Casa del Escritor Refugiado, en agonía

lunes, 16 de octubre de 2006
Puebla, Pue , 16 de octubre (apro)- El novelista cubano José Prats Sariol abandonó Cuba en 2003 como resultado del encarcelamiento de su mejor amigo, el poeta Raúl Rivero Encontró alojamiento en México gracias a la red tejida por el Parlamento Internacional de Escritores, que refugiaba a los artistas perseguidos por sus países de origen El autor de Guanabo Gay encontró hospedaje en la Casa del Escritor Refugiado, de Puebla "Desilusionado" por la precariedad y el olvido en que se encuentra el proyecto, Prats Sariol decidió huir de la habitación que lo cobijaba hasta hace tres semanas Con su salida, la Casa del Escritor quedó prácticamente sin ningún creador refugiado, razón de su fundación Ese mismo 2003, la noche del 1 de abril, figuras literarias de nivel internacional (entre ellos Wole Soyinka, premio Nobel de Literatura 1986, y Christian Salmon, vicepresidente del Parlamento Internacional de Escritores) inauguraron La Casa del Escritor Refugiado Tan sólo para habilitar una vieja casona del Centro Histórico como refugio hospitalario para artistas de todo el mundo, el gobierno del estado desembolsó 4 millones 373 mil pesos En 42 meses de operaciones, la Casa del Escritor sólo ha alojado a dos escritores Uno por un periodo de tres meses y el segundo ?el propio Prats Sariol-- por un convenio inicial de dos años, que fue renovado en junio pasado, aunque no logró completarse por la negativa del novelista cubano a seguir viviendo en ese lugar "En realidad me desilusiona que vaya a desaparecer (La Casa del Escritor) y que no haya recursos para traer a otro escritor perseguido, sea de África o de donde fuera", lamenta el ensayista cubano, quien insiste resalta la importancia de que existan casas refugio, ante la persecución que sufren intelectuales de todas las regiones del mundo, ya sea por sus propios gobiernos, por el fanatismo religioso o el crimen organizado En América Latina sólo existían dos casas refugio, la de Puebla y el centro Citlaltépetl, que dirige el francés Philipe Olé No obstante, parece inminente la desaparición de la Casa del Escritor en Puebla como centro de hospedaje, para limitarse a ofrecer cursos de creación literaria "Se debe replantear la condición del refugio y el financiamiento; crear un patronato de notables y generosos altruistas que aporten su experiencia, digamos gerencial, y su dinero, para realizar actividades literarias", reconoce su propio director, Roberto Martínez Garcilazo Para Prats Sariol es evidente que el proyecto original quedó sepultado: "Yo creo que la dejaron morir como casa refugio La dejaron morir" Las condiciones actuales de la Casa del Escritor distan radicalmente de su objetivo original: amalgamarla con la Escuela de Escritores Sogem Puebla de tal modo que pudieran interactuar los escritores invitados "con los nuevos talentos de la entidad" En la actualidad, la Casa del Escritor se dedica prácticamente a dar cursos Cuenta con un poco más de 150 alumnos inscritos en sus talleres, quienes pagan 220 pesos semestrales como cuota de recuperación El presupuesto de este centro cultural asignado para 2006 fue de 439 mil pesos "Es triste, porque es un hermoso proyecto", subraya Prats Sariol El cubano tiene sobradas razones para exhibir su desilusión Aunque la obligación que adquirió el gobierno del estado con el Parlamento Internacional de Escritores (ahora transformado en la Red de Ciudades para Refugiados) era becar al escritor y darle asilo a cambio de que éste colaborara en proyectos culturales; en los hechos los pagos llegaban tarde y el novelista terminó pagando algunos servicios básicos "En los últimos tiempos que yo estuve ahí, pues hasta los focos del departamento los compraba yo", acota el ensayista También tuvo que pagar en una ocasión el gas de la Casa del Escritor, incluso la Secretaría de Cultura no sólo le atrasó los pagos, sino quedó a deberle hasta un mes Aun así, como un "pago moral" al alojamiento que recibió en México, el escritor imparte de forma gratuita un taller semanal en la Casa del Escritor Actualmente reside en la Universidad de las Américas, donde es catedrático y colaborador de la revista literaria Revuelta

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