La Presidencia vacía

viernes, 10 de marzo de 2006
México, D F, 9 de marzo (apro)- El gobierno federal se convirtió de pronto en un feroz enemigo de los líderes corruptos Ahí están los ejemplos: Napoleón, Gómez y Urrutia Nadie más Si se tomara como referencia la actitud del gobierno federal, tendríamos que aclamar al líder de los ferrocarrileros y secretario general del Congreso del Trabajo, Víctor Flores, como un representante de la nueva cultura laboral De hecho lo es, en cuanto el cambio preconizado por esta administración en el terreno del corporativismo, se corresponde con el afán transexenal de Fox, que pretendió ganar para el panismo pragmático que representa lo que resta de las fuerzas vivas del PRI El método fue sencillo: aprovechar las inercias presidencialistas, cuya anómala fortaleza institucionalizada del viejo régimen hubiera sido sustituida por un caudillismo de signo neoliberal Para ello, el presidente se montó en el esquema zedillista del autoritarismo exacerbado como uno de los pocos instrumentos para alejar de Los Pinos a la estructura de su partido Sin embargo, al triunfar en una elección entre personalidades grises, Fox sobrevaloró el carácter individual del capital político con el cual llegó a la Presidencia y su propio carisma, que se fue diluyendo cuando la sociedad, con cierto terror, se dio cuenta de que Fox no dejaba las botas, los chistoretes sosos ni la bravuconería después del triunfo Los libros de los integrantes de su equipo y simpatizantes, desde "El Bigotón" González y Ramón Muñoz hasta los biógrafos de Marta Sahagún, quisieron reforzar la figura de Fox como conductor de un proceso histórico, pero la política cotidiana los desmintió al mostrarlo como un líder improvisado que acertaba por casualidad y podía fabricar, a partir de un trámite sencillo, un tremendo problema que en nada abonaba a la transformación del sistema político Una lectura seria de esos libros demostraría que ni siquiera entendieron las razones de su victoria Con el tiempo fue evidente que no sería el guanajuatense quien desmontara el sistema de privilegios en el que se transformó el gobierno bajo el partido de Estado Su gestión ante los "enclaves autoritarios" ?como los llamó recientemente? no constituyó una ofensiva política sino un abierto intento de seducción No obstante, en vista de la carencia de un proyecto que pudiera llamarse foxista y de la inquietud en el interior del PAN por generar un liderazgo auténtico para que no le volviera a pasar lo que en el año 2000, pocos fueron los núcleos de poder que se sumaron al discurso vacío del presidente, más allá de la negociación indispensable para seguir operando sin molestias ni golpes de timón, Ni siquiera Diego Fernández, enclave autoritario si los hay, se desprendió del escepticismo sobre la presidencia de Fox, en parte porque quiso apostarle a nuevos valores panistas para perpetuar su influencia y al parecer, sólo al parecer, fracasó y quedó relegado con la vieja clase política que el sistema tiene que desplazar a nichos secundarios si pretende mantener sus apariencias de viabilidad De hecho, en las mayores contradicciones sistémicas que se manifiestan en los órganos del Estado, los dinosaurios panistas, priistas y perredistas, además de los "enclaves" que persisten en el Poder Judicial, suelen estar del mismo lado Fox no tuvo éxito en sus sondeos para proyectar transexenalmente a su esposa y a los colaboradores de los que se rodeó Todos ellos resultaron más bien extravagantes como políticos y agotaron rápidamente cualquier viso de credibilidad de largo plazo que hubiera construido la primera presidencia proveniente del PAN Y a partir de la segunda parte del sexenio, con un resentimiento letal contra el liderazgo emergente de un jefe de Gobierno del Distrito Federal que supo percibir la cojera presidencial, lo invistió de enemigo público y comenzó a utilizar contra él un espantajo destartalado que antaño llegó a llamarse "toda la fuerza del Estado" En tales condiciones dejó ésta, que el crecimiento de la actividad del narcotráfico es apenas una de las consecuencias naturales de ese uso desastrado de las instituciones No es de extrañar que Fox no haya podido imponer a Marta Sahagún como figura clave del panismo ni a Santiago Creel como candidato presidencial, o que sus candidatos al Congreso y a las presidencias municipales sólo sean tomados en cuenta por el aparato del partido en función de su utilidad burocrática y operativa, no como activos de campaña El declive de la figura del presidente, relanzada hasta el cansancio por medios mercadotécnicos, es un ejemplo de cómo el poder envilece aun a quien sólo cree poseerlo Sin embargo, Fox implora por la continuidad Y lo hace a pesar de la doble fractura que jamás quiso remediar: la de su derechismo, digamos, intuitivo, con el panismo doctrinario y la de éste con el tímido pragmatismo de Felipe Calderón, quien no se decide a dejar la obligada protección del gobierno federal ni el de la estructura panista Lo peor es que tampoco cuenta con argumentos ni con fuerza para arrastrar a esos núcleos políticos hacia un proyecto convincente en el que pueda sumarse a otros a fin de constituir una alternativa sólida de poder Ese es el presidente del cual Calderón se niega a deslindarse Para los conocedores de la hagiografía nativa, el nuevo slogan de su campaña podría ser: ¿Felipillo presidente? Cuando la higuera reverdezca

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