la oposición de Alemania a la invasión estadounidense de Irak “La discusión sobre el repliegue es anterior a ese debate”, apuntó “Votos matrimoniales” El retiro de tropas propuesto por Bush es histórico no sólo por lo vasta que se antoja la operación, sino porque parece que marca el verdadero fin de la Guerra Fría, en lo que respecta a las alianzas que Estados Unidos mantuvo durante la segunda mitad del siglo XX Pero la salida de los soldados estadounidenses del territorio de los viejos aliados no implica, como predicen los críticos, que los nexos con esos países necesariamente se erosionarán hasta quizá desaparecer La invasión de Irak es señalada como el evento que sacudió la relación entre Estados Unidos y aliados europeos estratégicos, como Alemania y Francia, la cual sigue sin recuperarse del todo Sin embargo, expertos, como el historiador británico Timothy Garton-Ash, creen que las razones del deterioro van mucho más allá que las desavenencias por el país árabe o, más recientemente, por el repliegue de tropas En su nuevo libro, Free World: Why a Crisis of the West Reveals an Opportunity of our Times, Garton-Ash advierte que el distanciamiento se debe mucho más a que los antiguos socios trasatlánticos siguen sin encontrar una misión común que sustituya al objetivo conjunto que tenían de hacerle frente y, eventualmente, derrotar, al comunismo En términos muy domésticos, el historiador urge a estadounidenses y europeos a “renovar los votos” matrimoniales El repliegue propuesto por Bush y, en general, la revisión de las prioridades de seguridad de Estados Unidos, podrían, curiosamente, otorgar una oportunidad para comenzar a sustituir las coincidencias viejas por nuevas No hay que olvidar, por ejemplo, que mientras Estados Unidos intenta establecer una mayor presencia en Europa Oriental, la Unión Europea y la OTAN también están en pleno proceso de ampliación hacia esa región

Comentarios