Solicitud

lunes, 10 de enero de 2005
México, D F, 10 de enero (apro)- Respetables y respetados Reyes Magos: acostumbrados como están a recibir, por estas fechas, millones de cartas de inocentes infantes pidiéndoles regalos, seguro que les sorprenderá la presente, por ser de un adulto y por lo que les va a pedir Insólito, digo, les parecerá lo que les solicito; para que me entiendan y atiendan, de inicio les informo de los motivos que me impulsaron a escribirles Considerando que la llamada mundialización, universalización o globalización, como quieran denominar el modo de ida en que nos movemos, es vista, e impuesta por ser estimada ineluctable, es decir, inevitable e imposible luchar contra ella, en definitiva: “que vino para quedarse”, como nos aseguran los que “sí saben cómo hacerla” Teniendo en cuenta que si bien es verdad que la ineluctable globalización se nos ofrece como toda una seductora retórica que habla y habla de pluralismo incluyente, de respeto hacia las minorías y los individuos, no lo es menos si a sus decisiones y hechos vamos, por aquellos de “obras son amores y no buenas razones”, se puede decir de ella que es sibilina y sibilantemente gatopardesca, ya que, como serpiente que se muerde la cola, está cambiando todo en una vuelta de 360 grados con la que envuelve y deja todo como al principio Vean por qué lo digo Por siglos, el hombre, en su proceso de socialización, fue, más que otra cosa, un sumiso sirviente de las diferentes deidades en las que creía Con el correr del tiempo, por lo que gusten y manden, su pensar se fue haciendo más y más laico, con lo que progresivamente fue independizando a la sociedad y a los que la gobernaban de la influencia de las diversas instituciones religiosas que antes dominaban En el siglo XVII, las teorías de Hobbes y Locke, ingleses ellos, el primero con su defensa y justificación, por necesidad, del absolutismo del Estado y el reconocimiento y prédica de la soberanía popular, el segundo, pusieron a discusión pública un tema que, desde años atrás, venía inquietando de diversas maneras a no pocos estudiosos y cuyo punto central era si “el hombre vive para el Estado o el Estado debe servir al hombre” Las apasionadas discusiones sobre este punto, las tajantes, en ocasiones sangrientas incluso, decisiones por llevar a la práctica la idea de Hobbes o la de Locke, fue la clave de la dinámica de la historia apenas hasta ayer Hoy, con la ineluctable globalización, comprobamos con sorpresa que el viejo problema está rebasado, que hay que reconocer y admitir, aunque ello nos produzca orquitis a tantos, que la realidad constante y sonante es que el hombre ha nacido y debe vivir para servir a la economía, el representante más poderoso de la misma, el gran capital ¿Pues qué, no conforma y dirige nuestra existencia individual la denominada “macroeconomía”? ¿No el poder, necesidades e intereses del gran capital están haciendo que se replieguen e incluso están carcomiendo, como polilla, soberanías nacionales? ¿Y no hasta los políticos, en su mayoría, sumisamente no bailan al son de la música que toca el mismo? Mis respetables y respetados Reyes Magos, ¿acaso estoy equivocado en lo que he escrito? Por si todo lo anterior fuera poco, luego está que el tan cacareado pluralismo incluyente, respetuoso de pueblos e individuos, ha dado, al menos a la fecha, en la intolerante hegemonía del país más poderoso, los USA, cuyos ciudadanos, ¿ingenuos o cínicos?, presumen que tienen la mejor democracia que puede comprar el dinero Lamentable, pues a juzgar por sus dos últimas elecciones, al menos el cincuenta por ciento más uno de los estadunidenses, se han puesto en evidencia por su elección y reelección para presidente de su país a esa especie de Ubú que es G W Bush Recordemos que Ubú, personaje creado por el francés Alfred Jarry, representa la eterna imbecilidad del hombre, su hipocresía, su brutal agresividad y su estúpida arrogancia ¡Qué situación tan peligrosa para el mundo! Lo digo por aquello de la indiscutible hegemonía de los USA y el delegar la misma en manos de tal sujeto Por lo expuesto, espero de su comprensión que no se sorprendan y atiendan mi solicitud: que hagan valer sus buenos oficios ante el Señor de los cielos, al que cuando niño rindieron tan fervorosa reverencia, para que dé un sentido más humano a “la que llegó para quedarse”, a la ineluctable globalización ¡Ese sí que sería un espléndido regalo para todos, para chicos y grandes, respetables y respetados Reyes Magos! ¡Que así sea! ¿Lo intentarán? INOCENCIO BUENAFE

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