¿Por qué?

lunes, 21 de marzo de 2005
México, DF, 21 de marzo (apro) - Humanos del presente: el que los entienda que los compre Eso pienso y digo porque después que han hecho de su hoy, segmento que les ha tocado vivir de este su servidor, lo que denominan “la era de la comunicación”, o lo que es lo mismo, “la edad de la informática”, de la que tan orgullosos están, no los comprendo, pues les veo confundidos y desorientados, incluso más que antes de la misma No me mal interpreten De entrada les informo que estoy conscientemente maravillado de que sus últimas prodigiosas invenciones, como el telégrafo, teléfono, radiofonía, aviones supersónicos, satélites artificiales, transistores, computadoras y el Internet, por ejemplo, como nunca antes posibiliten la comunicación casi instantánea de unos con otros y puedan trasladarse en menos de 24 horas a cualquier lugar de su planeta ¡Bravo! ¡Eso sí que es acortar distancias, “achicar”, en cierto modo, el mundo en el que viven! Con razón dicen los estudiosos del tema que a la Tierra la han convertido en una gran aldea, en la que sus habitantes, como jamás anteriormente, son vecinos por lejano que sea el lugar donde residan También reconozco admirado que gracias a sus portentosas creaciones citadas, por primera vez en su historia, hombres, todo individuo (por supuesto, si dispone de una computadora y sabe manejarla) tiene la posibilidad de mantenerse al corriente de cualquier suceso del presente, acceder a los del pasado, disponer de información preciosa y precisa sobre la materia que más le atraiga, o bien la que le sea necesaria para beneficiar sus muy particulares intereses, pues la red, en sus bancos de datos, registra, almacena, ordena y, cuando se le pide, reproduce variadísimos tipos de informes y reseñas Así mismo, admito sin reparo lo que dicen tantos investigadores de lo social: que esos hechos son como un estallido de lo que más demandan, y exigen: libertad e igualdad, propiciados y sostenidos por sus nombradas invenciones, al ofrecer y permitir las mismas que cada uno de ustedes, hombres, elija libremente saber más sobre lo que más necesite, o simplemente saber más sobre lo que le cautive o divierta o le entretenga Y ustedes dicen y están convencidos que la libertad para saber y más saber les acerca a la verdad, que cuanto más se acercan a la verdad, son más libres No se los discuto, pues me parece cierto, pero hay realidades que me hacen dudar de esa su aseveración Ahí les van algunas Si “la era de la comunicación” les hace más libre e iguales, ¿Por qué en su gran aldea se levantan muros entre algunos barrios (entiéndase países) que la integran? Muros que si a muertos vamos, han producido y siguen produciendo muchísimos más que el triste y nunca suficientemente vilipendiado muro de la ignominia, hoy afortunadamente desaparecido Si “la edad de la informática” ofrece la libertad, el acercamiento y la convivencia, ¿Por qué tantos de ustedes, hombres, hacen de sus hogares minifortalezas; ponen bardas en sus colonias, que no pocas veces bloquean el paso público, o bien ponen verjas y vigilancia privada a la entrada y salida de sus unidades habitacionales? Si “la era de la comunicación” facilita el acercamiento y con ello posibilita el que se conozcan y se comprendan más sabiamente para una mejor vida en común, ¿Por qué, a lo expuesto en el párrafo anterior, se agrega el que cada vez haya más negocios que se protejan con rejillas de grueso alambre? Si “la edad de la informática” ofrece, fomenta y permite como nunca antes el saber más y más y con ello acercarse más y más a la verdad, ¿Por qué en la misma se da una guerra tan injusta, ilegal y cruel como ha sido la agresión a Irak y su posterior ocupación, decidida unilateralmente y desencadenada por la torpe ignorancia de los servicios dizque de inteligencia, en el mejor de los casos o en el peor, por la fría y perversa orquestación de mentiras? Créanme, la verdad es que no puedo explicarme sus atroces guerras motivadas por la falacia o la torpe ignorancia ni la existencia de muros, bardas, verjas, policía privada y rejillas de alambrón entre la libertad e igualdad que ofrece y de las que tanto presume su denominada “era de la comunicación” o “edad de la informática”, de la que están tan orgullosos Esas contradicciones, ¿podrían aclarármelas ustedes, hombres? Con el deseo y esperanza que así sea por el bien de la comunicación, de la informática y el de todos ustedes, humanos, y así pueda comprender ese hoy que viven, segmento de este servidor EL TIEMPO

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