La difícil lucha por la paz

lunes, 17 de octubre de 2005
Belfast, 17 de octubre (apro) - Llueve y hace frío en la capital de Irlanda del Norte Las calles de la gris ciudad georgiana, semi-inundadas y rodeadas por el ennegrecido río Lagan, parecen un fiel reflejo de lo que ocurre en este país: la inmovilidad y empantanamiento de un proceso de negociación de paz que intenta resolver un conflicto religioso y sectario entre católicos y protestantes, que lleva siglos sin resolverse En este húmedo rincón ubicado al nordeste de la isla irlandesa, católicos nacionalistas a favor de la unificación con la República de Irlanda y protestantes unionistas, que insisten con el vínculo directo con Gran Bretaña, viven enfrentados por siglos sin encontrar una solución al problema de convivencia entre ambas religiones y grupos políticos, acrecentado en la actualidad por un alto índice de marginalidad, pobreza y criminalidad en todo el país Desde que en 1603 el último jefe gaélico fue derrotado, la isla de Irlanda permaneció bajo dominio británico hasta 1921, año en el que se firmó la paz entre el gobierno británico y el líder del Ejército Republicano Irlandés (ERI), Michael Collins El Tratado Anglo-Irlandés creó el Estado Libre irlandés compuesto por todos los condados de la isla excepto los seis que forman Irlanda del Norte, donde los problemas entre católicos y protestantes siguen hasta hoy y donde, desde 1970, los enfrentamientos violentos con la policía han sido continuos Uno de los escenarios donde se libra este conflicto es la calle Springfield Road, al este de Belfast A lo largo de ella se realiza cada año el tradicional desfile unionista de la Orden de Orange, que busca pasar por el enclave católico ubicado en medio de vecinos de barrios protestantes El más reciente enfrentamiento violento inició por la noche del domingo 11 de septiembre y continuó tres días más Lo protagonizaron jóvenes protestantes contra la policía El saldo: más de 60 heridos, 50 de ellos oficiales de policía, además de destrozos en viviendas y automóviles incendiados que --después de una noche aterradora-- dejaron un penetrante olor a petróleo Como cada año, la tradicional Orden de Orange --creada a finales del siglo XVII como respuesta victoriosa de las tropas protestantes de Jaime I y Guillermo de Orange contra los embates católicos a orillas del río Boyne (Irlanda)-- busca pasar con sus estandartes y banderas naranjas por ese barrio católico de pocas cuadras Para los católicos, es una provocación: los protestantes quieren seguir remarcando siglos de dominación británica Pero esta vez, la Comisión de Desfiles Públicos se negó a que los protestantes atravesaran un área católica en previsión de los destrozos y enfrentamientos que seguirían entre uno y otro bando Las marchas religiosas son parte del gran drama que se vive en el Ulster, ya que ni católicos ni protestantes quieren que desfiles de grupos opuestos atraviesen sus barrios Un odio sectario de siglos los ha mantenido separados, a metros unos de otros, sin siquiera compartir escuelas, bares, restaurantes e, incluso, locales de venta de periódicos Por las calles de Belfast se palpa a cada paso un conflicto que se libra también en el palacio de gobierno de Dublín, y en los pasillos del Parlamento en Londres, donde se intenta destrabar el impasse político norirlandés y abrir las negociaciones por la paz y la convivencia sin violencia Calle del infierno Sobre Springfield Road, un local de venta de periódicos irlandeses de tono católico, The Local Newsagent, muestra las contradicciones de un país que aún se debate por salir adelante, aunque los niveles de desempleo y de marginalidad por consumo de drogas aumenten a paso galopante, y las diferencias con la rica República de Irlanda sean cada vez más notables Sharon O?Hanna, dueña del local y cuya familia católica lleva viviendo en el lugar más de medio siglo, cuenta a Apro la "pesadilla" que fue haber vivido las tensas horas durante los enfrentamientos del mes pasado, las peores en los últimos meses en el Ulster "Parecía una escena del infierno Los jóvenes protestantes arrojando bombas molotov a la policía Los tanques antidisturbios Los robos Nuestras familias están cansadas de tanta violencia y odio Queremos vivir en paz", comenta la mujer, de 53 años, quien se definió como una católica que quiere vivir sin más resentimientos ni odios, aunque mostró dudas de que la comunidad protestante quiera vivir en paz con los católicos Estos enfrentamientos provocaron, a su vez, agresiones verbales entre los líderes de las comunidades nacionalistas católicas y los de las unionistas protestantes Unos a otros se culparon por los hechos de violencia y por poner en peligro la negociación por una solución política Hugh Orde, jefe de la policía de Belfast, acusó a la Orden del Orange de "inspirar los disturbios", pues los ancianos de esa antigua organización instigaron a los jóvenes protestantes a enfrentarse con la policía, cuyos agentes --acorazados con cascos y protectores especiales y apoyados por tanques de guerra-- dispararon gases lacrimógenos para detener la violencia O?Hanna dice que "nadie sabe escucharse" porque, cuando el odio es tan antiguo y lleva tantos años entre la gente, "es muy difícil erradicarlo" "Es como un cáncer que crece y crece O se extirpa de una vez, o no se sale del pozo" Sin embargo, es optimista: "Hay que salir adelante y poner en marcha el Acuerdo del Viernes Santo, cueste lo que cueste" La mujer se refiere al histórico acuerdo que lograron, en 1998, entre otros, el líder del Partido Social Democrático y Laborista católico (SDLP, por sus siglas en inglés) John Hume; el protestante del Unionista del Ulster (UUP) David Trimble; la recientemente fallecida exsecretaria para Irlanda del Norte, Mo Mowlan, que representaba a Londres, y Gerry Adams y Martin McGuinness, ambos del partido católico del Sinn Fein, brazo político del Ejército Republicano Irlandés (ERI) Este acuerdo logró crear un gobierno independiente de Londres: la Asamblea de Stormont, que permitía a todos los partidos del Ulster -- católicos nacionalistas y unionistas protestantes-- sentarse en una misma mesa de diálogo para resolver los problemas del país, con la consiguiente retirada parcial de las tropas británicas de Irlanda del Norte y la desmilitarización de todos los grupos paramilitares El Acuerdo del Viernes Santo fue el primer gran logro del flamante gobierno del laborista Tony Blair, que puso todo su peso político para terminar con décadas de conflictos Sin embargo, ese gran sueño tan buscado por todos duró poco, ya que la Asamblea de Stormont fue suspendida de manera definitiva en octubre de 2002, después de que el ERI acusó de que, en las oficinas del ejecutivo de Belfast, se realizaba espionaje El gobierno de Belfast sigue suspendido y las instituciones políticas norirlandesas son manejadas desde Londres Para ambas comunidades, católicos y protestantes, los desafíos siguen siendo muchos "El problema más grave aquí es la segregación, la criminalidad y la falta de empleo Si nuestros jóvenes no tienen trabajo, buscarán problemas en las calles Falta más decisión política por parte de los dirigentes, para realmente solucionar los problemas que tenemos en este país", dijo O?Hanna La semana pasada, el primer ministro irlandés Bertie Ahern, y su colega británico, Tony Blair, se reunieron por más de dos horas en la residencia de Downing Street, en Londres, para analizar la situación en Irlanda del Norte y el reciente anuncio del ERI sobre el cese de 30 años de lucha armada y el abandono de sus arsenales y armas de guerra Este anuncio del grupo católico rebelde, siguió al del 26 de septiembre pasado por parte de la Comisión Independiente de Decomiso de Armas, que lidera el general canadiense John de Chastelain, sobre la destrucción de todos los arsenales militares del ERI La confirmación fue aplaudida por los grupos católicos y nacionalistas, como el Sinn Fein y el SDLP, pero vista con dudas por el ultraconservador Partido Democrático Unionista (DUP), del reverendo Ian Paisley, que insiste en negarse a sentarse en la mesa de diálogo con Gerry Adams y Martin McGuinness, "hasta que el ERI y los grupos paramilitares católicos dejen las armas y lo demuestren con evidencia fotográfica conclusiva" Tanto Londres como Dublín confirmaron esta semana que reavivarán el próximo año el proceso de paz en el Ulster, un objetivo que parece escapársele de las manos a Blair, quien en varias oportunidades estuvo cerca de lograr este desafío, y en todas ellas salió con las manos vacías El último intento fue en septiembre del año pasado en el castillo de Leeds, en el sur de Inglaterra, cuando, tras haber prometido que se llegaría a un acuerdo con todas las partes y cuando el ERI había prometido dejar las armas, todo el proceso de paz se colapsó luego de que el DUP le exigió al grupo católico paramilitar evidencia fotográfica concreta por el supuesto Rápidamente, el Sinn Fein rechazó el pedido por considerarlo "prepotente y amenazador" El mayor inconveniente es que, por el momento, el DUP de Paisley es el partido mayoritario del Ulster, y el de mayor poder a la hora de determinar las políticas del país "Pánico" inducido "El problema de Irlanda del Norte está mejorando Los partidos están dispuestos a dialogar porque se está viendo un avance en la lucha contra la violencia paramilitar, pero aún queda mucho por hacer y falta mayor interés por destrabar las diferencias", declaró a Apro una fuente del gobierno británico, que pidió el anonimato La tarea parece cada vez más compleja, en especial, cuando se camina por las calles de Belfast, y se habla con la gente en las oscuras calles de la ciudad Mark Thompson, un estudiante protestante de la Universidad Queen?s de Belfast, que estudia historia norirlandesa contemporánea, es tajante: "El problema no sólo existe a un nivel político, sino en lo cotidiano Esto ha ocurrido siempre y ha sido el eje de las disputas La convivencia entre protestantes y católicos es crucial para alcanzar la paz Pero muchos aquí ni siquiera están preparados para compartir pacíficamente la tierra" Además, los protestantes se sienten marginados y abandonados por Gran Bretaña, después de que el Ejército británico inició una rápida retirada, luego de que el ERI anunció el fin de la lucha armada No hace falta más que caminar por la periferia de Belfast, donde varios puestos de control pertenecientes a las Fuerzas Armadas británicas se desmantelaron como "forma de pago" del gobierno británico, por la decisión del ERI de dejar de una vez por todas las armas Pero ese paso de Londres no fue suficiente Los grupos paramilitares protestantes, como la Fuerza de Voluntarios del Ulster (UVF) y la Asociación de Defensa del Ulster (UDA), aún siguen manteniendo sus arsenales y, según la policía del Ulster, están vinculados con actividades criminales, especialmente con el tráfico de armas y el lavado de dinero por drogas Ambos grupos habrían participado activamente de los incidentes y enfrentamientos de violencia de Springfield Road, alentando a jóvenes desempleados a arrojar bombas caseras contra agentes de la policía local y soldados británicos De la misma forma, el ERI fue acusado por las autoridades del país de haber sido responsable, en diciembre pasado, del robo de 26 millones de libras esterlinas del Northern Bank de Belfast, en una redada que, por su complejidad y ejecución, hizo pensar más en una película de Hollywood Pero un fuerte golpe para el ERI llegó la noche del pasado 30 de enero En un bar de Belfast, justamente a pocas cuadras de Springfield Road, el católico Robert McCartney fue asesinado a sangre fría tras una pelea con supuestos miembros del ERI, en un caso que recorrió el mundo y que vio a las hermanas del hombre comenzar una campaña para conocer la verdad del suceso dentro de la comunidad católica del Ulster Los que lo mataron, por un incidente banal, eran de un grupo del ERI de su propio barrio, el Short Strand, uno de los feudos más duros del republicanismo en Irlanda del Norte Los familiares de McCartney destaparon las contradicciones dentro de la comunidad católica que, aunque quiere la paz, se niega a denunciar hechos delictivos o criminales cometidos en nombre de la "causa nacionalista" El matiz del conflicto tomó la semana pasada otro giro cuando la humilde escuela primaria protestante Harryville Primary School, del pueblo de Ballymena, en el condado de Antrim, fue atacada con una bomba casera, que provocó la evacuación inmediata del establecimiento que alberga a 147 niños, pero sin cobrarse heridos o víctimas fatales Este condado es justamente el de Ian Paisley, quien se negó a condenar el hecho, por considerarlo un episodio confuso Lo cierto es que la policía confirmó que el jardinero de la escuela, John Turran, fue golpeado por la bomba casera, cuando alguien la arrojó por la pared colindante Pero el artefacto no explotó Tres meses antes, el departamento anti-explosivos del ejército británico fue llamado a la misma escuela, tras hallarse varias bombas caseras en las proximidades del edificio, todas ellas desactivadas Paisley, que no tardó en realizar una visita al lugar, pidió el arresto de los responsables Aseguró que éstos provenían de facciones nacionalistas armadas Philip McGuigan, miembro parlamentario del Sinn Fein, culpa, por su parte, al DUP y a los grupos protestantes unionistas, de crear una situación de "pánico" en Antrim, en el norte del Ulster Para el diputado, "es muy desafortunado" que los niños sean los primeros que paguen las consecuencias de la violencia En Belfast sigue cayendo la lluvia copiosamente y la gente va y viene por las calles céntricas como ajena a la tormenta Casi no se miran a los ojos En la esquina de Howard Street y Bedford Street, a pocos metros del City Hall, la alcaldía de Belfast y del edificio de la ópera de la ciudad, el pub The Crow se llena de protestantes que quieren escapar del agua y el frío Dentro, la televisión transmite las noticias locales: las inundaciones en varias partes del país; el aumento del consumo de cocaína entre los más jóvenes; el diálogo esperanzador que mantuvieron esa tarde Blair y Ahern "La paz se consigue con la convivencia diaria, con el respeto mutuo, y eso es algo que ambas comunidades, católicos y protestantes, tenemos que ganarnos Son muchos años de disputas y recelos, pero también hay esperanzas", cuenta el dueño del lugar, el electricista Malcolm Gormley Irlanda del Norte quiere dejar a un costado siglos de conflicto civil religioso y sectario que, durante los últimos 30 años, costó la vida de unas 3 mil 100 personas, entre protestantes y católicos

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