11 de septiembre y la política del miedo

sábado, 11 de septiembre de 2004
Washington -- Dick Cheney, vicepresidente de Estados Unidos, llevó a su máxima expresión la política del miedo que el gobierno de George W Bush enarboló a raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 Durante una gira proselitista advirtió a los electores estadunidenses: “Si tomamos la decisión equivocada, corremos el peligro de volver a ser atacados; y seremos golpeados de una forma devastadora” Con este mensaje la Casa Blanca les dice a los electores que un voto a favor de John Kerry, candidato presidencial del Partido Demócrata, es un voto a favor de la muerte o del terrorismo Desde el punto de vista del vicepresidente, sería una autoflagelación el no votar por la reelección de Bush el martes 2 de noviembre Cheney, sin duda en estos momentos el representante más radical del Partido Republicano, aprovecha el estado de pánico de los estadunidenses que observan cómo Osama bin Laden y sus lugartenientes de Al Qaeda siguen repartiendo amenazas y dando golpes bajos a los aliados de Washington que lo apoyaron en la guerra con Irak: el reciente ataque a la embajada australiana en Indonesia, es ejemplo de ellos Según los analistas políticos de Estados Unidos, la actual lucha por la presidencia de Estados Unidos es la más sucia de los últimos 40 años Son muchas las tácticas republicanas usadas para desacreditar a Kerry, pero Cheney se fue a los extremos Lo peor del caso es que no se va a retractar de lo que dijo: él de verdad cree que Bush es el salvador del mundo, el príncipe valiente que acabará con los “malosos” Ello pese a que, tres años después de los ataques de septiembre de 2001 y con guerras de por medio (Afganistán e Irak), Bush no ha podido encontrar a Bin Laden ni a los líderes del exrégimen Talibán afgano La Convención Nacional del Partido Republicano fue una veneración a la política de la guerra y del intervencionismo El propio Bush en Nueva York advirtió que si se queda cuatro años más al frente de la presidencia, enviará a sus tropas al extranjero para enfrentar a los que considere como terroristas o a los que amenacen la seguridad nacional de su país Y lo hará, dijo, antes de esperar a enfrentarlos en territorio estadunidense Es decir, Bush ya esáa pensando en su próxima guerra Irán, Siria y Corea del Norte podrían ser objetivos naturales de una Casa Blanca republicana La política del miedo de Bush-Cheney pone los pelos de punta a cualquier persona que se asome a la tragedia humana en Afganistán e Irak Lamentablemente ello no ocurre con los estadunidenses La razón: el miedo que le provocan tantas advertencias sobre su vulnerabilidad a nuevas tragedias como la de hace tres años en Nueva York, Washington y Pensilvania Las encuestas de opinión realizadas por los medios de comunicación estadunidenses en la etapa posterior a la Convención Republicana, registran un alto nivel de posibilidades de que Bush sea reelecto como presidente El electorado estadunidense está dividido, pero espantado De eso se aprovechan los estrategas políticos de Bush La declaración de Cheney lo ilustra A Kerry le falta algo No convence a los electores, no les llega Pareciera que no tiene el ímpetu ni la energía para defenderse de los ataques republicanos No ha sabido capitalizar los errores de la política del miedo de Bush y Cheney Ante el estancamiento de Kerry, el expresidente Bill Clinton –quien se encontraba en la cama de un hospital, a punto de entrar al quirófano--, tomó el teléfono para aconsejar políticamente al candidato demócrata Pareció en vano el esfuerzo del expresidente: Kerry no despega Si la Constitución estadunidense permitiera a Clinton ser de nuevo candidato presidencial, ya estaría desacreditando a Bush y a Cheney con sus propias armas Diría: “si un voto demócrata es un voto a favor de la muerte o de los terroristas, y uno republicano garantiza seguridad y el fin del terrorismo, ¿por qué entonces la Casa Blanca no hizo nada para prevenir los ataques del 11 de septiembre de 2001 a pesar de que habían sido advertidos de que Bin Laden planeaba atacarnos en nuestro propio territorio? Y si son tan buenos en la guerra contra los malosos ¿Por qué entonces Bin Laden sigue suelto y sin que ustedes tengan la menor idea de dónde se encuentra escondido?” Eso estaría diciendo Clinton, pero no Kerry, el hombre que quiere acabar con la política bélica que tanto desprestigio mundial le ha dado a Estados Unidos en los últimos tres años

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