Saldo a favor, de Eduardo Cruz Vázquez

lunes, 25 de abril de 2005
México, D F, 25 de abril (apro)- Su primer poemario en prosa entrega Eduardo Cruz Vázquez, hoy además agregado cultural de la embajada de México en Santa Fe de Bogotá, Colombia, en la colección Los Conjurados, de Común Presencia Editores, de ese país Se trata de 35 poemas, de los cuales el primero, “Paisaje interior”, funciona como prólogo, y el último, un epílogo, “Sonar en Colombia” Nacido en 1961, Cruz Vázquez ha sido además funcionario y reportero cultural Egresado de Comunicación de la UAM, ha publicado dos antologías de trabajo periodístico, Desde la frontera norte (1991) y Del mismo cuero salen las correas (2002) Para teatro escribió Los perros de Dios Obtuvo la beca Salvador Novo del Centro Mexicano de Escritores En la contraportada escribió de este bello volumen (que incluye una foto de desnudo femenino de Carlos Duque): “Entre la prosa y el ritmo del verso; entre la estampa, la crónica y la ficción se instala la nostalgia Entre la contestación política y la contestación erótica se dibuja la geografía de dos países: Colombia y México Así podría condensar la esencia literaria de este libro Dos geografías refractadas en un mismo espejo De un lado, el país del erotismo; de otro lado, el país de la muerte No crea el lector que el país de acá es el país de la muerte y el de allá es el del erotismo El autor ha invertido los imaginarios, porque así lo ha vivido como caminante en una y otra tierra Es que el de allá asume la muerte como suya, mientras el de acá elude la muerte al encubrirse en el erotismo Sin embargo, y aunque sobrevenga la contradicción, la muerte de acá es la real, porque acontece en cada minuto; la de allá es simbólica” Tomemos este texto, “Catedral de Veracruz”, como invitación para la lectura de este libro: Admito que estoy muerto y no resucitaré ni al tercer ni al cuarto día Nunca prediqué el Evangelio como otros: en desafiar a Dios estaba la gloria Creí en lo invisible, pero la retina pronto se hartó Busqué el pecado y no me bastó la penitencia Por obsesionarme en el pasado, nunca recuperé el futuro En el manantial púrpura quise hallar consuelo: lo tomé sin resultados También me visitaron el Espíritu Santo y Carlos Salinas y Emiliano Zapata y Pablo Escobar: nada trastocó el tumbo Después fui mendigo; quedé tuerto y cojo Todos los males se unieron; asesino, plagiario, bandido, burócrata, adúltero, infanticida, verdugo, monaguillo en una Catedral: un verdadero modernista La intemperancia del reino se me dio en unas cuantas décadas de vidorria Suplicar perdón, después de todo, es innecesario Quizá cuando te muestres

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