La justicia politizada

jueves, 28 de abril de 2005
México, DF, 27 de abril (apro) - Una de las aberraciones más evidentes del sistema de justicia mexicano, además de la corrupción, es la forma en que se ha politizado hasta el grado de provocar marchas multitudinarias, como la del domingo anterior, la cual, en el fondo, fue una protesta por la forma en que la Procuraduría General de la República (PGR) ha negado su origen y destino en el caso de Andrés Manuel López Obrador, que es la procuración de la justicia La corrupción de jueces, ministerios públicos y policías es “vox populi” desde hace mucho tiempo Pero la manipulación de casos por intereses políticos es un hecho que ha cobrado fuerza recientemente: empezó con el gobierno de Ernesto Zedillo de manera muy clara con el caso de Raúl Salinas, cuando se presentaron las pruebas de “La Paca”, pero ha cobrado mayor fuerza en la administración de Vicente Fox con casos como el de Pemexgate, Amigos de Fox, Vamos México, Lotería Nacional, el caso del predio de los Ramos Millán, por el cual el senador panista Diego Fernández de Cevallos pretendía ganar mil 500 millones de pesos y, por último, el predio de El Encino, por el que intentan meter a la cárcel a AMLO, con la consecuencia política de sacarlo de la carrera presidencial del 2006 La manipulación política de la justicia era una de las herencias que los mexicanos anhelábamos terminaran con el gobierno del cambio La historia de casos en los cuales el aparato de justicia en pleno se desviaba para no atender las denuncias en contra de autoridades –la matanza de Tlatelolco del 10 de junio del 71, Aguas Blancas y Acteal -- causaba no sólo desconfianza, sino aversión entre la gente en la calle y en los hogares “Con dinero baila el perro” era la respuesta popular cada vez que se tenía un problema con la justicia y se quería salir bien librado El coimeo a policías, ministerios públicos y jueces era la mejor ruta para inclinar la justicia a favor o en contra Bueno, pues ese atavismo no sólo permaneció con la llegada del gobierno foxista, sino que se incrementó y tomó nuevas facetas con la manipulación política de algunos de los casos mencionados, en donde a todas luces se observa la mano negra del poder público detrás de las decisiones judiciales Pero el caso más sonado y que ha trascendido a la opinión pública internacional es el de López Obrador A los ojos de los extranjeros, la historia de El Encino resulta una obra clásica del surrealismo mexicano por varias razones En primer lugar el meollo del problema es la construcción de un acceso a un hospital a través de un terreno que es privado, la decisión de expropiar los escasos metros para el acceso no lo hizo López Obrador, sino su antecesora, Rosario Robles Pero resulta que una vez que el juez ordenó detener las obras, al final ese acceso nunca se construyó En segundo lugar, el principal responsable de las obras que se hicieron fuera del área prohibida por el juez no fue López Obrador sino la Dirección de Obras del gobierno capitalino Sin embargo, según los criterios de la PGR, el delincuente, quien desacató la orden del juez, fue el jefe del GDF Con ese mismo criterio se hubiera podido acusar al presidente Fox por todas y cada una de las irregularidades que se han presentado en cualquiera de las áreas de su administración En tercer lugar, el dictamen de desafuero apoyado por PAN, PRI y PVEM, nunca pudo responder a una simple pregunta: dónde estaban los accesos en litigio, es decir, nunca pudieron identificar el terreno donde estaba el acceso prohibido Esto por una razón: porque nunca se construyó La historia surrealista de El Encino fue vista desde el extranjero como no la quieren ver en Los Pinos: como la manipulación política de un caso judicial para afectar al favorito en las encuestas a fin de ganar las elecciones del 2006 El peligro de esta politización de la justicia es que la gente se ha percatado desde el principio de este ardid y no está dispuesta a aceptarlo porque se percibe como abuso de poder La marcha del domingo anterior es la expresión más genuina y amplia que se haya visto en la historia política nacional del descontento ciudadano hacia una decisión retorcida de la justicia Es decir, hacia este abuso del poder político trasladado hacia la impartición de la justicia El presidente Vicente Fox fue el personaje al que se acusaba de esta manipulación en contra de López Obrador Este es el mensaje más claro que debe tener en cuenta el jefe del Ejecutivo, antes de seguir mostrando su molestia hacia las expresiones ciudadanas que lo siguen en todas sus giras Como presidente de la República, como principal responsable de impartir justicia --así lo marca la Constitución--, y sobre todo como el principal acusador en el caso del desafuero de AMLO, Vicente Fox está obligado a desenredar este problema que ha llevado a la polarización social Con la petición formal de un encuentro de parte de López Obrador, el presidente tiene la posibilidad de dar una salida jurídica y política al caso y preparar el terreno para que las elecciones del 2006 se desarrollen con tranquilidad En caso contrario, será el principal responsable de que el proceso electoral para la Presidencia llegue desacreditado y deslegitimado para los ojos no sólo de los mexicanos, sino de la opinión pública internacional, que ya lo está percibiendo así

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