La última noche y un marketing engañoso

lunes, 18 de abril de 2005
México, D F, 18 de abril (apro)- Después de tanto postergarla, la cinta La última noche, de Alejandro Gamboa será estrenada a finales de este mes Por lo pronto, ya se pueden ver carteles que la anuncian El punto es que ellos, con Mariana Ávila semidesnuda, nos remiten más a un anuncio de table-dance que a la película misma La última noche no es tan provocadora como muestra el anuncio Sí, vemos un poco de “piel”, besos y caricias sensuales, pero todo está en un marco idealista (y hasta moralista): todos tienen sexo por amor, o bueno, casi todos, y los que no, resulta que poseen una razón de peso: la insatisfacción sexual --culpable de que seamos infieles--, que a su vez es causada por falta de educación sexual En medio de esto encontramos ruptura familiar, romances fallidos, pero eso sí, la esperanza del amor ideal nunca se pierde Por ello la pregunta persiste: ¿por qué sacar un anuncio que hace pensar que veremos una cinta de softporn? Sólo por vender más Está bien que el cine sea negocio, pero en ocasiones este afán por vender y vender hace que se pierda la esencia del producto Otro caso podemos encontrarlo en la Aldea de Shayamalan, una cinta que nos es vendida como algo puramente sobrenatural, cuando el verdadero fondo de las cosas no tiene nada que ver con “el más allá” O por ejemplo, Mente siniestra (“Hide & Seek”), estelarizada por Robert de Niro y Dakota Fanning, una cinta fantasmagórica cuyo final termina siendo cercano al Resplandor Otro ejemplo: Reencarnación (“Birth”), estelarizada por Nicole Kidman, filme puramente psicológico, cuya estrategia publicitaria no hace pensar en una trama sobrenatural Las consecuencias: una profunda decepción que se transmite de boca en boca al grado que nuestra supuesta estrategia resulta contraproducente Como espectador, sentimos que hemos sido víctimas de un fraude Si eso pasa con La última noche, sería una lástima, pues no es una mala cinta para cierto público Es una comedia romántica bonita, moralista y hasta didáctica El sexo que pasan es algo bastante púdico, lo necesario para no sentir que somos demasiado mochos, lo necesario para que cierto público valorice el papel del sexo en la pareja, por supuesto, sin caer en el “libertinaje” La última noche no va dirigida a adolescentes ansiosos de contenido sexual fuerte, sino más bien a los que apenas dejan entrar a ver películas clasificación B, para los que aún el mundo del tercer milenio es inexistente

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