¿Verdades?

lunes, 27 de noviembre de 2006
México, D F, 27 de noviembre (apro)- Lectores de todas mis consideraciones: no sé si ustedes, pero su servidor no acaba de entender y explicarse este hoy en que vivimos Por una parte, nos movemos entre verdades irrefutables como las que a continuación expongo: Este mundo en que respiramos, nos dicen informaciones fidedignas, es herencia de nuestros predecesores más fuertes, de los mejores, de los merecedores del triunfo en la lucha por la vida ¡Qué bueno! Que esa misma herencia se debe, en gran medida, a los descubrimientos científicos y a las técnicas aplicadas por nuestros ancestros, y que nuestra constante aportación al crecimiento del saber científico y técnico, al hacernos más capaces en el dominio de nuestro entorno, nos hace más exitosos que nuestros antepasados y asegura un futuro de triunfadores a nuestros descendientes ¡Qué padre! Que lo anterior está garantizado porque en este momento viven entre nosotros más del 95 por ciento de todos los científicos y técnicos que han existido en el mundo ¡Y sigue la mata dando! También lo asegura la ineluctable globalidad de hoy, que exige e impone el llamado adelgazamiento del Estado, o lo que es lo mismo, La renuncia de no pocas de sus tradicionales funciones administrativas, en particular las referentes a la economía, mismas que cada vez más y más son desempeñadas por la iniciativa privada, esa que sabe hacer más y mejor las cosas ¡Qué a toda máquina! Hay la certeza de que vivimos el momento en que la democracia, es decir, el gobierno del demos, por y para el demos o pueblo, se está extendiendo como mancha de aceite por todo el planeta, lo que hace también que la igualdad y la libertad vayan teniendo significativos avances ¿Quieren más? Pues si todo lo anterior les parece poco, pueden añadir la convicción que impera de que el libre comercio y las comunicaciones, el flujo transnacional de los capitales, bienes y servicios ponen fin a las hostilidades y a la guerra ¡Qué maravilla! Que bueno, digo, que la herencia que disfrutamos se la debemos a los mejores, a los triunfadores de la lucha por la vida de ayer, pues si tuviéramos que agradecérsela a los peores, a los perdedores, ¿qué sería de nosotros? Lo digo porque si todas las expuestas más arriba son verdades evidentes, es decir, que no tienen ni admiten duda; verdades que conforman y rigen la globalidad en que nos movemos, ¿Por qué a pesar de nuestra poderosa ciencia, en la que tan orgullosos nos sentimos, estamos convirtiendo en un chiquero a nuestro planeta? ¿Por qué seguimos emporcando, contaminando sus aguas, tierras y atmósfera? ¡Ah!, y no olvidemos y tengamos en cuenta que esa contaminación de nuestro mundo, así como la desaparición de sus bosques y la consecuente desertización del mismo, en no poca medida se debe a la iniciativa privada, tanto transnacional como nacional, esa de la que se dice que sabe hacer más y mejor las cosas ¡Qué joda nos está acomodando esa verdad evidente! ¿O no es así? Luego está, por si lo anterior no fuera suficiente, que la democracia, el gobierno de la autoridad soberana del demos, del pueblo, después de haber tenido que ceder ante "la soberanía nacional" ayer, ¿hoy no tiene que ceder ante "la soberanía de las instituciones"? Y dígname, esas instituciones, ¿no permiten y hasta justifican y legalizan la división de los hombres, teóricamente iguales, en ricos y pobres y el inequitativo reparto de la riqueza entre los mismos? Y es como para caer en el llanto comprobar que no faltan y más bien sobran países donde esas instituciones cumplen con mayor presteza y rigor las recomendaciones económicas de organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; que las recomendaciones sobre los derechos humanos hechas por las Naciones Unidas, la Corte Internacional de Justicia u otras organizaciones parecidas Todo lo expuesto, unido a que el libre comercio, la información, el flujo libre de capitales, bienes y servicios no evitan las hostilidades ni la guerra y más bien las generan y alimentan, sobre todo cuando se trata de energéticos y otras materias primas estratégicas, nos está mostrando y confirmando que la verdad ni nos hace libres ni nos sirve para gran cosa a los humanos Bueno, eso es lo que piensa servidor de ustedes Al respecto, ¡cuál es su opinión, estimados lectores? Con la esperanza, por el bien de todos, demuestren que estoy equivocado, queda a sus órdenes Juan D`udakis

Comentarios