Cosa seria

lunes, 1 de agosto de 2005
México, D F, 01 de agosto (apro)- ¡Aleluya!, hermanas y hermanos, vistámonos de fiesta, lancemos las campanas al vuelo, suenen trompetas y tambores, truenen cohetes y vengan luminosos fuegos de artificio y digamos ebrios de alegría: o tempora ¡o mores! (imitando contradiciendo al romano Cicerón, que dijo lo mismo, para lamentar la perversidad de los hombre de sus días), pues llegado es el tiempo feliz en que el juego estará entre nosotros Así la cosa, en verdad que no entiendo tantas enconadas críticas, tan peregrinas discusiones por unos permisos para abrir y operar centros de juego ¡Ah!, tristes aguafiestas enemigos profesionales de la alegría de vivir, ¿qué les pasa?, ¿pues qué, no sesudos estudiosos del tema, con profundos análisis y brillantes reflexiones sobre el mismo no han descubierto, mostrado, demostrado y confirmado que el juego nos es innato, una constante de nuestro ser, factor integrante de la formación de la personalidad, elemento de civilización, actividad que encierra variadas funciones sociales, etcétera, etcétera? ¿Entonces, a qué tanto brinco estando el suelo tan parejo? ¡Aleluya!, vuelvo a decir, ya que, con esas concesiones citadas, se está cumpliendo, en lo mínimo, con lo que recomendara hace unos dos mil trescientos años uno de los más grandes pensadores, uno de los más firmes y autorizados arquitectos de la Civilización Occidental (esa, que se quiera o no, es la que ha venido cortando y, en la actualidad, es la única indiscutible que corta el bacalao en "la gran aldea" en que se ha convertido el mundo) ¿Lo dudan? Para confirmarlo no tienen más que parar oreja, y viniendo desde allí, del inconsciente colectivo (genialmente descubierto y lucidamente expuesto por el psicoanalista suizo G Jung), podrán escucharla clara y convincente voz del divino Platón que nos dice: "Entonces, ¿cuál es modo apropiado de vivir? La vida debe vivirse como juego? entonces el hombre será capaz de propiciar (aclaro: para beneficiarse) a los dioses y defenderse de sus enemigos" ¿Quieren más? Si así lo desean los adustos y ardorosos partidarios y perseguidores de la seriedad integral u holística (del griego holos: el todo contiene la parte, pero la parte también contiene el todo), pues que simplemente recuerden que el juego es tan arduamente serio, que se han necesitado dos mil trescientos años, de Platón a nuestros días, para que la ciencia pudiera ponerlo en práctica, "tecnificarlo", por decirlo así, con eso de la Teoría del juego Teoría que, resumida, es el método que, basada en el análisis matemático de algunos procedimientos de juegos simples como el lanzamiento de una moneda, sirve para encontrar la mejor solución en situaciones arriesgadas, los conflictos de intereses o de incertidumbre Y no olvidemos que desde que su padre, el húngaro-estadunidense John von Heumann la echó al mundo en 1944, ha dado nacimiento a su vez a toda una nueva rama en la matemática que tiene aplicaciones en filosofía, psicología, biología, economía, política, finanzas, etcétera, etcétera Estos hechos revolucionarios y la teoría que los avala, confirman que el juego es una cosa muy seria ¡Ah!, con razón las reflexiones sobre la misma llevaron (¡premio!) a su autor a dirigir la construcción de computadoras gigantes que contribuyeron a elaborar cálculos para la construcción de la poderosamente destructiva bomba H y ser nombrado miembro de la Comisión de Energía Atómica estadunidense Lo expuesto es una muestra evidente de que juega jugando el hombre llega a muy serios resultados Y teniendo en cuenta que hay una realidad que a todos nos mueve: la económica-financiera; realidad en que la Teoría del juego ha ejercido (¡y ejerce!) tan grande y poderoso impacto; realidad que tan seriamente a todos afecta (por conformadora y determinante), con lo que nos muestra, demuestra y hace sentir a todos la seriedad que el juego encierra, pregunto: ¿a que viene tan peregrina discusión para abrir y operar unos centros de juego? ¿No es una cuestión baladí? ¿O será que representantes de intereses en conflicto está enzarzados en un juego de los denominados de suma-cero, en los que las ganancias de unos jugadores significan siempre perdidas para los otros? Esto último explicaría el encono de tan peregrina disputa, digo Al respecto, ¿qué piensan ustedes, estimados lectores? Sin más, con la esperanza de que mi nombre y apellido no lleve a los maliciosos, que los hay, a descalificar mis serias reflexiones sobre el juego MAX PACHECO

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