El legado del caricaturista Armando Guerrero Edwards

lunes, 14 de febrero de 2005
* El historiador Agustín Sánchez González publica un libro sobre el tema * Cuenta el origen de la tira Chicharrín y el sargento Pistolas México, D F, 14 de febrero (apro)- Nacido en Pachuca, Hidalgo, en 1903, el caricaturista Armando Guerrero Edwards y su famosa tira Chicharrín y el sargento Pistolas, fueron objeto de una investigación por parte del historiador Agustín Sánchez González, quien se ha especializado en el estudio de la caricatura El resultado del también investigador del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) del Instituto Nacional de Bellas Artes y asesor del Museo de la Caricatura, se publica en un pequeño volumen de 47 páginas titulado Guerrero Edwards Imagen y perseverancia, coeditado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y la Sociedad Mexicana de Caricaturistas, en la colección “Patrimonio Artístico” El presidente de dicha organización de caricaturistas, José Luis Diego Hernández “Trizas”, explica en la presentación del volumen que desde su fundación la sociedad se ha propuesto la reivindicación y valoración del trabajo de su gremio, así como el rescate de la historia de la caricatura “Don Armando --agrega-- fue el creador de personajes que se convirtieron en iconos dentro de nuestra historia Chicharrín y el sargento Pistolas han quedado en la memoria colectiva, han hecho reír a varias generaciones de mexicanos” Aunque la caricatura ha ido ganando espacios y cuenta desde marzo de 1987 con el Museo de la Caricatura ubicado en el Antiguo Colegio de Cristo, en la calle de Donceles en el Centro Histórico de esta ciudad, lo cierto es que su historia aún está por hacerse, pero la escasez de información y datos sobre sus creadores es terrible Así lo señala Sánchez González al destacar la poca información que se tiene sobre Guerrero Edwards, de quien se sabe nació en el barrio Minero El Mosco, en Pachuca, el 20 de diciembre de 1903 Refiere el investigador que el propio caricaturista relató que había quedado huérfano, por lo cual fue llevado a vivir con unos tíos en la Ciudad de México, pero se escapó a los diez años, aunque en otras entrevistas dijo también que a los once o doce años Y cita lo consignado por la revista Lapiztola, en julio de 1994: “Tenía apenas once años cuando se escapó de su casa para irse a la Revolución Anduvo con los soldados, a los que les servía de mascota y de tambor Relató que una de sus obligaciones era levantarse muy temprano para ir a conseguir agua para la comida y el aseo” De hecho, agrega el historiador, su famoso personaje el sargento Pistolas, se inspiró en un militar Su carrera como caricaturista comenzó en 1924 cuando el diario El Universal convocó a un concurso de caricatura, pero entonces firmaba como Orerr-Eug, esto es Guerrero al revés Sánchez González indica que pese a que no ganó el concurso sí quedó entre los veinte mejores y se le publicaron varios de sus trabajos Y es en 1926 cuando comienza a publicar sus caricaturas más en forma A lo largo de su trayectoria creó historietas como Vida y milagros de Pinolillo y Nacho Naranjas, Aventuras de Pirrucha y Ranilla, esta última en el campo de la publicidad para anunciar marcas de cigarros de la fábrica El Buen Tono Chicharrín y el sargento Pistolas nació el 27 de enero de 1936 en el primer número del vespertino del periódico Excélsior, llamado Últimas Noticias: “Guerrero Edwards es llamado a colaborar con una tira cómica en la nueva publicación, y lo hace inventando dos personajes: Chicharrín, un niño travieso, y el sargento Pistolas, un miliar abusivo y manipulador que siempre paga sus arbitrariedades” El historiador cita a Armando Bartra y Juan Manuel Aurrecoechea, quienes consideran a Guerrero Edwards como un precursor de la historieta, y destacan que sus personajes, creados en las primeras décadas del siglo XX, se mantuvieron vigentes hasta los noventa: “Chicharrín, el sargento y Pirrucha son fósiles vivientes, testimonio aún animado de las historietas mexicanas precursoras, y su autor bien merece un monumento a la perseverancia” } El ensayo de Sánchez González abarca sólo seis páginas del pequeño volumen y la segunda parte del libro reproduce algunas de las tiras del caricaturista, quien falleció en 1995

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