La fábula del tiempo, de José Emilio Pacheco

lunes, 4 de abril de 2005
México, D F, 4 de abril (apro)- La lectura de un poeta como José Emilio Pacheco llega ya a la nueva generación de críticos literarios del país Así, Jorge Fernández Granados, uno de sus máximos exponentes, entrega para Ediciones Era una antología que se titula La fábula del tiempo Es efectivamente el tiempo quizá el actor central de la poética de Pacheco, a la manera de un dios mitológico cuya fuerza se expresara detrás de todos los eventos de la naturaleza Inolvidable es el título de uno de sus primeros libros, No me preguntes cómo pasa el tiempo, que arranca así: Pertenezco a una era fugitiva, mundo que se desploma ante mis ojos La antología de Fernández recoge obra de los 12 poemarios de JEP (sus siglas para firmar la columna “Inventario” en el semanario Proceso), incluye al final una bibliografía sobre la obra del autor y escribe el prólogo, que se reproduce a continuación: * * * Ya desde mediados del siglo XX, José Emilio Pacheco era considerado una figura central de su generación Su vasta obra, que abarca casi todos los géneros literarios, ha visto crecer en torno suyo un cuerpo crítico y de traducciones, pero sobre todo un público lector como pocas veces sucede en un autor vivo Es en la poesía donde esta obra ha encontrado probablemente sus mayores alcances y suma en la actualidad una docena de libros Los dos primeros títulos que abrieron dicha obra poética, Los elementos de la noche (1963) y El reposo del fuego (1966) son impecables y finos ejercicios de un virtuoso Poemas tempranamente maduros, dispuestos en series de meditaciones Se podría decir que son elegías de un lúcido pesimismo Ya desde estos libros aparecían ciertas constantes que serán reconocibles a lo largo de toda su obra: los ejemplos de la naturaleza (plantas y animales) como fuentes de alegorías y lecciones, el tiempo y la destrucción, el drama testimonial de cuya universalidad y pulcritud la situaron inmediatamente en muy alta estima No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969) fue un autoexamen, giro de 180 grados que declaró al poeta y a su obra como subproductos de una fuerza mayor: la historia Responder a la pregunta acerca del verdadero lugar de la poesía con la franqueza necesaria y, al mismo tiempo, parece el derrotero que toma su obra poética a partir de entonces… El tono conversacional de algunos poetas estadunidenses, la antipoesía de Nicanor Parra, el coloquialismo de Jaime Sabines y la crónica colectiva de Ernesto Cardenal o Enrique Lihn están más cerca de esta nueva voz de Pacheco, entre cuyos indudables méritos se cuentan la transparencia comunicativa, la exactitud, la ironía y la erudición revertida a la cotidianidad que hace de todas las venas literarias que lo alimentan una sola voz con capacidad a veces narrativa, a veces alegórica, a veces aforística; lenguaje extremamente cultivado que, sin embargo, produce la impresión de un habla llana Un tercer ciclo se abre con Miro la tierra (1986) Este ciclo, que se prolonga hasta el presente, incluye los libros Ciudad de la memoria (1989), El silencio de la luna (1996), La arena errante (1999) y Siglo pasado (desenlace) (2000) En él la tematización sobre el mal de la historia, el recurrente drama humano y la nostalgia de lo perdido ocupan el centro de su atención La crónica se funde con la poesía y la poesía se sincroniza con la historia La idea del devenir como desintegración cede su sitio a la del devenir como gran teatro de alegorías que se reiteran o se multiplican de manera a veces grotesca Tanto en esta etapa como en la anterior, el autor acude no pocas veces a un catálogo de asuntos y personajes --de pretextos podría decirse-- en los que el género de la fábula se actualiza bajo un nuevo muestrario Tal vez José Emilio Pacheco en esencia es un gran fabulista En su poesía los objetos, las personas, las plantas y sobre todo los animales operan con frecuencia como ejemplos de reflexión ante la cual habrá una conclusión de conducta o moraleja Así, asuntos del entorno doméstico o de la historia lejana son pie de una meditación moral La utilización de máscaras o personajes que toman la palabra para emitir un juicio que remite a la sociedad humana en su conjunto en un recurso empleado por él en varias ocasiones y particularmente en los poemas de la serie Circo de noche En estos poemas logra, con un duro humor negro que algo recuerda a la “Pinturas Negras” de Francisco de Goya o los dibujos de José Guadalupe Posada, una extrema parodia de la sociedad humana El espejo de la historia nos devuelve una fábula negra El ajuste, pertinente y riguroso, que José Emilio Pacheco hace de sus poemas escritos desde la juventud, es un proceso continuo con el paso de las ediciones Piezas ya clásicas de la poesía del siglo XX mexicano se ven sometidas a una revisión que las afina; e incluso, en algunos casos, a una extrema metamorfosis En esta continua tarea de relectura y corrección parece haber un requerimiento estético y, más aún, uno de tipo ético No se clausuran los poemas de José Emilio Pacheco en su primera versión; la fidelidad no es a un original --parece sugerirnos su autor--, sino al deber no culminado de la lectura y la escritura (o de la relectura y la reescritura) Estos poemas no tienen forma definitiva porque son un tiempo y en el tiempo No se conciben pues como fin sino como proceso permanente Con esta práctica Pacheco reafirma una convicción que manifestó casi desde los inicios de su carrera literaria: la convicción ante todo de su ejercicio poético y la inexistencia, por lo tanto, de un orden definitivo en él Otro aspecto a resaltar en el conjunto de su obra poética es que propone un ciclo al parecer completo Para esto hay que tener en cuenta que en este autor los recursos narrativos y periodísticos, lo mismo que el mito, la fábula y la alegoría, son estrategias literarias constantes, aun en su poesía Sólo que en esta última se encuentran concentrados bajo diversas formas reconocibles de prosa, etcétera) No obstante, es insoslayable el ascendente narrativo de esta obra poética, sobre todo a partir del libro No me preguntes cómo pasa el tiempo El conjunto general o gran ciclo poético en doce capítulos que nos ofrece su obra poética hasta la fecha está relacionado con la evolución del concepto mismo de poesía a lo largo de toda una vida Si Fernando Pessoa definió el sentido de sus heterónimos como un “drama en gente”, podríamos decir que Pacheco nos presenta en la suma de sus libros un “drama en géneros” De este modo, el relato discute con el ensayo y la crónica se alía con la fábula, y todas hablan y convencen a la poesía Por consiguiente, lo que discurre a través de estas páginas es también un gran cuestionamiento e indagación sobre el poeta y su oficio en la época contemporánea, así como sobre el pasado y el presente de este género… Es fallida toda intención de resumir a un autor En el mejor de los casos, confío en que esta selección conservará el perfil justo y los momentos más nítidos de un carácter A realzar ese carácter o espíritu de lo escrito es a lo que se encamina, con humildad, esta discutible cirugía Y por supuesto habrá que leer siempre, de primera mano, al autor sometido a una antología pues, por bien hecha que esté, no rebasará nunca el mero umbral, esta discutible cirugía El tiempo, por último, está del lado de un autor como José Emilio Pacheco En el tiempo --su fiel tema de temas-- ha encontrado una y otra vez la fuente y la expresión, ya decantada, de su propia escritura Las sumas y restas, las cimas y los valles de su oficio entregan un saldo no sólo favorable sino contundente de la hondura de un trabajo realizado a lo largo de casi medio siglo

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