India: El legado nuclear del "buda sonriente"

lunes, 27 de febrero de 2006
México, D F, 27 de febrero (apro)- En 1947, poco después de que India declaró su independencia del Reino Unido, el primer ministro Jawaharlal Nehrú declaró que "mientras el mundo esté constituido como ahora, todo país tendrá que construir y utilizar mecanismos para su protección No dudo que India realizará las investigaciones científicas que le permitirán utilizar la fuerza atómica con fines constructivos Pero si es amenazada, inevitablemente tratará de defenderse con todos los medios a su disposición" Casi 60 años después, las amenazas que Nehru anunció se han materializado, según los estrategas diplomáticos y militares indios, en China, su mayor rival económico y militar regional, y en Pakistán, con el que comparte una intensa historia de agravios También, como el mismo líder predijo, India ha logrado, con una voluntad de hierro y en secreto, desentrañar casi todos los misterios de la energía nuclear Actualmente India integra, junto con su enemigo Pakistán e Israel, el grupo de potencias nucleares "no oficiales", es decir, que tienen armas atómicas fuera del régimen establecido por el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), del cual no son signatarios, y que establece que sólo China, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y Rusia tienen derecho a poseer este armamento de destrucción masiva India probó su primer artefacto nuclear en 1974 La operación se llamó ¨Buda sonriente", y fue descrita por el entonces gobierno de Indira Gandhi como una "explosión pacífica" La siguiente prueba, ahora sí de una bomba de hidrógeno, ocurrió en mayo de 1998 Como el apartado militar del programa atómico de India no está sujeto a la supervisión del TNP, no se conoce con seguridad el tamaño de su arsenal La organización pacifista estadunidense Bulletin of the Atomic Scientists estima que el país asiático posee unas 60 bombas nucleares que pueden ser utilizadas en misiles lanzados desde tierra, aire y mar Aunque la parte militar del programa nuclear indio es la que más llama la atención, el componente pacífico, concentrado en producir energía, también es de importancia vital para ese país India le ha apostado a la energía atómica para atender, en el mediano y largo plazos, la desbocada demanda eléctrica de su dinámica economía, a la cual ya muchos expertos se refieren como la "nueva China" Hoy el país tiene, de acuerdo con datos oficiales, quince plantas nucleares generadoras de electricidad y siete más están en construcción De todo esto tomó nota el gobierno estadunidense de George W Bush, para embarcarse en la negociación de un revolucionario acuerdo de cooperación nuclear con el país asiático, que le permitiría a éste explotar de manera mucho más eficiente su infraestructura, adquirir combustible atómico y recibir miles de millones de dólares en inversión estadunidense privada La negociación del acuerdo, y su posible firma, son el "plato fuerte" de la visita que Bush realiza a India a partir del 2 de marzo Con el tratado, Washington da un giro de 180 grados en su posición respecto de los esfuerzos nucleares de Nueva Delhi Hasta la administración del demócrata Bill Clinton, Estados Unidos se había negado a profundizar el diálogo con India en este sector, por temor a contribuir a avanzar su agenda militar y de paso alimentar la proliferación nuclear en el volátil sureste asiático Según muchos especialistas, la principal razón por la que el gobierno de Bush cambió de opinión, tiene que ver con China y atiende al dicho popular que aconseja aliarse con los enemigos de nuestro enemigo Estados Unidos e India, las más pobladas democracias del planeta, tienen en China la principal amenaza para su supremacía militar y económica en el siglo XXI, por lo que suena lógico que multipliquen sus canales de cooperación, empezando por los temas de interés crucial para ambos, como la energía Las expectativas sobre al acuerdo entre Estados Unidos e India son enormes --el viaje de Bush es comparado con el de Richard Nixon a China en los años setenta del siglo pasado--, pero también los obstáculos para hacerlo realidad Por un lado, según han revelado a la prensa los actores involucrados, para India y, en específico, para su poderoso establishment científico, resulta inaceptable la exigencia de Washington de que, como parte del tratado, el país haga una nueva catalogación de su infraestructura nuclear, en la que divida la militar de la pacífica, y ponga esta última bajo cuidadoso escrutinio externo Los escépticos no ven ninguna ganancia en revelar un segmento importante de un programa secreto que ha probado ser exitoso con pura tecnología local Aliada con los científicos está el ala nacionalista de la también muy poderosa diplomacia india, que ve en el acuerdo el peligro de abrir la puerta para que Washington haga demandas que pongan en peligro la postura de "no alineamiento", que ha convertido a India en líder del mundo en desarrollo Estos temores se fortalecieron hace apenas unos días, cuando el embajador de Estados Unidos en Nueva Delhi, David Mulford, afirmó que "la negociación se moriría" si India no votaba, como miembro del directorio de gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), por reportar ante el Consejo de Seguridad de la ONU la negativa de Irán a cumplir compromisos que adquirió como signatario del TNP Aunque la declaración indignó a la opinión pública india, Nueva Delhi votó, el 2 de febrero, a favor de la resolución contra Teherán Afirmó, sin embargo, que cabildeó para "suavizarla" Estados Unidos acusa a Irán, un viejo enemigo, de violar el TNP con sus presuntas intenciones de adquirir armas nucleares Pero no sólo en la AIEA el intenso pulso Washington-Teherán está poniendo a prueba la independencia de Nueva Delhi Además de explorar la opción nuclear para atender su sed energética, India ha aumentado exponencialmente el consumo de petróleo y gas natural, y uno de sus principales proveedores es Irán En este sentido, Nueva Delhi asegura que su acercamiento con Estados Unidos no amenaza sus ambiciosos planes para construir un gasoducto que le suministre gas iraní a través de Pakistán, ni detendrá su creciente cooperación militar con Teherán El posible acuerdo nuclear con India también ha resultado muy polémico para la Casa Blanca Los críticos, que se suman por decenas en el Congreso estadunidense, que debe ratificar el documento, y entre los activistas contra de la proliferación nuclear, afirman que al concentrarse en el componente pacífico, e ignorar la parte militar del programa atómico indio, Bush le está "regalando" a India el estatus de potencia nuclear oficial, sin que tenga que compartir las responsabilidades de los cinco miembros formales del club atómico Entre ellas destacan la de someter sus instalaciones militares nucleares a supervisión y el compromiso de reducir a cero sus arsenales En resumen, India adquiriría los beneficios de la membresía del TNP sin necesidad de firmarlo Y ahí es donde la polémica que rodea al trato Washington-Nueva Delhi, y sus consecuencias, adquieren carácter global En su más reciente columna en Newsweek, el analista Fareed Zakaria saluda el acuerdo porque "normaliza el estatus nuclear furtivo de India" El analista pide a los críticos rendirse ante los hechos consumados "¿Cuál es la opción? ¿Seguir dictándole a India lecciones sobre no proliferación?", cuestiona De alguna manera Zakaria tiene razón El TNP como cimiento del régimen global que regula la posesión de armas nucleares perdió credibilidad cuando Israel, y luego India y Pakistán, se hicieron de armamento nuclear sin temer sanciones porque sencillamente no son signatarios El desorden terminó de instalarse con las abiertas aspiraciones nucleares de Corea del Norte e Irán, que sí lo firmaron pero lo ignoran, así como con la evidente negativa de las cinco potencias oficiales a destruir sus arsenales, como se supone que están obligadas Para sus críticos, el trato entre Estados Unidos e India representa otro golpe contra la autoridad del TNP Pero bien podría señalar también una salida a la confusión, siempre y cuando, como parece esperar el director de la AIEA, el pragmático Mohamed El Baradei, que ha dado su cauto visto bueno a la negociación, sea el punto de partida para edificar un nuevo y más realista régimen internacional nuclear

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