Nocturno incidente

lunes, 20 de junio de 2005
México, D F, 20 de junio (apro)- Mal impulsado por los tragos que detonaron una orgía --no se proyecten, que fue de opiniones, afirmaciones, y refutaciones candentes y apasionadas sobre política y sociedad--, en noche pasada abandoné el departamento de los conocidos en que nos habíamos reunido Lo hice de manera temeraria, pues en estos tiempos de general inseguridad, se me ocurrió, para serenarme, dirigirme a la humilde casa de ustedes a pie y en solitario En un momento dado me encontré caminando por una amplia avenida, de esas que existen en toda ciudad moderna, que por la hora, el alumbrado público, al delinear su desértica y rectilínea largura, le daba esa turbadora sensación --metafísica le dicen--, que Chirico expresó en sus más famosos cuadros Caminaba, digo, muy quitado de la pena por la misma cuando, con sobresalto, percibí que unos cojitrancos pasos se me iban acercando por la espalda Alarmado, aceleré los míos; angustiado, escuché que los que me seguían hacían otro tanto Por unos segundos mantuve esa situación Luego, haciendo de tripas corazón, como vulgarmente se dice, me volteé Parado en mis temblorosas piernas, vi que se me iba acercando y con ello revelando una estrafalaria e inquietante figura Caminaba ayudándose con una muleta, pues no tenía muy firme su pie derecho Al principio, la distancia no me permitió aclarar si era hombre o mujer, pero una fuerte ráfaga de viento que comenzó a soplar súbitamente, hicieron flotar unos largos cabellos alrededor de su cabeza, lo que unido a otros detalles de su cuerpo que al acercarse se iban poniendo de relieve, me dieron la seguridad que se trataba de una mujer Pensé que podía ser una vieja pordiosera, mas al ver la agilidad de sus movimientos, comprendí que aun le animaba la juventud Al tenerla más próxima, vi que medio se cubría con lo que eran harapos de pasadas y elegantes prendas Por fin llegó a mi altura y se me paró enfrente Me miró con descaro y vi una cara a la que un grotesco maquillaje que pretendía ser provocativo, hacía más trágicos los ya ajados rasgos de una indudable y original belleza No sé por que pensé: "vaya, no es más que una ramera decadente" ¡Qué alivio de pensarlo! Me duró poco Se convirtió en alarmada sorpresa cuando el lamentable personaje, con adolorida voz, me dijo: --¡Caballero, no me ofenda! De ningún modo soy una mendiga y mucho menos una prostituta en decadencia --¿Quién eres entonces? --pude apenas balbucear Y balbuceé porque el miedo me atenazaba, lo admito, ¿pues cómo era posible que esa, por tantas señales, espectral aparición adivinara mis pensamientos? Una atroz idea me asaltó ¿Sería un súcubo, es decir, un diablo en forma femenina que venía a tentarme para hacerme perder mi alma? ¿Con semejante facha esperpéntica? ¡Imposible! ¡De serlo, en que poco me tenía el demonio! Estas extravagantes imaginaciones hacían que sintiera los calidos hilos del sudor deslizándose por mi cuerpo Se enfriaron cuando con una sonrisa --¿por qué me pareció horrible?? se me acercó más y con sibilante voz, acariciadora, insinuante-- ¡como la de la serpiente del Edén!" Me dijo: --¡No temas! No soy un diablo ¡Serénate! Ninguna de tus presunciones corresponde a la realidad No he venido a ti para hacerte daño "¡Me está tuteando la muy igualada!" Confieso que en la inquietante situación en que me encontraba, no dejó de sorprender que me asaltara tan absurdo pensamiento, por baladí Casi suelto una carcajada La cortó el que ella continuara mirándome con la misma sonrisa de coqueta seductora y entender en ese instante que mi repulsión de la misma se debía precisamente, a que esa intención seductora la hacía horrible al poner más en evidencia la prematura degradación de la mujer que me la dedicaba ¿Quién era? Otra vez, la muy ca? diabla, demostró que estaba leyendo mis pensamientos al decirme: ¡Ah!, necios humanos, ya que cuando critican, no se dan cuenta que son la causa de lo que censuran, incluso rechazan Vean mi ejemplo Desde que me engendraron, para desgracia de ustedes y la mía, la codicia de unos, la ambición de otros, la sumisión de los de aquí, la desidia de los de allá, la pusilanimidad de los de acullá, la ignorancia de tantos y la solemne estupidez de todos son la causa de que la belleza que en conjunto me han deseado y me desean no la consiga Por eso soy un pudo ser y no es, aquella de la que un tal Winston Churchil dicen que dijo que, si se exceptúan todos los demás es el mejor de los gobiernos: ¡la Democracia! Aquí, por cuestión de espacio, tengo que suspender la relación de mi nocturno incidente, estimados lectores, pero por lo curioso, si no es por lo interesante de lo que me siguió diciendo la dama, les prometo otra misiva en este buzón Con todo mi afecto y hasta la próxima JUAN I LUSO

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