Negro expediente de Serrano Sixtos en Guanajuato y Michoacán

miércoles, 23 de febrero de 2005
* Javier y Jaime, destacados policías estatales, enfrentan acusaciones por homicidios y secuestro * Entre sus pendientes, el asesinato de colaboradores de Cárdenas Guanajtuato, Gto , 22 de febrero (apro)- Uno, presunto homicida; el otro, involucrado en secuestros Los hermanos Javier y Jaime Serrano Sixtos dejaron no solamente un rastro de triste memoria en los expedientes policiales en Guanajuato y Michoacán También fueron dos destacados agentes de las policías Judicial y Ministerial en ambas entidades, donde los dos lograron llegar hasta jefes de grupo y ser personas de toda la confianza de los procuradores con los que en su momento colaboraron Javier Serrano Sixtos fue detenido –las ironías del destino-- cuando la búsqueda de la Policía Ministerial de Guanajuato iba dirigida a localizar a su hermano Jaime, quien aquí fue subcoordinador estatal de esa corporación y desde hace más de dos años se encuentra prófugo, acusado de secuestro Es la fotografía de Jaime, y no la de Javier, la que aparece en la página de Internet de la Procuraduría de Justicia de Guanajuato, en su apartado de “Los más buscados”; pero fue Javier el que, a fin de cuentas también con una orden de aprehensión, fue detenido en la comunidad de San Nicolás de Los Agustinos, del municipio de Salvatierra, donde la familia de ambos tenía su domicilio desde mucho antes de que iniciaran su carrera policial y delictiva A Javier Serrano se le acusa de ser uno de los cómplices en el asesinato de dos de los más cercanos colaboradores de Cuauhtémoc Cárdenas en la campaña presidencial de 1988, con el Frente Democrático Nacional: Xavier Ovando y Román Gil Otro de los involucrados, el exprocurador de Michoacán, Juan Francisco Villa, fue detenido en 1993 Javier Serrano había sido jefe de grupo en la Judicial michoacana y colaboraba con Villa; pero años atrás, en los ochenta, había trabajado en Guanajuato junto con su hermano menor Jaime, quien, por cierto, también hizo un paréntesis en su carrera en esta entidad –luego de haber sido acusado de abuso de autoridad-- para trabajar unos meses en Michoacán Jaime Serrano, en cambio, hizo en Guanajuato una carrera que le mereció diversos reconocimientos, diplomas y méritos Tantos que el exprocurador (durante el gobierno de Vicente Fox) Felipe Arturo Camarena le tenía especial confianza Los hermanos son oriundos de Jaral del Progreso Jaime ingresó a la Policía Ministerial guanajuatense en febrero de 1983 Renunció al año siguiente, pero regresó en 1987 A partir de ese momento, fue jefe de los grupos de León, Moroleón, Salvatierra, Acámbaro, Valle de Santiago y Salamanca Después de ser también subcoordinador en las regiones de Celaya y León, renunció en abril de 1996 y reingresó por tercera ocasión en octubre de ese mismo año, cuando fue delegado de zona adscrito al despacho del director de la Judicial Entonces era Felipe Camarena el procurador, y Vicente Fox el gobernador del estado En el 2002, al ser acusado de secuestro, se le giró un procedimiento administrativo por la Procuraduría y fue detenido en Celaya, de donde escapó después de presentar un amparo, y antes de que le fuera cumplimentada la orden de aprehensión que ya se había girado en su contra Fue gracias a la información telefónica recabada con algunos contactos como se tuvo conocimiento de que los hermanos Serrano Sixtos acudían con frecuencia a dormir a su casa en la comunidad salvaterrense, según informó Juan Pablo Vázquez Sotelo, coordinador de la Policía Ministerial del estado “Esperábamos que fuera Jaime Pero bueno, de Javier teníamos también el oficio de colaboración que nos envió la Procuraduría del Distrito Federal”, que consigna el proceso penal 144/94, por lo que fue detenido al salir de la vivienda, la más apartada de esa comunidad “Javier Serrano estuvo aquí en la entonces Judicial; se fue como un policía cualquiera y allá lo hicieron jefe de grupo”, refirió Vázquez Sotelo a la agencia Apro Aunque ante las autoridades locales el detenido negó haber participado en los homicidios de Ovando y Gil, admitió que recibía otras “órdenes” relacionadas con las luchas políticas de esos momentos

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