Carta a Ofelia Guilmáin

sábado, 15 de enero de 2005
México, D F, 14 de enero (apro)- El 18 de enero de 1993, el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda, entonces también crítico teatral de la revista Proceso, publicó a manera de misiva su columna y la tituló “Carta a una curiosa actriz”, dirigida a Ofelia Guilmáin, quien falleció este viernes A continuación se reproduce Señora Ofelia Guilmáin Presente Estimada señora: El domingo pasado fui a verla a la Sala Chopin, porque me dijeron que usted celebraba sus primeros cincuenta años y quise participar del festejo Pensé que se referían a su edad, pero, oh sorpresa, luego supe que era de actividad profesional Pues ¿a qué edad empezaría esta señora? me pregunté Le confieso que no me gusta mucho el teatro de John Patrick, autor de la obra en que usted trabaja, porque prefiero a David Mamet o a Sam Shepard, cercanos a la realidad actual, pero fui y qué bueno porque me tocó ser testigo de algo insólito en la Ciudad de México: Usted sí tiene público, que llena todas las localidades Al abrirse el telón y al transcurrir la obra, pensé muchas cosas Que usted merece una escenografía más creativa y una obra menos fácil, pues buenas faenas ha hecho siempre con textos de mayor envergadura Que usted merece un reparto de su misma experiencia, talla y peso, para que veamos un mano a mano, como en otras tardes suyas, tan recordadas Luego entendí el porqué del reparto, cuando la vi partir plaza acompañada de una mujer de bella y agresiva estampa, que resultó ser Lucía, su hija, y de otra llamada Esther, también su hija, y de noveles novilleros, que resultaron ser sus nietos, al lado de otros picadores, banderilleros y toreros, algunos de procedencia universitaria, como Josefo Rodríguez La obra transcurría y yo seguía haciéndome preguntas ¿Por qué viene la gente a ver a esta curiosa actriz en una obra sencilla, de chistes blancos y trama ingenua en donde la generosidad de una mujer es vista como locura por los ojos de los demás? Ni modo, la gente no viene por el autor, ni por la obra, qué le vamos a hacer, me dije Tampoco por la Sala Chopin, que fue un importante foro teatral en otras épocas, pero que ya estaba olvidado Este público formado por señores y señoras bien vestidos, de segunda y tercera edad, viene a este lugar por ver a Ofelia Guilmáin, que es casi una leyenda Algunos saben que usted nació Madrid, que en la Guerra Civil Española actuó en el grupo La Guerrilla Teatral, y que llegó a México en 1939 Otros afortunados vieron su debut en el Palacio de Bellas Artes Allá por 1940, en la obra Mujeres, de Benito Gibrián, o la aplaudieron en El Capitán Centellas, su primera película, en 1941 También la vieron en Las hermanas Blanch, en el teatro Ideal, yo no nacía entonces, o en teatro La Capilla, dirigida por Salvador Novo en Trece a la medianoche y A ocho columnas Usted lleva andado un larguísimo camino Cuando yo terminaba la primaria, usted ya era premiada como mejor actriz por la obra Miércoles de ceniza, y cuando apenas iba a la secundaria usted trabajaba con Buñuel en Nazarín y en El ángel exterminador Después, cuando yo andaba en la prepa usted hacía Sor ye ye, en el cine, y ya adulto me la encontré recorriendo el país con Lorca que te quiero Lorca Este público que ahora la acompaña la vio como Medea, como Celestina, como Cliptemnestra y después, seguramente, en Debiera haber obispas, en La ronda de la hechizada y en aquellas obras del Siglo de Oro y de los clásicos griegos en los teatros del Seguro Social Todo esto recuerda uno cuando usted aparece en escena, y pues uno se emociona y se une al aplauso de este público que acostumbra recibir así a sus artistas A mí, que la he visto tantas veces, me parece que ahora usted está muy contenida, muy medida en esta obra, como si no quisiera avasallar a ese reparto de jóvenes, que mucho han de estar aprendiendo a su lado Usted baja un poco su lugar para no opacar ¿No le digo? Si todas las madres y abuelas son igual de protectoras En las últimas escenas usted saca el colmillo, su sabiduría, su oficio y su conocimiento del público, porque maneja pausas, gestos mínimos y un tiempo escénico, haciendo lo que quiere con las emociones de nosotros sus espectadores Me dio mucho gusto, señora, que exista todavía la Sala Chopin; que todavía exista un público que agote localidades: que haya una familia teatral de abuela, hijos y nietos Pero más gusto me da que exista usted, mujer de teatro, guerrera de tantas batallas y que tengamos Ofelia Guilmáin para muchos años Atentamente, El pasajero de avión, que no le ha cumplido su promesa

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