Aquel septiembre negro

domingo, 29 de enero de 2006
Después de que un comando palestino secuestró a 11 deportistas israelíes en Munich durante los Juegos Olímpicos de 1972, las autoridades de Alemania negociaron intensamente para liberar a los rehenes Todo parecía ir bien, pero los errores en la operación de rescate por parte de la policía alemana, así como el rechazo de Israel de ceder a las exigencias del comando palestino, precipitaron la tragedia BERLÍN- Los policías alemanes no llevaban armas Respondían a los visitantes con una sonrisa En vez de uniforme lucían un traje azul de lino diseñado por un creador francés Era septiembre de 1972 y la República Federal de Alemania buscaba presentar su nueva cara al mundo: la del milagroso resurgimiento de entre los escombros; la de un pueblo que valora la paz y rechaza el militarismo Y para ello nada mejor que el deporte Si en 1936 los Juegos Olímpicos de Berlín sirvieron para proyectar al mundo la Alemania de Hitler, los juegos de Munich, inaugurados el 26 de agosto de 1972, debían mostrar el regreso de ese país a la comunidad de las naciones civilizadas No ocurrió así En la madrugada del 5 de septiembre de ese año, un comando palestino irrumpió en la villa olímpica y secuestró a 11 deportistas israelíes Su objetivo: liberar a sus compañeros presos en cárceles de Israel y llamar la atención internacional sobre la causa palestina Los hechos -que retomó el director estadunidense Steven Spielberg para hacer la película Munich- fueron reconstruidos seis meses más tarde por el Ministerio Público de la ciudad y presentados en un protocolo que sirvió de base para aclarar la actuación de la policía alemana en esa tragedia El cerebro El 4 de septiembre de ese año, lejos de la villa olímpica, en el centro de la capital de Baviera, un hombre dejó varios bolsos en dos casilleros de la estación central de trenes Era Abu Daoud, un palestino de pelo y bigote oscuros, mediana edad y mirada fría, que bien podría haber pasado por uno de los miles de inmigrantes turcos que ya entonces probaban suerte en Alemania Daoud era el cerebro de la operación En los bolsos que dejó en los casilleros de la estación de trenes había granadas y ametralladoras de mano En un hotel cercano a la estación, Daoud se reunió ese mismo día con Mohammed Massalha, quien se hacía llamar Issa Oriundo de Nazaret, de padre cristiano y madre judía, Issa vivía desde hace algunos años en Alemania Delgado, de modos suaves, estudió ingeniería y dominaba perfectamente el idioma alemán Dos meses antes, había llegado a Munich desde Berlín y se procuró un trabajo en la villa olímpica, al parecer como camarero Conocía las instalaciones a la perfección Más aún, Issa y Daoud habían husmeado el sitio en donde se alojaba la delegación israelí: un inmueble de departamentos ubicado en el número 31 de la calle Conolly Habían llegado camuflados como alegres brasileños, manifestando su interés por conocer Israel Incluso se hicieron guiar por los departamentos sin levantar sospechas Issa estaba al frente del comando que formaba parte de Septiembre Negro, un grupo palestino más amplio que intentó acciones terroristas en Beirut Bajo sus órdenes estaban seis jóvenes palestinos reclutados de campos de refugiados y entrenados en Libia La noche del 4 de septiembre, Daoud los reunió en un restaurante cerca de la estación de trenes, donde repasaron por última vez el plan A los seis se les dijo que a partir de ese momento debían considerarse muertos, caídos por la causa palestina Meses atrás, el Comite Olímpico Internacional había denegado a los palestinos la solicitud para participar en estos juegos En respuesta, ellos eligieron a Munich como palestra para presentar su causa al mundo 5 de septiembre Por la madrugada, Issa y sus hombres salieron del hotel, abordaron dos taxis y se dirigieron a la estación de trenes Tomaron los bolsos de los casilleros y, de nuevo en taxis, se dirigieron a la villa olímpica A las 4:30 de la mañana, los empleados de limpieza vieron cómo ocho hombres con ropa y mochilas deportivas saltaban la barda de la villa olímpica Curiosamente, fueron ayudados por unos turistas estadunidenses que buscaban un sitio todavía abierto para seguir tomando cerveza Los paseantes creyeron que los miembros del comando eran deportistas que regresaban de madrugada a sus habitaciones después de una juerga Cinco minutos más tarde, el grupo irrumpió en los departamentos de la delegación israelí y tomó como rehenes a sus 11 integrantes El entrenador de lucha libre, Moshe Weinberg, reaccionó, pero recibió una ráfaga de ametralladora en el pecho Fue el primer muerto del día El segundo fue el levantador de pesas Josef Romano, quien también opuso resistencia Poco después de las 5:00, cuando la policía ya había rodeado la manzana, encontró sobre la calle el cadáver de Weinberg Desde el balcón del inmueble, Issa les arrojó un volante con sus exigencias: el gobierno israelí debía liberar a 250 presos palestinos y el gobierno alemán hacer lo mismo con Andreas Baader y Ulrike Meinhof, dos terroristas alemanes de la Fracción del Ejército Rojo (RAF, por sus siglas en alemán) El ultimátum vencía a las 9:00 horas Después, los palestinos ejecutarían a los atletas Hans-Dietrich Genscher, ministro del Interior alemán, llegó a la villa olímpica a las siete de la mañana Issa se rehusó a recibirlo, pero le transmitió el mensaje de que la acción no tenía nada que ver con Alemania y concedió un aplazamiento hasta el mediodía El gobierno alemán ya había recibido la respuesta de las autoridades israelíes: no se haría ninguna concesión a los secuestradores Finalmente, Genscher fue recibido por el jefe operativo del comando palestino Issa le dijo que tenía órdenes precisas y que las llevaría a cabo En su autobiografía (Recuerdos, 1995), Genscher sostiene