Las íes y sus puntos

lunes, 26 de diciembre de 2005
México, D F, 26 de diciembre (apro)- Confusos y confundidos humanos: teniendo en cuenta que esos estados de ánimo, en gran medida, los deben a los malos manejos por su parte de esta su servidora y a que fácilmente son olvidadizos y ceden al engaño, digo: qué bueno que un eminente representante de su especie; eminente precisamente por su pasión y tratamiento magistral que da una servidora, en alta tribuna me haya utilizado para aclarar acciones que afectan a todos ustedes Les felicito por ello, ya que hechos parecidos, tienen que admitirlo, no son frecuentes Y tendrían que serlo, pues los mismos sirven para su bien al revelarles o recordarles significados, intenciones y consecuencias de acciones tanto individuales como colectivas Por eso, aunque no me ha sorprendido, sí me disgusta y digo: qué malo que ese hecho haya tenido tan poca resonancia en eso que ustedes llaman medios de información, sobre todo en los electrónicos y principalmente en la TV ¿A qué creen ustedes que se deba? Por lo anterior, vuelvo a decir: qué bueno que, expresando el sentir de no pocos de ustedes, lo reconozco, el dramaturgo inglés, Harold Pinter, en su discurso de aceptación del premio Nobel de Literatura de este 2005, haya puesto los puntos sobre las íes en ese affaire tan conflictivo como el de Irak Qué bueno, repito, que contra los que ¿por ignorancia, estupidez u obsceno cálculo que beneficia sus muy individuales intereses o de grupos de poder? olvidan ¿o será que ocultan?, que el olor a petróleo apestó la guerra de agresión a Irak y sigue apestando la ocupación del mismo, Harold Pinter les haya recordado que: "La invasión de Irak fue un acto de bandoleros, un acto de flagrante terrorismo de Estado, que demostró un absoluto desprecio por la ley internacional" Qué bueno, insisto, que contra los que por ignorancia o estolidez, en el mejor de los casos y en el peor por cínicas conveniencias personales o de grupos de presión a los que sirven, creen o fingen creer e intentan por todos los medios a su disposición convencer a otros de que la guerra de Irak fue inevitable, de justificarla presentándola como una necesidad de expansión de la democracia y la libertad, ese su dramaturgo inglés haya señalado: "Hemos traído torturas, bombas con esquirlas, innumerables actos de asesinato, miseria, degradación y muerte al pueblo iraquí, y a eso lo consideramos traer libertad y democracia al Medio Oriente" Reitero, qué bueno que, contra los que por aviesos e inconfesables intereses o bien por falta de luces, letras o noticias llaman demócratas y consideran paladines de la libertad a los principales incitadores de la guerra de Irak, es decir, a GW Bush y T Blair, y se empeñan, con todos los medios a su alcance, en que así se los considere y se les vea, Harold Pinter les pregunte: "¿Cuántas personas hay que matar para que alguien sea calificado como un homicida en masa y como un criminal de guerra? ¿Cien mil?" Y es de admirar, digo, que ante intereses inconfesables, silencios cómplices, entupidas incomprensiones, miedos o indiferencias que ocultan, disfrazan, no entienden, hacen que no ven o se desatienden de los horrores que encierran la guerra y ocupación de Irak, el dramaturgo Harold Pinter, en consecuente lógica con los mismos haya pedido que el presidente de Estados Unidos, George W Bush, y el primer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair, sean llevados ante el tribunal internacional de Justicia de La Haya por presuntos crímenes de guerra Como les decía al principio, les felicito por lo dicho por Harold Pinter; les felicito porque su personalidad y la alta tribuna en que lo dijo, da una mayor relevancia, robustece y confiere una más amplia resonancia al sentir de no pocos de ustedes, que bien lo necesitan, pues sus voces, en ese hoy que respiran, que se dice y presume de democrático, incluyente y respetuoso de las diferencias, poderosos grupos procuran que no se oigan porque así conviene a sus muy particulares intereses Por mi parte, lo admito, me alegra y satisface la pasión que Harold Pinter siente por una servidora y la indignación que le causa al ver que otros me manejan de manera impropia, distorsionada o hipócrita, y no por tonta vanidad de mi parte, ¡no!, sino porque como él piensa y ha dicho bien, el uso distorsionado o hipócrita de esta servidora de ustedes, es en extremo peligroso por destructivo, ya que una servidora conforma y dirige en gran medida a todos ustedes, hombres Sin más por el momento y, como siempre, incondicionalmente a su disposición para lo que gusten y manden LA PALABRA

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