Ray Charles va al cine

lunes, 21 de febrero de 2005
México, D F, 21 de febrero (apro)- Impactante, conmovedora, fiel Así es la personificación del recientemente fallecido Ray Charles que el actor Jamie Foxx realiza en la pantalla grande para la película Ray, dirigida por Taylor Hackford (An Officer and A Gentelmen) y que actualmente se perfila como una de las mejores y acaso, la triunfadora, en la próxima entrega de los Premios Óscar de la Academia Cinematográfica de Hollywood en Estados Unidos, a finales de este mes El arte electrizante, doloroso y lleno de alma rítmica que encumbró a Ray Charles es documentado en esta espléndida cinta gracias a dos aciertos Por un lado está la brillante actuación de Foxx, quien es también pianista y cultivó una muy cercana amistad con el artista al final de sus días, en su casa de Beverly Hills, y hasta su fallecimiento a los 74 años el 10 de junio del 2004, por problemas del hígado Y, en segundo lugar, debido a que la historia se hallaba ya en la biografía que el mismo Charles redactara, para ser adaptada con algunas puliditas en el guión del director Hackford y James L White Este último punto merece destacarse Si bien abundan las memorias de gente famosa donde sus autores ofrecen sólo convenientes lados soleados en su defensa y magro favor, Ray Charles cuenta la suya con detalles espléndidos que salpica en mares de anécdotas para armar el esqueleto real que mueve esta película, por ejemplo: su nombre lo creó cuando le sugirieron cambiar su verdadero Ray Robinson a Ray Charles, debido a que otro similar ya existía y pertenecía, ni más ni menos, al boxeador Sugar Ray Robinson (según la revista especializada The Ring “el mejor pugilista de todos los tiempos”, un campeón que jamás visitó la lona en su exitosa carrera y al que Cassius Clay o Mohammed Alí lo considerase “el rey, mi ídolo, mi maestro”) Y también, su fuerte afición durante 21 años por la heroína (enganche del que salió por voluntad propia, asegura); sus infidelidades, el racismo padecido y, last but not least, su mal carácter, que espantaba a amigos, amigas y músicos, cuando no los largaba para siempre de su lado Aun así, la foto sale bien: los tics nerviosos, la manera acelerada de tropezar con las palabras y su genio musical desarrollado con manía perfeccionista están más que bien representados en la pantalla por Jamie Foxx, quien además hace la mímica del cantor al tocar el piano con una sincronización notable Ambos, Ray y Foxx parecen respirar al unísono en interpretaciones como I’ve Got a Woman, Hit The Road Jack, What I’d Say, Unchaine My Heart y Georgia On My Mind En Ray podemos admirar la vida de Ray Charles desde su humilde origen en la Georgia racista de 1930, siendo el segundo hijo de una lavandera negra llamada Aretha (la magnífica Sharon Warren en la cinta), quien jamás dejó de animarlo a sobrevivir sin bastón para no provocar lástima, a partir que el pequeño se fue quedando ciego (desde los cinco años y hasta los siete de edad), luego de ver a su hermanito mayor ahogarse en una tina de agua tal y como lo relata Charles en su libro Las primeras escenas de Ray ambientan las giras con una banda a la que se une por Seattle y lo pintan como un muchacho rebeldón que sabe lo que busca, un tanto arrogante por su cultura musical y un negrito de porte inocente pero nada fácil de engañar; alguien que lee Braille y es guiado sin un perro por los caminos de la existencia, exigiendo se le pague su salario como jazzista en billetes de a un dólar para contarlos bien y “ver” exactamente lo que está recibiendo en plata Cuando las cosas se ponen feas, nuestro Ray es capaz de agredir físicamente a quienes abusan de su ceguera Esta complejidad del personaje dota una riqueza maravillosa al filme Como el propio Ray escribió en su libro autobiográfico, su vida dio un giro cuando dejó de imitar a Nat King Cole y mezcló los cánticos sagrados del gospel con los blues sureños, levantando el ancla de su propio sello de identidad jazz, brotando como el indiscutible “Padre genial del soul” (aunque, en estricto honor a la verdad, Ray Charles no hacía soul) Charles tuvo la gloriosa idea de hacerse acompañar de tres chicas coristas suyas, Las Raylettes, quienes aportaron la respuesta del espíritu cachondo en la música ante el pregón de Ray, Hit The Road Jack, de aquellas primeras grabaciones para Atlantic Records Eran días en que fue descubierto e impulsado por sus mentores Jerry Wexler y Ahmet Ertegun (en la cinta Ray llevan estos roles Richard Schiff y Curtis Armstrong, respectivamente) Graba y comienza a amasar su fortuna A la postre, esta cinta refleja cómo Ray abandona a Wexler y Ertegum para llevarse su material a la disquera ABC en noviembre de 1959, lo que marcó el inicio de su periodo final, fresón, lleno de violines amelcochados y cancionetas campiranas sin nervio Como a Sansón, le cortaron su melena y Charles perdió su fuerza pero ganó más dinero Pese al magnífico retrato de Foxx como Ray Charles (con la pecata minuta de que extrañamos la altura gigantesca del mero mero y original Ray, ya que Foxx carece de la grandiosa altura física del difunto), hay varios desaciertos típicos del estilo Hollywood abusón que no escapan a un análisis más riguroso El defecto más grave es un exceso de tratamiento digno de un director salido de los divanes de la psicología (y pareciera que en ello azotan gacho muchos de los más chidos cineastas gringos, como sucede a Martin Scorsese en El aviador, con Leonardo di Caprio como Howard Hughes) Mal hecho: se trata de plantar ya desde la infancia el desarrollo del personaje a partir de un suceso frustrante que le ocurrió al protagonista cuando niño, como si el inconsciente colectivo de Estados Unidos estuviese pasando por un recuento analítico en un diván mundial para sanear culpas ancestrales En Ray, esta desmedida no otorga la plena justicia para un noble icono de la música norteamericana de hoy, ayer y siempre Se pierde así una exacta interpretación de juicio hacia un talento como el de Ray Charles, ahondando hasta la náusea con tanta regresión y flashbacks de cámara, tratando de explicar una y otra vez, gráficamente (como si los espectadores fuésemos retrasados mentales), que Ray vio, primero: morir a su hermano mayor y que así comenzó a quedarse ciego por contemplar aquella tragedia familiar (¿no también la mujer del circo se quedó así por ver lo que no debió?); y dos, que su madre lo impulsó a salir solo, fortaleciéndolo con frases de superación personal para trascender en un negro triunfador Los borlotes racistas de los sesenta y mucho de lo social queda opacado y prácticamente fuera de otra interpretación en Ray Cada vez que Ray (Foxx) va a hacer pipí o alucina agua en sus sueños de heroinómano, le viene a la memoria aquel incidente infausto de su hermano mayor ahogándose y ¡zaz!, otra vez va la burra (del director) al trigo (flashback de la muerte con aguas inundadas por doquier, sangre, la mamá lavandera corrigiéndolo) Es cuando pensamos que Ray sólo es una película Un genio como el de Ray Charles es, al final de cuentas, inapreciable en una interpretación reduccionista y freudiana Vaya un elogio de lugar común: la música de Ray vive en el corazón de quien la escucha y sabe sentirla Como él mismo

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