El Bembé del "Mamboleto" Ernesto Márquez

lunes, 21 de marzo de 2005
México, D F, 21 de marzo (apro)- Si usted es hombre, lector, sabrá que el canto hechicero de las mujeres es el que verdaderamente mueve los hilos para controlar el ritmo de nuestras vidas; pero, si usted aún duda, sugiero que lea la siguiente historia Sucedió en agosto de 1985 Yo acababa de conocer a una lindísima tabasqueña, bailarina, de cadera ancha y sonrisa tropical cuya debilidad era el danzón Ya por el año 1983 yo había tomado algunos cursillos de bailes de salón con un profe en los talleres libres del Museo Universitario del Chopo, de la UNAM; pero no sería sino hasta después de conocer a la chica de Villahermosa cuando me atreví: dejaría de oír rock hasta conquistarla, aprendería a bailar danzón y, formalmente, solicitaría al periodista Ernesto Márquez García --alias “Mamboleto” y estrella de la pluma sonera de la revista Tiempo Libre-- que me hiciera el favor de revelarme algunos secretos de la música afrocubana --Muy bien, mi negro –respondió con su ronca y amable voz de “choco” al abordarlo-- Desde ahora voy a darte un consejo y lección número uno: lo más importante en esta guanábana es la clave Quien pueda seguir a tiempo el ritmo de la clave tac-tac-tac tac-tác en un danzón, está salvado Vendrás este viernes con todos los colegas de Tiempo Libre al bembé para el debut del “Diablo de la salsa”, Óscar D’León, en el Bar León Fuimos “todos”, un par de colegas con quienes colaborábamos en Tiempo Libre --dirigido en aquella época por Rodolfo Rojas Zea, a quien conocía yo desde el Excélsior de Julio Scherer--; el simpa guerrerense Freddy Secundino y el sinaloense Luis Gastélum (guasón me había presentado a “Mamboleto” como salsero nacido en La Habana), además de Márquez y yo El Bar León estaba hasta el full para ver debutar al artista venezolano Hasta atrás y en un rincón, bebimos una botella de ron añejo Bacardí con Coca-Cola y bailamos al compás del son con los locochones del Grupo Caliente Ya sudorosos, pedimos otra y brindando, llegó el turno de Óscar D’León con su poderosa orquesta y “Mamboleto” se acercó a mí: --¿Estudiaste la primera lección, mi negro? A ver, suena la clave de este son montuno en tus palmas, sigue al tipo que toca esas dos maderitas Tac-tac-tac Breve pausa y enseguida dos rápidos tac-tác Y otra vez: Tac-tac-tac Tac-tác Así, de vuelta: Tac-tac-tac --¡Excelente, excelente, mi negro! En la clave está tu salvavidas del ritmo tropical, la base, lo fundamental del son de la selva! Te voy a dejar de tarea que cuando llegues a casa pongas el disco de Los Rolling Stones con la samba “Simpatía por el diablo” y sigas la clave como se te antoje (Nota del autor: En el ritmo de samba brasileira, la clave de los tres primeros golpes son igual que para el danzón: Tac-tac-tac Luego, otro silencio idéntico; pero ya para los dos últimos tac-tac varían, pues no se ligan igual de rápido en la samba: uno se tarda más y hace una brevísima pausa, antes del segundo golpe Tac-tac-tac, pausita y: tác, una pausita y cierra el otro tác --en lugar de los dos muy juntos finales como en la cubana: tac-tác) --¿Y la segunda lección? –pregunté cuando no me pareció ir tan descuadrado con los tacs de la clave cubana “Mamboleto” señaló al timbalero: --Calma, mi negro, calma No pierdas los tacs; pero pon atención en ese tipo que está sonando la tarola con una baqueta, el de los timbales, el que se parece a Tito Puente “Ahora, mi negro, clávate en las tumbadoras, el conguero al lado de los timbales Muchos califican a la música afroantillana de repetitiva y están equivocados, pues no es lo mismo un merengue a un danzón; un cha cha chá a un bolero; una cumbia a un ska, un son a un guaguancó Por eso importa distinguir que todos esos músicos enfrente de ti sacudiendo los cueros y las maderas, están llevando ritmos completamente diferentes, al grado que los movimientos iniciales de múltiples sinfonías románticas europeas nos pondrían a dormir por su monotonía rítmica, ante estos chamacos con sus latidos salvajes” Era verdad Los contratiempos se quebraban a cada rato y Márquez me hizo voltear a ver al diminuto bongocero, sentado en un banquito cerca del suelo del escenario, con sus manotas oscuras: --¡Los bongoes, mi negro, otra virtud de la música afroantillana! Ése bongó está en su rollo, aparte del timbalero o el de la conga, y sin embargo, van tocando un mismo son cubano Oye allá, al del cencerro Y aquel otro chamaco del güiro A que no te has fijado en las maracas Entonces perdí la clave y “Mamboleto” simuló darme una bofetada --¿Entiendes por qué la música afrocubana posee tanta riqueza rítmica? Sus melodías percutivas dialogan con la conga retumbando la piel; y mira qué bellas filigranas de la baqueta en la tarola Es la timba de la vida en un coro de angelitos negros, soto Cuando esperaba que “Mamboleto” explicara otros instrumentos armónicos como el piano, los “pitos” o alientos (trombón, trompeta, et al), las melodías, los coros y el bajo, me habló de sopetón: --Bueno, ahora ya olvida toda esta vaina que te he dicho Lo que ahora sigue no es para analizarse, sino para gozar Y ahí estaba, con su gordo contrabajo, el caraqueño Óscar D’León: Es que tú no quieres que yo a ti te quiera, siempre tú me esquivas de alguna manera Llorarás y llorarás Tres horas, una espléndida velada Óscar D’ León hasta improvisó un verso para nosotros, aunque equivocó el nombre de la publicación donde yo colaboraba en aquel agosto de 1985, Proceso: Desde Venezuela hermana que mi corazón les vibre a la prensa mamboleta que escribe en el Tiempo Libre y también el bembé clave, con este grandioso abrazo pa’l buen periodista amigo, de la revista Progreso “Mamboleto”, soltó una carcajada: --Si algún día hago una revista le voy a poner Bembé --¿Qué significa? --Bembé es un ritmo; pero también la ocasión y el espacio para que los cuerpos se gocen, para la libertad del movimiento de un viaje que para el corazón, un caudal de ritmos que van del bembé al danzón, de la conga a la guajira, del mambo al reggae En efecto, “Mamboleto” llamó así a su publicación, Bembé: revista de información afroamericana, cuyo primer número apareció en agosto de 1997 (la palabra ya la incluían los ancianos contadores de relatos en Camerún, en el África negra, anunciando sus pregones con las frases: buwa bu iyano bu bembé: “el tiempo del cuento no tarda” En cuanto a mí, yo me casé con la bailarina tabasqueña en 1986 y en nuestra noche de boda, no faltó la música afrocubana, el chunchaca de Chico Ché ni de Laura León (“¿Qué hiciste abusadora?”), así como tampoco el sabor musical del bembé de “Mamboleto” y Óscar de León, cantando su cha cha chá “Calculadora”: Hay que ser como yo, bohemio y poeta, tener sentimiento, pero además corazón

Comentarios