La jodienda y sus misterios y Por la alquimia de tu esfuerzo, de Jorge Calvimontes

lunes, 2 de mayo de 2005
México, D F, 2 de mayo (apro)- El profesor universitario y narrador boliviano Jorge Calvimontes da a la luz dos libros que estarán pronto circulando en librerías: La jodienda y sus misterios (Vida, pasión y ch’aqui de unos ángeles rebeldes), que contiene seis relatos, y Un relámpago de siglos (crónica de una efímera eternidad), viaje en el tiempo por su natal Oruro El primero está editado por Latinas Editores de Bolivia, y recoge “Dogma”, “De cal y canto y arena”, “Los secretos del bailongo”, “Unas gotas para el llanto” y “La candelaria del alba” Y el segundo se debe a la Editorial Constate dentro de su colección Mallcu, de México, DF Enseguida reproducimos las presentaciones que hace el propio Calvimontes en las solapas de estos sendos volúmenes: * * * De La jodienda: Soy un viejo caracol, de esos que, vayan a donde vayan, llevan su casa a cuestas Miro atónito el paisaje y lo meto, poco a poco, por las rendijas de mis ojos, lo agradezco con el viento y lo degusto, como hace siglos, en un vasito de barro donde bulle el vino de mi memoria Así me envuelve el alba, me calienta el mediodía y me embriagan los fulgores misteriosos del ocaso Así te llevo, siempre, como hogar del fuego eterno que me dieron tus amautas A veces eres estrella que escapándose del cielo se congela en el invierno y cae desde mis manos, gota a gota, sobre el surco Otro día eres quimera buscada por los mineros en las cavernas del Supay, pero siempre eres el alma de unos ángeles rebeldes que se escapan del infierno Desde ese otero miro tus grandezas cotidianas, tu rara costumbre humana de encarnarse en lo imposible y tu mágica constancia de ser lámpara en las sombras Desde el altar que instalan tus manos en el horizonte o tal vez, desde el silencio de tu arena conmovida, he visto arder los días de tu insólita jodienda Junto a los fantasmas del tiempo que entretejen la neblina, al pie de tus dioses petrificados y a la orilla de tu sangre, dejo cuajado el eco de tus voces petulantes y tus dolores vencidos Tu jodienda es la tristeza convertida en alegría por la alquimia de tu esfuerzo Jodiendo de andar jodiendo mientras tus manos deshacen, todo el tiempo, los infiernos Siendo así, no soy tu sombra, ni tu espejo deslucido Soy tu propio corazón herido, tus renacientes sonrisas y el credo de la esperanza que repites cada día * * * De Un relámpago de siglos: El relámpago es un resplandor vivísimo e instantáneo producido en las nubes por una descarga eléctrica Es también en sentido figurado especie viva, pronta, aguda e ingeniosa Hay pueblos que en la eternidad de los siglos discurren sucesivamente, brillan y estremecen, menguan y vuelven a lucir Su historia es relampagueante y el hálito que sigue a su intensa claridad no es el de su extinción sino el acomodo de otras porfías que irrumpen luminosas El relámpago de los pueblos es la gesta, la epopeya, la cotidiana brega de sus héroes anónimos o blasonados El sino vital de los hombres se encuentra y se enfrenta, se adecua y se unimisma con la argamasa telúrica que es, a la vez, espacio o tiempo donde los rayos de la identidad, de la cultura y las creencias sobreviven a la esperanza Oruro, transitorio hábitat, enclavado en una planicie de los Andes bolivianos, es, como todo pueblo esforzado, un relámpago de siglos, su ancestral sobrevivencia en la cósmica arquería de los dioses subterráneos es la transformación cotidiana de lo oscuro en un piélago de luz; No en vano su toponimia Uru Uru quiere decir “día con día” Hablamos aquí de las mujeres y los hombres cuya insólita jactancia se pronuncia en el discurso y en la acción del desafío, de los mineros que engarzan el estaño en sus pulmones, del eterno enamorado que renuncia a su vida sólo para cantar; del soldado de plomo, del niño triste y bellaco, de sus dioses de a mentiras, de su infierno de verdad; del olor de copagira, del sabor del pan amargo; del relámpago de siglos que aprendimos a encender En esa comarca de dioses, en su verbo y su pasión, en sus humildes grandezas, los relámpagos siguen y señalan una efímera existencia Puede ser, por eso, que en tu entorno ocurran las mismas cosas que te vine a relatar Tal vez así comprendas que también en tu propia vida se enciende un relámpago de siglos

Comentarios