El "negador del Holocausto"

lunes, 20 de febrero de 2006
Esta es la historia de una estrella fulgurante caída en desgracia y que parece encantada con su suerte La estrella en cuestión es David Irving, historiador británico que en los sesenta y setenta del siglo pasado ganó fama, y una considerable fortuna, con una serie de libros en los que abordaba desde una muy personal perspectiva el papel de Alemania, y en particular el de Adolf Hitler, en la Segunda Guerra Mundial El primer hit internacional de Irving fue La destrucción de Dresden, un libro en el que se tocaba un tema que hasta 1963, año de su aparición, había sido casi tabú: el sufrimiento de la población civil alemana durante ese conflicto Ahí, además de aportar abundantes datos creíbles sobre el padecimiento de los alemanes bajo las bombas aliadas, Irving comenzó a acumular detractores al afirmar que la campaña aérea contra esta ciudad, que fue clave para la rendición del Tercer Reich, había provocado "la peor masacre en la historia de Europa" A este primer coqueteo con la polémica le siguió La Guerra de Hitler, su mayor bestseller, aparecido en 1977, y donde el autor no sólo prodiga simpatías por la Alemania nazi, sino que asegura, con base en una supuesta montaña de documentos, que Hitler nunca supo del exterminio de 6 millones de judíos perpetrado por su régimen Fue así como Irving pasó de ser "la más brillante estrella en el firmamento de los historiadores, un extraordinariamente competente investigador", según lo describió la BBC, a convertirse en un paria de la academia Pasó a formar parte del oscuro, aunque bastante activo y exitoso, grupo de académicos e historiadores repartidos por todo el mundo que niegan la existencia del Holocausto A esta muy particular tarea la llaman, cariñosamente, "nuestra gran aventura" Pero la pérdida de prestigio en los círculos estudiosos serios no pareció afectar demasiado al vanidoso Irving, quien en las dos siguientes décadas siguió escribiendo textos apologéticos de los nazis y recorriendo el mundo para participar, ya abiertamente, en eventos antisemitas convocados por simpatizantes y amigos cada vez menos presentables, como el exlíder del Ku-Kux Klan estadounidense, David Duke Tan seguro de sí mismo lucía, que en el año 2000 decidió iniciar en Londres un sorprendente proceso judicial en contra de la académica estadounidense Deborah Lipstadt, a la que acusó de difamarlo en el libro Denying the holocaust: the growing assault on truth and memory, donde ésta lo acusa de ser uno de los más prominentes y peligrosos negadores del Holocausto La demanda también afectaba a la venerable firma británica Penguin, editora de la obra El juicio se resolvió, como se esperaba, a favor de Lipstadt y la editorial También acabó con los fondos y la magra credibilidad que le quedaba a Irving y de paso se convirtió, según creen muchos expertos ahora, en un evento de referencia, ya que ahí por primera vez fue posible refutar, públicamente y con evidencia más que abundante, los más recurrentes argumentos de los intelectuales negadores del Holocausto Como "falsificador de la historia" y "socio de extremistas de extrema derecha" tachó el juez del caso a Irving Todos esperaban que esta derrota contundente y la humillación que le acarreó, acabaran por hundir en el más oscuro olvido al autor de La guerra de Hitler Pero además de un gran ego, Irving parece tener un montón de suerte Si se le puede llamar así a lo que permitió que en noviembre del año pasado, cuando acababa de llegar a Austria para dictar una conferencia ante un grupo de extrema derecha, las autoridades locales lo arrestaran, en cumplimiento de la Verbotsgesetz, una ley que data de 1945 y que penaliza hasta con 20 años de cárcel a aquellos que nieguen o justifiquen públicamente los crímenes de los nazis Irving lleva tres meses preso en la prisión vienesa contigua a la muy antigua corte Josefstadt, donde, aparentemente, se ha estado preparando concienzudamente para un regreso triunfal a los reflectores este 20 de febrero, cuando tiene lugar su juicio, que se espera dure un solo día De nuevo, Irving puede presumir de ser una persona con mucha suerte Al interés que ya de por sí despierta su caso y, el siempre encendido debate entorno a los crímenes nazis, hay que agregar que su juicio ocurre en un momento en que Europa y el mundo se cuestionan sobre los límites de la libertad de expresión, a partir de la violenta respuesta que tuvo en los países musulmanes la publicación, en un periódico danés, de caricaturas ofensivas a la figura del profeta Mahoma El polémico Irving tiene la mesa servida Y garantizada la atención de millones en todo el mundo Dicen los medios europeos, por ejemplo, que dada la importancia de su juicio, las autoridades austriacas decidieron permitir por primera vez que un proceso --el suyo-- sea televisado en directo Con toda seguridad lo menos interesante de este juicio va a ser el resultado El mismo historiador, en una entrevista que le dio la semana pasada a la televisión británica, anunció que se declarará culpable de ser un "negador" del Holocausto "La ley no me deja opción", explicó solemne Lo relevante, pues, serán las consecuencias no oficiales del proceso En el marco de la controversia levantada por los cartones de Mahoma, el semanario británico The Economist criticó severamente a los gobiernos del Reino Unido, Estados Unidos y Francia por censurar al autor de las caricaturas Estos reproches no son más que intentos de limitar la libertad de expresión, un derecho sagrado en las democracias liberales, afirmó El semanario pide además reducir al mínimo los controles a la libertad de expresión, en especial, aquellos que llama ¨controles de pensamiento¨ y que se refieren, precisamente, a leyes como la austriaca que penalizan la negación del Holocausto Es mejor que los extremistas se exhiban abanderando argumentos falsos, hagan el ridículo y se neutralicen solos, dice Por el contrario, agrega, al perseguirlos, lo único que los gobiernos logran es convertirlos en mártires y fortalecer su causa Eso le queda muy claro a Deborah Lipsdadt, quien hace unos días reconoció en una entrevista con el diario británico The Observer que nunca creyó que hoy estaría argumentando a favor de que Irving sea exonerado y puesto en libertad La investigadora reconoce que esta historia ha evolucionado de una manera paradójica: no quiere estar del lado de la censura, pero tampoco desea que el más famoso preso de la cárcel vienesa se convierta en mártir Irving está también al tanto de la paradoja Y el asunto debe tenerlo encantado

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