El mensaje de King Kong

domingo, 1 de enero de 2006
México, D F, 2 de enero (apro)- Dentro de las cintas comerciales de este fin de año, King Kong (EU, 2005) es una joya El realizador Peter Jackson profundiza en el mito de la bella y la bestia sin llegar a lo pretencioso y sin perder su calidad comercial Y es que, finalmente, estamos hablando de una fantasía, donde la dosis de acción y romance deben ser sumamente importante Nos encontramos con altos ingredientes románticos (o cursis) y batallas espectaculares entre humanos y bestias gigantescas creadas con la magia de la tecnología digital, escenas que, por cierto, alargan la cinta hasta tres horas La trama --que por cierto no dista mucho de la cinta de 1933-- es la siguiente: un cineasta ambicioso y embaucador llamado Carl Denham (Jack Black), reúne con engaños a un equipo de filmación (con un grupo de marineros rudos) para filmar la gran aventura del siglo XX, una cinta que le diga a cientos de personas que el mundo aún posee muchos misterios por descubrir Los planes de Carl involucran a una isla casi inexplorada, cuyo peligro potencial es desconocido por casi todo el equipo de filmación: la isla está habitada por criaturas gigantes, como dinosaurios, murciélagos y diversas especies de insectos En la expedición encontramos a figuras clave en la trama, como la bella Ann (Naomi Watts), quien deberá lidiar con la bestialidad del gran simio, y el reconocido escritor Jack Driscoll (Adrien Brody), quien está enamorado de Ann, pero que, a pesar de ser más sofisticado que el gran simio, comete errores parecidos La cinta gira entorno del mismo Kong, personaje digital capaz de arrancar simpatía, terror y hasta compasión, y es que Kong, capaz de acabar con bestias terribles con el poder de sus manos, es incapaz de disfrutar de la vida, entre otras cosas de la compañía de otro ser viviente, debido a su gran fuerza, y menos de disfrutar la belleza, encarnada en la despampanante Ann Pero es quizá esa misma naturaleza de King Kong la que ha llevado a tantos hombres a cometer locuras y provocar el infortunio a sus semejantes En ese sentido, la tragedia de King Kong es un mensaje para un mundo dominado por los hombres, pero no todo está perdido: la bestia que llevamos dentro puede ser domada y transformada, gracias al poder de la belleza y del amor

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