El valor de las piezas

lunes, 17 de enero de 2005
México, D F, 17 de enero (apro)- Ayer iba de regreso a casa, pasando por las interminables obras del segundo piso Escuchaba la radio en alguno de esos noticieros nocturnos De pronto, una nota sobre unas declaraciones del secretario de Gobernación, Santiago Creel, me hicieron prestar atención El ilustre político, en una gira en donde apela a que haya más preparación de la sociedad civil a posibles desastres naturales (ya ven, hasta el tsunami de Asia es buen argumento para hacer proselitismo político), decía así (palabras más, palabras menos): Hombre prevenido, vale por dos, pero deberíamos decir ahora hombre y mujer prevenidos valen por dos, valen por toda la sociedad [] No mencionar a la mujer ya no se vale Desde luego que su discurso va con la tónica de los tiempos Es incorrectamente político no mencionar a las mujeres directamente Por ello mismo, la moda ridícula del presidente Fox de decir ciudadanos y ciudadanas, chiquillos y chiquillas, mexicanos y mexicanas, sólo cumple con aquello de que ésta es una sociedad igual para hombres y mujeres De ahí entonces que la rotonda de los hombres ilustres ahora se llame la rotonda de las personas ilustres Y si a esto le añaden a Marta Sahagún y sus discursos de mujer maltratada, pues tenemos el cuadro completo Ridículo tras ridículo En el ajedrez, por ejemplo, las piezas tienen su propio valor La dama es mucho más poderosa que el rey, que en su movimiento podríamos considerarlo tímido El peón, por ejemplo, aunque es la pieza menos valiosa en términos numéricos, pues sólo vale la unidad, (la dama es el equivalente a nueve peones, la torre a cinco, los caballos y los alfiles a tres El rey no tiene valor numérico porque sin él, el juego se termina), es capaz de promoverse o “coronarse” en dama o cualquier otra pieza Así, incluso el peón tiene sus propias debilidades y fortaleza Regresando a la reina, a la dama en ajedrez, sola, en medio del tablero, puede dominar 27 casillas, casi la mitad de las 64 que componen un tablero escaqueado La torre, por su parte, puede dominar 14 casillas en un tablero vacío, sin importar si está en una esquina o en el centro del tablero Los caballos, en cambio, en su mejor posición dominan solamente ocho escaques, mientras que en la esquina, sólo dos Sin embargo, los caballos pueden brincar piezas, lo cual es un atributo único Los alfiles, en la medida que se acercan al centro dominan, 7, 9, 11 y 13 casillas (siempre considerando el tablero vacío) Este ejercicio elemental sobre la geometría de las piezas nos indica la primera idea que nace para poder jugar mejor al ajedrez: controlar el centro, pues ahí es donde las figuras tienen mayor fuerza e injerencia Regresando al asunto con el que se inició este artículo, es evidente que querer poner a la par a hombres y mujeres es equivalente, en ajedrez, a querer decir que los alfiles y los caballos deben considerarse iguales O que el rey y la dama debemos asignarles el mismo valor en la lucha ajedrecística No lo son Cada pieza tiene su valor y actividad específica Decir que los hombres y mujeres son iguales en algunos terrenos no quiere decir que deban serlo en todo Para empezar, hombres y mujeres son diferentes De entrada, los hombres tienen pene y las mujeres, vagina Eso ya no nos hace iguales Si vamos a récords mundiales, encontraremos que los registros de los hombres tampoco son comparables con los de las mujeres La fuerza masculina permite ventajas sobre lo que las mujeres pueden hacer Y vaya, tan se sabe que son diferentes, que en las olimpiadas no corren los 100 metros planos mixtos Las mujeres participan en las olimpiadas con sus congéneres femeninos y los hombres con los suyos Así pues, cuando se dice: el hombre es la medida de todas las cosas, por ejemplo, no tiene por qué ser cambiado a el hombre y la mujer son la medida de todas las cosas Eso es hasta risible Aquí hombre se interpreta como raza Y si el presidente dice: los mexicanos deben ver al futuro con optimismo entonces se sobreentiende que hablamos de mexicanos y mexicanas En mexicanos se incluyen a todos No se excluye a nadie Entiendo, desde luego, que la idea de incluir explícitamente a las mujeres pretende hacer ver que son iguales para los derechos civiles, como el votar, tener trabajo, derecho incluso a un nombre propio Pero estos derechos no están peleados con las diferencias que tenemos como hombres y mujeres Tan lo sabemos, que la ley al menos, otorga ciertas ventajas en sus actividades laborales a las mujeres que acaban de parir o que están en época de amamantar a sus hijos ¿No pretenderíamos quitarle esas ventajas para que hombres y mujeres sean iguales, verdad? Así las cosas, mejor me voy a dar algunos jaques

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