Cambio

lunes, 2 de mayo de 2005
México, DF, 2 de mayo (apro) - Molesto porque la globalidad incluyente, plural, respetuosa del individuo y las soberanías naciones, por la que caminamos después de la derrota del nefando Imperio del Mal, es rechazada, por incomprendida, por ciertas personas, es por lo que escribo la presente a este buzón Estimados (que lo cortés no quita lo valiente) disconformes con la globalidad: respeto su posición, pero me voy a permitir darles algunas razones en defensa de la misma; seguro que si reflexionan seriamente sobre ellas, van a cambiar de opinión Ahí les van Considero que con eso de la extensión de la democracia que impone la globalidad, los ciudadanos de los países en ella encarrilados, van teniendo la seguridad de que su poder individual, delegado en los que eligen por medio del voto, no será relegado, subordinado ni usado en beneficio de ningún interés personal o de grupo, sea nacional o extranjero Qué bueno que con la bendita globalización no se dé la posibilidad de “países satélites”, como ocurrió en el Imperio del Mal, pues ahora todas las naciones, hasta las más pequeñas, pueden competir, incluso con gigantes, en el libre mercado defendiendo los legítimos derechos de sus ciudadanos y sin trabas a su soberanía, sin temor a sanciones económicas o miedo a una intervención militar de otro país más poderoso que considere que tales acciones son una amenaza a su seguridad o a sus muy particulares intereses Y digo qué bueno, porque en este hoy globalifílico ya no se fomenta lo que en política se conoce como “quinta columna”, que en el pasado, no pocas veces alimentada la tal por el oro de Moscú, consiguió en algunos casos que el gobernante de un país, considerado enemigo, fuera depuesto y hasta asesinado por su propio pueblo Felicitémonos, pues gracias a la globalidad democrática, las naciones que caminan por ella se libraron de la maldición de gobiernos que, más que otra cosa, eran estados policiacos, hecho común en el Imperio del Mal, donde por el miedo, al ciudadano común se le degradaba a “soplón”, es decir, que espiaba y delataba al vecino, y esas lamentables actividades se alentaban y hasta se premiaban como si fueran valores esenciales del patriotismo Demos gracias de que con la globalidad incluyente y respetuosa de la pluralidad, a ninguna nación, por poderosa que sea, se le admite, sin que se le discuta, que se sienta elegida por la Providencia y, con ese pretexto, quiera ser el gendarme del mundo Admito que a la fecha ese discutírselo no es más que el recurso del pataleo ante el palo dado, ese que ni Dios quita, pero principios requieren las cosas ¿O no? Qué bien que por la democrática globalidad ya no haya país, por poderoso que sea, pueda, sin críticas, exportar su ideología de manera unilateral a otros pueblos o menos imponérsela por la fuerza, es decir, por medio de la guerra, y mucho menos si esa guerra es ilegal por estar basada en la felona mentira y, por añadidura, así como los atenienses tenían a los escitas para llevar a cabo las funciones de esbirros y carceleros, chantajes, a otras naciones para que desempeñen tan despreciables funciones Como en el caso anterior, estoy consciente que falta pasar del dicho al hecho, de las críticas a impedirlo ¿Se logrará? ¿Qué dicen? Por mi parte, estoy seguro que sí, pues lo expuesto, según mi leal saber y entender, demuestra y confirma que, con el cambio que significa la globalidad, la humanidad ya no soporta la imposición de un pensamiento único, como lo imponía en su peor tiempo la Iglesia de la Inquisición e intentó imponer el Imperio del Mal; sólo es cuestión de dar tiempo al tiempo para ver cómo la globalización lleva a los hechos la teoría liberal que afirma que el comercio, junto con las comunicaciones, ponen fin a la hostilidad y a la guerra Tiempo, y vamos a comprobar cómo los cambios que promueve la globalidad, que en esencia persiguen afirmar los valores de la civilización Occidental y Cristiana, ecuánime, plural, legalista, civilista e individualista, terminan por abarcar al mundo Esa es mi fe El tiempo dirá quién tiene la razón, si ustedes o yo Y no me vengan ustedes, estimados inconformes de la globalidad, como ya me ha dicho alguien, que mi fe es la del carbonero, o sea, la fe del tonto, por sencilla y falta de exigencia intelectual; fe que, por eso, engaña al que la profesa, por sagaz que sea Con mi sincera tolerancia, si así piensan CANDIDO CANDOR

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