Nicaragua: Los misiles de la discordia

sábado, 26 de febrero de 2005
San Salvador, 28 de febrero (apro) - A Washington le sobran razones para odiar los tan cuestionados misiles antiaéreos SAM-7 que posee el ejército nicaragüense: en la década de 1980, cuando Nicaragua era asediada por las fuerzas contrarrevolucionarias financiadas por el gobierno de Ronald Reagan, aquellas “flechas modernas” neutralizaron los suministros que desde el aire hacían los estadunidenses a los focos de la “contra” en el norte montañoso del país Una evidencia irrefutable de la participación de Estados Unidos fue el derribo de una nave que piloteaba un experimentado aviador de guerra: Eugene Hasenfus Este hecho puso al descubierto el escándalo que se conoció más tarde como “Irangate” o “Irán-Contras” Por otra parte, cuando la guerra salvadoreña estaba en su apogeo y cuando se contemplaba un empate estratégico, la guerrilla salvadoreña derribó con un SAM-7 un helicóptero de guerra en una zona de conflicto Aquello cambiaba la correlación de fuerzas porque neutralizaba la aviación del ejército Pero también significó un “escándalo” entre las superpotencias: Estados Unidos y la ahora extinta Unión Soviética El entonces rebelde Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) fue obligado a regresar los misiles a los arsenales de Nicaragua, pero la guerra se perfiló más hacia el proceso de negociación, que finalmente culminó en enero de 1992 Ahora los misiles han ocasionado una nueva discordia entre Nicaragua y Estados Unidos Recientemente se ha involucrado a un grupo de sicarios mexicanos ligados a la narcoactividad Todo pareciera una película de ficción si no significara un verdadero peligro el tratar de involucrar al ejército de un pequeño país como un presunto vendedor de armas muy letales a bandas de delincuentes que pretenden asesinar a mandatarios de la región y a grupos terroristas islámicos que atentarían a la civilización occidental El exjefe del Ejército de Nicaragua, general Javier Carrión, desmintió aquella supuesta venta en reiteradas ocasiones, puesto que los misiles bajo su responsabilidad han estado resguardados y supervisados a través de un inventario internacional que controla la Organización Naciones Unidas (ONU) Soviéticos entregaron los SAM-7 Jacinto Suárez, diputado al Parlamento Centroamericano (Parlacen) y dirigente del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) –partido que estaba en el poder cuando los soviéticos le entregaron los misiles SAM-7 al gobierno revolucionario de Daniel Ortega--, ofrece su explicación de los hechos Suárez era miembro de la seguridad sandinista cuando se descubrió que en 1991 unos militares nicaragüenses le entregaron nueve misiles SAM-7 a la guerrilla salvadoreña, que luego ésta se vio obligada a devolver a sus dueños, el entonces Ejército Popular Sandinista (EPS) Suárez rememora que en la década de 1980 la antigua Unión Soviética le entregó a Nicaragua, como parte de su cooperación militar, un lote de más de 2 mil COM y C4M, llamadas “flechas”, también conocidas como SAM-7 “Nicaragua no podía tener entonces aviones interceptores o cazas para defender el espacio aéreo Por los costos y todo lo que conllevaba mantener una aviación en época de guerra”, apuntó Suárez reiteró que las “flechas” fueron armas estrictamente defensivas que se usaron en contra de los “contras”, apoyados por Estados Unidos Recuerda que la “contra” también recibió una arma estadunidense homóloga a las “flechas” denominada “Red Eye” “Al terminarse la guerra en 1990 todo este armamento fue recogido y enviado a almacenes Hubo armas de esas que no fueron controladas y no llegaron a almacenes, porque en algún momento se repartieron indiscriminadamente o algunas se perdieron en los combates”, explica Suárez “El entonces Ejército Sandinista hizo un inventario y se lo entregó a las Naciones Unidas con el número de misiles y de los tubos propulsores El ejército se responsabiliza de ello, y están reservados y guardados dentro de los almacenes”, dijo Suárez De estos misiles unos mil han sido destruidos por órdenes del presidente Enrique Bolaños, quien se comprometió en 2003 con el exsecretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, para deshacerse de dicho armamento que Washington tiene temor de que llegue a manos de terroristas “Desde 1991 hasta la fecha ni una sola de las ‘flechas’ que están en los almacenes militares ha aparecido en manos ajenas”, recalca Suárez La venta de un misil La alerta y la preocupación de Washington han surgido porque el Parlamento nicaragüense, dominado por la oposición --gran parte de ella sandinista-- promulgó una ley en la que le prohíbe al presidente Bolaños destruir, vender o enajenar cualquier tipo de activo militar Pero, además, porque la policía de Nicaragua localizó un misil en desuso en manos de un particular, al que Suárez identifica como “excontra” A finales del año pasado los empresarios nicaragüense Jorge Iván Pineda y Oscar Rivera Lacayo, fueron detenidos en un operativo policial en el que, al parecer, estaba vinculada gente del Departamento de Antinarcóticos (DEA), de Estados Unidos, que acusaron a Pineda y Rivera de estar involucrados en una compra-venta de un misil SAM-7, que el juzgado comprobó que está en desuso y que no corresponde a los arsenales del ejército Pineda y Rivera denunciaron que todo fue un “montaje de la CIA” para involucrarlos, pero lo cierto es que recientemente autoridades de Washington encabezadas por la subsecretaria adjunta interina para Asuntos Políticos y Militares del Departamento de Estado, Rose Likins –exembajadora en El Salvador--, estuvo en Nicaragua tratando de lograr un acuerdo con el gobierno de Bolaños para que se destruya la totalidad de los misiles que están en los arsenales Bolaños se ha comprometido en destruir 600 de los mil misiles que quedan, pero su compromiso no puede hacerse efectivo sin la autorización de Parlamento, que es dominado por la oposición Analistas locales estiman que Washington se apresura en tratar de finiquitar el tema de los misiles en Nicaragua debido que el año próximo esta nación celebrará elecciones presidenciales y en las que pudiera ascender al poder un gobierno sandinista de izquierda, que en el pasado tuvo excelentes relaciones con los países árabes enemigos de Estados Unidos, así como con movimientos armados latinoamericanos, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que al tener armas como los SAM-7 podría la guerra interna en un punto distinto al actual

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