La industria de la muerte

domingo, 30 de enero de 2005
En el campo de concentración nazi de Auschwitz murieron cientos de miles de personas, la mayoría judíos A 60 años de su liberación, muchos de los que salieron con vida se sienten culpables por el mero hecho de sobrevivir; otros no olvidan ni quieren hacerlo Tal es el caso de Kurt Julius Goldstein, presidente honorario del Comité Internacional de Auschwitz, quien cuenta su experiencia a Proceso en la edición que circula a partir de este domingo 30 de enero Sin más nombre que el número tallado sobre la carne, los prisioneros sobrevivían como mejor podían, a merced del trabajo forzado, el frío y el hambre, los golpes y el interrogatorio, la inyección letal y las ejecuciones En 1942, el objetivo principal del régimen nazi pasó a ser la “solución final”, la Endlösung, el exterminio de los judíos europeos Después de probar con prisioneros soviéticos y polacos el insecticida Ciclón B en una cámara de gas fija, el sistema de aniquilación encontró al fin forma: cámara de gas unida al crematorio Cientos de miles de personas deben su muerte a este invento En un bosque en las afueras del pueblo de Oswiecim comenzó a construirse sin demora el campo de exterminio Se llamó Birkenau o Auschwitz II El viento que procedía de la cámara de gas y el crematorio traía consigo el humo pesado y dulce que cubría las barracas como una niebla pestilente, dice a Proceso el doctor en historia Adam Koenig, otro de los sobrevivientes al holocausto Cuando las cuatro cámaras y sus crematorios funcionaban en su totalidad, en Birkenau se quemaban 4 mil 400 cadáveres por día Incluso en la actualidad, a pesar de que han transcurrido seis décadas, a veces se despierta gritando, cuenta Goldstein a Proceso en su edición que circula a partir de este domingo 30 de enero

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