"La casa del silencio", de Orhan Pamuk

lunes, 23 de octubre de 2006 · 01:00
México, D F, 23 de octubre (apro)- Semanas antes de que los académicos suecos le otorgaran el Nobel de Literatura 2006 al turco Orhan Pamuk, sus editores de España anunciaron la publicación de Estambul Ciudad y recuerdos, y le organizaron una serie de entrevistas que él, generosamente, aceptó Así, recibió en las orillas del Bósforo, en el barrio de Cihangir, donde ha vivido toda su vida, a los reporteros que se desplazaron a Turquía para hablar con él sobre su obra Tenía que ser así, pues él encarna el alma melancólica de su ciudad En sus libros, Pamuk ha sido un fiel retratista de esa Estambul, ciudad-personaje que siempre lo guía en su deambular cotidiano, lo mismo que en las lecturas y meditaciones que hace en su departamento de la torre Galata, junto al Cuerno de Oro, en el Estambul europeo que mira hacia Asia, como dicen sus seguidores de Occidente El propio Pamuk lo explica en su libro Estambul?, que comenzará a circular en nuestro país a finales de octubre bajo el sello Random House Mondadori: "He escrito mucho sobre Estambul, incluso una colección de reportajes para National Geographic Cuando me puse a escribir este libro, me acordé de una idea de Walter Benjamin, según la cual hay dos tipos de obras sobre ciudades: las escritas por autores que no han nacido allí, y que insisten en lo exótico, y las hechas por autores de la ciudad, que terminan por ser autobiográficas" Juan Goytisolo, amigo de Pamuk desde hace varios lustros, explica que el escritor turco hace una lectura en palimpsesto de su ciudad natal, por eso retrata no sólo a personajes sino que, al igual que el flâneur benjaminiano, recorre las calles y congela el paisaje para hacer desfilar ante él a los personajes que habitan Estambul y luego, en las páginas de sus libros, hace que estos mismos personajes nos revelen la historia de su país, su ciudad, sus calles y edificios Autor de ocho novelas, entre las cuales destacan El libro negro, El astrólogo y el sultán, La vida nueva, Estambul Ciudad y recuerdos, Nieve, Me llamo rojo y La casa del silencio ?estas tres últimas se pueden encontrar en las librerías de la Ciudad de México?, Pamuk es el primer novelista turco en recibir el Premio Nobel Apro ofrece a sus lectores un fragmento del capítulo XXXII de La casa del silencio, una de las primeras novelas del escritor galardonado que data de 1983, en una traducción de Rafael Carpintero Ortega, puesta en circulación recientemente por Random House Mondadori en su colección Debolsillo * * * Les espero acostada en mi cama Les aguardo con la cabeza apoyada en la almohada porque dentro de poco vendrán a besarme la mano antes de regresar a Estambul y mientras lo hacen me hablarán y me escucharán Y cuando de repente algo me sorprendió: ¡todo el alboroto del piso de abajo cesó como si lo hubieran cortado con un cuchillo! No oigo los pasos que van de habitación en habitación, no oigo los chasquidos de puertas que se cierran y ventanas que se abren, no oigo sus conversaciones resonando en las escaleras y los techos y tengo miedo Me levanté, cogí el bastón y golpeé el suelo varias veces pero el maldito enano no hizo el menor caso Golpeé varias veces más esperando que quizá le diera vergüenza no atenderme delante de los otros, salí lentamente de la habitación, me detuve ante la escalera y empecé de nuevo: --Recep, Recep, sube, de prisa Ni un ruido abajo --Recep, Recep, te estoy llamando Qué cosa tan extraña y horrible este silencio Volví rápidamente a mi dormitorio, notaba frío en las piernas, fui a la ventana, empujé los postigos y miré hacia abajo: en el jardín alguien corría muy preocupado hacia el coche, lo reconocí, era Metin, se subió en el coche y, Dios mío, me dejó abandonada a mi mente confusa Con auténtico pavor me había sumergido en malos pensamientos mientras miraba hacia abajo, pero aquello no duró demasiado porque poco después Metin regresó con la misma rapidez con la que se había ido y volvía a sorprenderme Con Metin salió del coche una mujer y entraron juntos en la casa Reconocía a la mujer al ver su maletín y el largo echarpe que llevaba: la farmacéutica Cuando le decían que estaba enferma venía con ese enorme maletín, que quedaría mucho mejor en manos de un hombre, y me adulaba sonriente para hacerse querer y poder clavar tranquilamente en mi cuerpo sus agujas envenenadas "Mire, señora Fatma, tiene usted fiebre, agotad sin razón su corazón, voy a ponerle una inyección de penicilina y se sentirá mejor ¿A qué vienen esos reparos? Es usted esposa de un médico, mire, aquí todos queremos lo mejor para usted" Sobre todo me hacía sospechar esa última frase y por fin, cuando lloraba un poquito, se largaban y me dejaban tranquila con mi fiebre y entonces podía pensar: "Fatma, cuidado, como no pueden envenenarte el pensamiento, quieren envenenarte el cuerpo" Tengo cuidado, aguardo con temor, pero no ocurre nada Los pasos que espero no suben las escaleras, el silencio de abajo no se interrumpe Después de esperar un rato, oí ruidos ante la puerta de la cocina y de nuevo corrí a la ventana La farmacéutica se va de vuelta con el maletín en la mano, esta vez sola Esa hermosa mujer tiene una extraña forma de caminar por el jardín, joven y llena de vitalidad Estaba absorta observándola, cuando de repente dejó el maletín en el suelo y sacó apresurada algo de su interior, un pañuelo enorme, y comenzó a sonarse y a llorar De improviso sentí lástima por esa hermosa mujer, dime qué te han hecho, cuéntame, pero rápidamente se rehizo y después de secarse los ojos con el pañuelo por última vez, cogió de nuevo el maletín y se fue Cuando cruzaba la puerta del jardín se volvió y miró la casa por un momento, pero no me vio Yo continuaba de pie ante la ventana, sintiendo curiosidad Luego, cuando la curiosidad se volvió insoportable, me irrité con ellos Marchaos, marchaos ya, salid de mi mente, ¡dejadme sola! Pero seguían sin venir y seguía sin haber el menor ruido abajo Caminé hasta mi cama No te preocupes, Fatma, dentro de nada comenzarán de nuevo los ruidos y la alegría desvergonzada Me acosté y pensé: dentro de poco vendrán, dentro de poco Faruk, Nilgün y Metin estarán en mi dormitorio después de subir escandalosamente las escaleras, se inclinarán hacia mi mano y yo pensaré con tranquilidad, furia y celos en lo raro que es el pelo de las cabezas que se inclinan hacia mi mano Entonces me dirán: "Nos vamos, abuela, nos vamos, pero regresaremos pronto Abuela, la hemos encontrado muy bien, está usted muy bien, cuídese un poco más, no se preocupe por nosotros, nos vamos" Luego se producirá un silencio y veré que por un momento me observan con atención, con atención, cariño, lástima y también con una extraña alegría Entonces comprenderé que piensa en mi muerte y en que eso es lo que me correspondería y en ese momento quizá intente gastarles una broma porque temo darles lástima Quizá deje la broma para cuando me pidan que sea comprensiva con Recep, si es que no me enfado Quizá les pregunte por qué no se han puesto los pantalones cortos, o quizá les diga que voy a clavarlos en la pared de las orejas, pero sé que esas palabras no les harán sonreír ni siquiera un poco, que sólo servirán para recordarles las eternas frases de despedida estúpidas y sin alma que ya se han aprendido de memoria --Nos vamos, abuela ¿A quién quiere que le demos recuerdos de su parte en Estambul?

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