Séptima, Octava y Novena Contradicción

martes, 5 de abril de 2005
Séptima contradicción Como obispo y luego como arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla tomó parte en el Concilio Vaticano II. Una vez que fue Papa, sin embargo, despreció la colegialidad del pontífice con los obispos, decretada por el propio Concilio. El pontífice declaró innumerables veces su fidelidad al Concilio, para después traicionarlo en los hechos a través de su "política interna". Los términos conciliares tales como "aggiornamento" (puesta al día), "el diálogo", "la colegialidad" y "la apertura ecuménica" fueron sustituidos por palabras tales como "restauración", "magisterio", "obediencia", "re-romanización". El criterio para el nombramiento de los obispos no se ha ajustado al espíritu del Evangelio y a la apertura mental pastoral, sino más bien a la fidelidad absoluta a las directrices romanas. Los defensores del Papa entre los obispos de lengua alemana, como Meisner, Dyba, Haas, Groer y Krenn, son algunos de los ejemplos más impactantes de esta política pastoral devastadora, la cual hizo descender peligrosamente el nivel moral e intelectual del episcopado. Un episcopado que se ha vuelto más mediocre, rígido, conservador y servil es quizá la hipoteca más pesada de este extenso pontificado. Octava contradicción El Papa buscó el diálogo con las religiones del mundo pero al mismo tiempo despreció a las confesiones no cristianas definiéndolas como "formas deficitarias de la fe". Durante sus viajes y sus "rezos por la paz", el Papa congregó gustosamente a su alrededor a dignatarios de otras iglesias y religiones. Sin embargo, aún no había indicios reales de su plegaria teológica. Por ello, el Papa se presentó sustancialmente como un "misionero" de la vieja escuela. Novena contradicción El Papa polaco asumió la función de representante de la fe en la Europa cristiana, pero su triunfalismo y su política reaccionaria favorecieron, por lo menos involuntariamente, la enemistad con Iglesia, si acaso no propiciaron, directamente, la animadversión contra el cristianismo mismo. La campaña de evangelización del Papa, cuyo punto central fue representado por una moral sexual muy poco adecuada para estos tiempos, discriminó a las mujeres, sobre todo a aquellas que demostraron tener opiniones divergentes a las de la Iglesia en las cuestiones controvertidas, tales como la contracepción, el aborto, el divorcio y la inseminación artificial. Ellas fueron catalogadas como portadoras de la "cultura de la muerte". A través de intervenciones políticas -como ocurrió en Alemania, entre el Parlamento y el Episcopado en el caso del conflicto sobre el tema del embarazo-, la Curia romana ha dado la impresión de no respetar la separación jurídica entre la Iglesia y el Estado. El Vaticano busca (a través del grupo parlamentario del Partido Popular europeo) ejercer presión también sobre el Parlamento Europeo, incentivando a los observadores particularmente cercanos a las ideas de Roma en las cuestiones relativas a la legislación sobre el aborto. En lugar de procurar soluciones razonables que consientan la mediación, la Curia romana con sus proclamas procuró, a nivel mundial, la polarización entre opositores y defensores del aborto, moralistas y libertinos. (Traducción: Sanjuana Martínez.) (Proceso 1483/3 de abril de 2005)

Poder contradictorio | 1a, 2a y 3a contradicción | 4a, 5a y 6a contradicción | 7a, 8a y 9a contradicción | 10a, 11a contradicción y conclusión

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