La mala educación: Perversa y fascinante

lunes, 27 de septiembre de 2004
México, D F, 27 de septiembre (apro)- Rayando entre lo perverso y lo sublime, entre lo sutil y lo explícito, entre la melancolía de un hermoso amor y el abuso sexual, esta cinta de Pedro Almodóvar es algo sumamente desconcertante, o más bien perturbador Al final no sabemos si sentir aprecio y compasión por los personajes o una total repulsión Y, sin embargo, la cinta consigue despertar nuestra fascinación Por otro lado, más allá de los sentimientos que produce La mala educación es importante destacar la introducción de elementos poco usados en las cintas de Almodóvar, como lo son las influencias del género negro y la utilización únicamente de hombres, cuando en todas sus cintas, las mujeres eran casi reinas absolutas La historia gira en torno a Ignacio y Enrique, amigos y amantes de la infancia, durante su estancia en un colegio de sacerdotes; una relación que se ve interrumpida gracias al padre Manolo (Daniel Giménez Cacho) que ama a Ignacio, y quien en una arranque de celos y sobreprotección expulsa a Enrique de la escuela Años más tarde, Enrique (Fele Martínez), ahora convertido en un director de cine, es visitado por Ignacio (Gael García) --cuyo nombre artístico es Ángel Andrade-- quien le lleva una historia corta, escrita por él mismo, en la que se describen los hechos arriba mencionados y un encuentro ficticio entre ambos en el presente La intención de Ignacio no sólo es que Enrique haga película su cuento, sino que sea el mismo Ignacio, ahora convertido en actor, quien protagonice la cinta Enrique gusta de la historia, pero no está seguro de que Ignacio dé el ancho para el papel, como tampoco está seguro de que Ignacio sea en realidad Ignacio o, por lo menos, este “Ignacio” está escondiendo algo Oscuros secretos y encuentros desagradables se harán presentes a lo largo de la historia, a la vez que las respuestas darán diversos giros a la trama El “pero” que esta historia puede tener es que el último giro podría resultar no tan impactante como sucede en muchos thrillers, en donde toda la tensión se desahoga En el caso de La mala educación ya no había tensión alguna y de pronto nos meten ese giro inesperado, que más allá de añadir un elemento dramático importante queda más como a manera de epílogo Lo anterior es un arma de doble filo, pues como puede aumentar la fascinación por la historia, podría estar sobrando para muchos, pues los nuevos elementos no tienen tiempo para desarrollarse Las actuaciones son excelentes con un Giménez Cacho llorando de amor, un amor perverso, cuando el pequeño Ignacio canta, pasando por Fele Martínez y terminando con Gael, quien realiza una actuación memorable cuando debe interpretar a un travesti

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