Extraño pasajero

lunes, 20 de marzo de 2006
México, D F, 20 de marzo (apro)- Pues sí, estimados lectores, como les decía en mi pasada carta a este buzón, afectado por la lástima e impulsado por mi cristiano instinto de caridad, saqué de mi cartera unos cuantos billetes y se los ofrecí generosamente a mi supuesto y fallido asaltante Este acto ví que producía una fuerte conmoción en mi extraño e inquietante pasajero y yo mismo, lo confieso me conmoví y sentí que se me nublaba la vista "¡Ah, que fuerza tiene la filantrópica caridad!, ¡hasta hace que, en lo personal, uno se sienta y se vea bien! ¡Bendita sea!", pensé enternecido, pero cual no sería mi estupor cuando en mi acuosa semiceguera que el lamentable personaje decía: --¡Miserable! Guarde, guarde su sucio dinero ¡Tenía que ser! Usted, como la mayoría de los de su familia, no es más que sucio corruptor, un maldito sobornador Quedé mudo por la sorpresa, no sólo por sus palabras, sino también por el tono y el modo de imitarlas Su cansancio y resignación anterior habían desaparecido y le animaba una rabia que denotaba la absurda, para mí, reacción que le había producido mi altruista gesto ¡Desagradecido! Haciendo un esfuerzo a penas pude tartajear que mi familia era una honorable familia, y pequeña, por aquello de que, como dicen, la familia pequeña vive mejor, y por pequeña, conocía a todos, por lo que estaba seguro que no había en ella ningún sobornador, ningún corrupto Él, con mirada y gesto terrible, me hizo callar y continuó con su perorata como sigue: --Reflexione y niegue, niegue, si puede, que su familia, de condición agresiva y pendenciera por naturaleza, no requirió de mis servicios para que fuera abogado, fiscal y juez, todo en uno, en los conflictos de intereses individuales que enfrentan y problematizan (sic) sus relaciones Y niegue también, si puede, que la aviesa malicia de su condición ha influido e influye para que mi papel de árbitro independiente, objetivo e imparcial se convierta en la cínica expresión de los intereses del más fuerte o el más hábil de uno o varios del grupo familiar en perjuicio de los intereses de los otros, que suelen ser los más Aquí, molesto, estuve a punto de interrumpirle aclarándole que en mi familia no había esa clase de rufianes, pero me lo impidió con un enérgico: --¡Cállese! Deje que termine de explicarme Le obedecí sin chistar, pues consideré que eso era lo más conveniente para mi persona al ver que estaba cargando el tambor del revolver con unas balas que había extraído de uno de los bolsillos Resignado, seguí escuchando sus incomprensibles razones, que ahora seguían este camino: --¿Y cómo lo han conseguido? ¿Cómo han hecho posible que mis decisiones sean la cínica expresión de los más fuertes o hábiles aunque con ello se lesionen los intereses de los más? ¡Muy sencillo! Delegando en mi tantos poderes, tantas facultades que me hicieron engordar hasta el punto de hacerme estallar, como esas pesadas e intimidantes figuras de Botero, y en lo que en ellas se adivina, en la práctica mi gordura, mi exceso de grasa, me hizo torpe y descontrolado de movimientos, y mis ojos, como los de ellos, igual que punzadas de picahielos, no me permitían ver más allá de donde escupía Eso en unas veces, que otras ha habido y hay en que les ha dado y da por criticar mi gordura, es decir, de las atribuciones excesivas con las que me han abrumado, criticar e incluso recortar, en limitar las mismas, con lo que de gordo boteriano me convierten en espiritifláutica figura de Giacometti, en la que la delgadez de la misma, sin apenas masa, peso y volumen parece diluirse angustiada y resignadamente en el espacio Vea cómo me ha dejado ese régimen de engorda y enflaquecimiento Si gordo por bulimia, torpe y tardo; si flaco por anoréxico, impotente para resolver problemas que enfrentará la familia? Mientras le escuchaba, observé que en la penumbra de la callejuela unos reflejos rojizos se iban acercando cautelosos ¡Patrullas policíacas! Mi extraño pasajero también lo notó Lanzó una maldición Rápidamente se bajó del carro y, a todo correr, desapareció por un callejón próximo El resto fue confusión y tragicomedia Sirenas, luces, voces, gritos y, en ellos, un hombre con bata blanca que se acerca a mi vehículo diciendo en voz alta: --¡Estado! ¡Estado! ¿Dónde estás?? Cuando llegó a mi ventanilla y vio que estaba solo, me preguntó ansioso "¿Dónde está ese loco que ha dado en la peregrina idea de creerse la encarnación del Estado? Le indiqué por donde había desaparecido Fue tras él con unos patrulleros Regresaron al rato sin él Expliqué mi aventura El de bata blanca me informó que se trataba de un inofensivo loco y que el único peligro que había corrido era el de haberme muerto de confusión por escuchar las más absurdas interpretaciones de las teorías de Hobbes, Rousseau, Locke, Hegel y otros Le señalé el revolver, que mi extraño pasajero había dejado abandonado en el asiento trasero Lo recogió y vi aterrado que se lo llevaba a la sien al tiempo que decía: "No funciona", y apretaba el gatillo una, dos veces No sucedió nada, en efecto Lancé un suspiro de alivio que se convirtió en un grito de horror, pues un fogonazo relampagueó, un estampido y un aullido de dolor se sucedieron casi instantáneamente Al bajar el revolver, el de la bata blanca había vuelto a apretar el gatillo y se hirió en un pie Nada de gravedad, que se confirmó después Estimados lectores: puse a su consideración ésta, mi extravagante aventura, porque, aunque desatada por un loco, hay amigos que dicen que tiene y encierra un significado para la familia del hombre Yo no lo creo ¿Y ustedes? Sin más su seguro servidor JUAN NIPORESAS

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