Grandes textos sobre los indígenas de Chiapas

lunes, 9 de enero de 2006
* El "manifiesto" de Marcos en 1994: "¿De qué tenemos que pedir perdón?" * A Octavio Paz el escrito le conmovió * 30 años atrás, Benítez había relatado la explotación extrema * Los indios de México, una obra que no hemos leído bien: José Emilio Pacheco México, D F(apro)- En su segmento "Manifiesto", del programa Zona Metropolitana que cada lunes pasa a las 20 horas por el 660 de AM en la Radio Ciudadana de la Universidad Autónoma Metropolitana, la periodista Susana Cato recordó el texto inicial que el subcomandante Marcos dio a conocer como una especie de "manifiesto", y el elogio que vertió sobre él Octavio Paz El documento fue leído íntegro y se reproduce a continuación: "¿De qué tenemos que pedir perdón? ¿De qué nos van a perdonar? ¿De no morirnos de hambre? ¿De no callarnos en nuestra miseria? ¿De no haber aceptado humildemente la gigantesca carga histórica de desprecio y abandono? ¿De habernos levantado en armas cuando encontramos todos los otros caminos cerrados? ¿De no habernos atenido al Código Penal de Chiapas, el más absurdo y represivo del que se tenga memoria? ¿De haber demostrado al resto del país y al mundo entero que la dignidad humana vive aún y está en sus habitantes más empobrecidos? ¿De habernos preparado bien y a conciencia antes de iniciar? ¿De haber llevado fusiles al combate, en lugar de arcos y flechas? ¿De haber aprendido a pelear antes de hacerlo? ¿De ser mexicanos todos? ¿De ser mayoritariamente indígenas? ¿De llamar al pueblo mexicano todo a luchar, de todas las formas posibles, por lo que les pertenece? ¿De luchar por libertad, democracia y justicia? ¿De no seguir los patrones de las guerrillas anteriores? ¿De no rendirnos? ¿De no vendernos? ¿De no traicionarnos? "¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo? ¿Los que durante años y años se sentaron ante una mesa llena y se saciaron mientras con nosotros se sentaba la muerte, tan cotidiana, tan nuestra que acabamos por dejar de tenerle miedo? ¿Los que nos llenaron las bolsas y el alma de declaraciones y promesas? ¿Los muertos, nuestros muertos, tan mortalmente muertos de muerte "natural," es decir, de sarampión, tos ferina, dengue, cólera, tifoidea, mononucleosis, tétanos, pulmonía, paludismo y otras lindezas gastrointestinales y pulmonares? ¿Nuestros muertos, tan mayoritariamente muertos, tan democráticamente muertos de pena porque nadie hacía nada, porque todos los muertos, nuestros muertos, se iban así nomás, sin que nadie llevara la cuenta, sin que nadie dijera, por fin, el "¡Ya basta!" que devolviera a esas muertes su sentido, sin que nadie pidiera a las muertos de siempre, nuestros muertos, que regresaran a morir otra vez pero ahora para vivir? ¿Los que nos negaron el derecho y don de nuestras gentes de gobernar y gobernarnos? ¿Los que negaron el respeto a nuestra costumbre, a nuestro color, a nuestra lengua? ¿Los que nos tratan como extranjeros en nuestra propia tierra y nos piden papeles y obediencia a una ley cuya existencia y justeza ignoramos? ¿Los que nos torturaron, apresaron, asesinaron y desaparecieron por el grave "delito" de querer un pedazo de tierra, no un pedazo grande, no un pedazo chico, sólo un pedazo al que se pudiera sacar algo para completar el estómago? "¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo? "¿El presidente de la República? ¿Los secretarios de Estado? ¿Los senadores? ¿Los diputados? ¿Los gobernadores? ¿Los presidentes municipales? ¿Los policías? ¿El Ejército federal? ¿Los grandes señores de la banca, la industria, el comercio y la tierra? ¿Los partidos políticos? ¿Los intelectuales? ¿Los medios de comunicación? ¿Los estudiantes? ¿Los maestros? ¿Los colonos? ¿Los obreros? ¿Los campesinos? ¿Los indígenas? ¿Los muertos de muerte inútil? "¿Quién tiene que pedir perdón y quién puede otorgarlo?" En el número de febrero de ese año en Vuelta, la revista dirigida por Octavio Paz, el poeta aludió en su análisis "Chiapas, ¿nudo ciego o tabla de salvación" al manifiesto, así: "La elocuente carta que el 18 de enero envió el ?subcomandante? Marcos a varios diarios, aunque de una persona que ha escogido un camino que repruebo, me conmovió: no son ellos, los indios de México, sino nosotros, los que deberíamos pedir perdón" Los indios de Benítez El 21 de febrero de ese mismo 1994, en la revista Proceso, el poeta José Emilio Pacheco hizo una selección de textos de Los indios de México referidos a Chiapas, donde explicó: "Entre 1960 y 1980 Ediciones Era publicó en cinco volúmenes que suman 2817 páginas la gran obra de Fernando Benítez acerca de Los indios de México "Todo indica que no leímos ni escuchamos a Benítez Las circunstancias nos obligan a hacerle un desagravio y a citar lo que dice Bertolucci: ?La sociedad de consumo --y su Biblia, la televisión-- nos conducen a la amnesia? "Antes de formar parte de Los indios de México, las crónicas y entrevistas dedicadas a los tzeltales y a los tzotziles aparecieron a comienzos de 1963 en La última trinchera, que no volvió a tener edición individual" Lo que sigue son algunos de esos fragmentos al prólogo: "Las condiciones de su vida en las áreas densamente pobladas --Yucatán, la Mixteca, sobre todo Chiapas-- rebasan cualquier cuadro de enajenación Se ha tocado el fondo del sufrimiento humano Un tzeltal que ha bebido éter y aguardiente en una taberna o en una farmacia de San Cristóbal, pierde la razón Cuando despierta en el patio de la casa de un enganchador puede deber cincuenta pesos de alcohol, puede tener a un perro atado con una cuerda que ha comprado estando borracho, puede empuñar un cuchillo ensangrentado y si se le dice que ha matado, que la única manera de pagar sus deudas es ir a trabajar de esclavo a los aserraderos o a las fincas del Soconusco, él debe creer lo que se le dice o pudrirse en una cárcel" "Tierra incógnita" "En México siempre es posible dar ese salto hacia atrás y caer de pie en la montaña, en la llanura, en el bosque mágicos, en el tiempo de los cazadores y recolectores, en el neolítico Somos --seguiremos siendo?, el país de los compartimientos estancos, de los pueblos divorciados y enemigos, la Babel Americana --se hablan 50 idiomas--, el paraíso de los aventureros y de los antropólogos Asistimos al espectáculo de una supervivencia, de una petrificación de docenas de culturas, y al espectáculo no menos sorprendente de su desplome silencioso, de su liquidación Todo ese mundo desaparece, se extingue, pero conserva aún tanta vitalidad interior, ha sido tan importante, ha determinado a tal grado nuestra historia, que su liquidación final aún está lejana "El tequio, el trabajo personal gratuito en beneficio de la comunidad --construcción de escuelas, de caminos, de obras municipales--, tal como se practica en Oaxaca y en Chiapas, es otra de las lecciones que nos dan los indios Este sentido de la ayuda mutua hace que muchos hombres combatan por liberar a los suyos de la esclavitud o por defender las tierras de la comunidad "Entre los indios, como hemos visto, hay héroes que nosotros no tenemos sino de tarde en tarde Su lucha aparentemente no es nada excepcional Lucha contra amenazas de muerte, contra violencias físicas, contra tinterillos que tratan de meterlo a la cárcel o de robarlo Los líderes indios más peligrosos son con frecuencia asesinados No hay ningún lugar donde no haya caído un indio Hay muertos en la Tarahumara, en Chiapas, en la Sierra Mazateca, entre los mixtecos y los huicholes Se sabe quiénes son los asesinos pero no se sabe de un solo caso en que estos asesinos hayan sido castigados" * * * * * "Hemos vuelto por lo tanto a principios del siglo XVI, cuando el humanismo español agonizante no logró que el imperio incorporara de un modo orgánico a las masas indígenas de sus posesiones americanas Lo que entonces se impuso en beneficio de unos pocos y en detrimento de los muchos, sigue vigente en los sesenta de nuestro siglo Hasta ahora los medios de difusión han acentuado la parálisis de la clase media confinándola en su mediocridad y separándola cada vez más de las densas masas rurales Sin embargo, el explosivo aumento demográfico, el proceso industrial frenado por la carencia de un mercado interior, el mal negocio que supone producir materias primas, harán entender por la violencia que México no dejará de ser un país semicolonial mientras no liquide definitivamente su propia colonia" * * * * * "El espacio: 17 kilómetros cuadrados de una región montañosa situada casi en el centro del vasto estado de Chiapas "Los habitantes: 162 mil indios tzotziles y tzeltales "El tiempo: Mejor sería hablar de muchos tiempos El tiempo de la Colonia estancado en San Cristóbal Las Casas, y los tiempos múltiples de los indios que giran en torno a su metrópoli y labran una tela compuesta de fuertes colores y bizarras figuras "Los echaron de sus valles, les arrebataron sus tierras y buscaron un refugio en las montañas inaccesibles Los nuevos caminos nos llevaron a descubrirlos Allí están aferrados a sus peñascos, colgados de los barrancos que ya no los defienden de los intrusos, viviendo en las cuevas y en el interior de los pinares que se han repartido los políticos y las compañías madereras Allí están --espectros, fantasmas de un pasado indefinible--, entre otras razones porque no pueden ya retroceder, ni buscarse otro refugio "La montaña es su última trinchera, su morada natural Tan natural, que yo asocio instintivamente un muro azul, un paisaje de águilas, un abismo, un bosque de pinos, un desierto de rocas, a la presencia de los indios "Infierno de belleza deslumbrante donde los colores nacen a cada segundo y se despliegan como banderas; mundo fascinador y repulsivo alzado arbitrariamente por encima de todos y humillado arbitrariamente a pesar de su grandeza cósmica; tierra cruel donde hierven los piojos, los enganchadores y los brujos; donde las nubes llegadas del Atlántico y del Pacífico se combaten con furia, y los hombres se visten de arcángeles y se embriagan para escapar a la esclavitud y hablar con sus muertos y sus santos "Geografía de cataclismo; aldeas españolas y parajes indios bautizados con nombres extraños: Taxakiljá, Bumiljá, Tolbijac, Tsontealjá, Kukjá, Chikpomiljá, Puiljá, Xunuch, Yaxalumil, Ichinton, Chenalhó, Polhó, Pantelhó, Yantelay Pasté, Ontic, Yutniotic, Otatulan, Chumjoloquil Una puerta de entrada a todo y a nada A la selva habitada por unos agonizantes condenados a desaparecer: los lacandones A los ríos impetuosos que corren un trecho y desaparecen tragados por un sumidero, y a los ríos gigantes, como el Usumacinta, en cuyas riberas solitarias florecieron la ciudad del Imperio Clásico Maya, a la tierra fría de las alturas y a la tierra caliente del Soconusco donde millares de esclavos han dejado su vida, o simplemente al vacío, a esas regiones mal definidas donde alientan, ignorados, los indios nahuas, los quichés, los chontales, los mames, los mayas, los choles, los zoques, los tojolabales "El reino del aullido, de las salmodias, de las lágrimas, de las supersticiones, de los esclavistas, el mundo de Traven, de Ricardo Pozas, de Rosario Castellanos, el mundo en fin donde a diario se libra una batalla sin cuartel y donde centenares de esclavos están rompiendo sus cadenas Este reportaje no hace más que arañar su costra de rocas y de infamias En él no hablo yo, hablan los indios, los médicos, los antropólogos, los maestros, los que están empeñados en transformar una zona de reservación, un apartheid, en una tierra de hombres libres Ignoro si he logrado mantenerme fiel a su espíritu y a su lenguaje Para un mexicano, Chiapas no es el paraíso de los antropólogos extranjeros, ni la selva con sus aventuras reales o fingidas, sino un pedazo de nuestra tierra --la tierra de Fray Bartolomé de las Casas-- donde una multitud de mexicanos son destruidos y vejados sin misericordia por otros mexicanos que se creen blancos y a sí mismos se llaman cristianos "Un testimonio sobre esta realidad no puede ser imparcial, ni objetivo, ni condescendiente Desde su última trinchera, los indios se defienden, y yo estoy con ellos lamentando que las letras no tengan la eficacia de las armas"

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