El PAN y las libertades

viernes, 21 de octubre de 2005
México, D F, 20 de octubre (apro)- En momentos en que el Partido Acción Nacional (PAN) enfrenta la peor coyuntura interna en su historia, en la que afloran las conductas fraudulentas contra las que luchó desde su origen, uno de sus militantes prominentes, Carlos Abascal Carranza, se desdice de su compromiso como autoridad ante la ley y se asume como monaguillo del clero Ni una cosa ni otra era imprevisible: La corrupción, manifestada en prácticas fraudulentas como las acaecidas en las dos primeras rondas de la elección interna en el PAN, y la deposición de la Constitución a la ideología, en el caso de Abascal, eran cuestión de tiempo Uno y otro asunto son graves; y es inadmisible que pasen desapercibidos ante el escándalo suscitado en el PRI, cuya liquidación total del precandidato Arturo Montiel se había demorado y con un Roberto Madrazo que ahora se enfila como una de las opciones de los ciudadanos para suceder a Vicente Fox A la hora de escribir esta entrega, la Comisión de Elecciones del PAN, presidida por María Elena Álvarez de Vicencio, analizaba tomar decisiones respecto de las quejas de los tres precandidatos panistas sobre conductas desplegadas en las dos primeras rondas de votación y cuyo desenlace implica un adelanto de lo que pasará el domingo siguiente con la tercera y última jornada comicial Más allá de las decisiones que tome esa comisión --arreglo o ajuste de cuentas--, lo que no debe olvidar la militancia y, mucho menos, la sociedad son las conductas cometidas por personajes en ese partido que se propuso, desde su fundación, combatir ese tipo de corrupción que corre el riesgo de quedar impune No tendría ese partido autoridad política, y menos moral, presentarse ante los potenciales votantes con el pendiente de las prácticas fraudulentas entre sus propios compañeros, porque el mensaje que se enviaría, sería, justamente, que son capaces de cometerlas también a ciudadanos que no los tienen como opción El PAN se debate, entonces, entre la convalidación de la impunidad, con tal de evitar un mayor escándalo público que les impacte en las elecciones presidenciales, o retomar el rumbo de la legalidad y castigar a quienes, en lo individual, cometieron faltas De ello depende su solvencia moral ante los electores Lo otro, la conducta reciente de Abascal, es otro asunto que concierte a todos los mexicanos La libertad de conciencia a la que invoca Abascal es un derecho consagrado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en las leyes; y, como ciudadano, tiene todo el derecho de asumir las conductas que, como creyente, ordena su iglesia; pero como secretario de Gobernación, sabe que tiene la obligación legal de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, por encima de sus particulares creencias La convalidación de Abascal a la desobediencia convocada el domingo por el cardenal Norberto Rivera Carrera, implica una peligrosa asechanza a las libertades y reaviva un debate que debió haber quedado superado tras la confrontación entre mexicanos en la década de los veinte Abascal atenta contra el Estado laico al convalidar el llamado de Rivera Carrera, y da lugar a acciones contrarias a la ley y en detrimento de las instituciones, cuyo fortalecimiento --según el discurso oficial-- deben robustecerse Al asumir el cargo, en junio, Abascal se comprometió a no imponer sus particulares creencias, pero bien pronto ha cambiado de opinión, sencillamente porque nunca habló con la verdad Se trata, una vez más, del doble discurso del gobierno foxista en general y de la Organización Nacional del Yunque, en particular, cuyo fundamentalismo tendrá costos para el país, sobre todo en el contexto de la disputa por la nación Nadie está en contra de las creencias personales de Abascal, aun cuando sean ostensibles, pero lo peligroso es que, como la segunda autoridad del país, invoque a la rebelión Esta conducta, es preciso subrayarlo, es lo que realmente conspira contra la democracia Nadie puede quedarse callado al respecto Comentarios: delgado@procesocommx

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