Sepultan en silencio al joven minero muerto en la mina La Luz

miércoles, 24 de mayo de 2006
* En el cementerio, sólo familiares, amigos y obreros Villa de Aura, Coah , 23 de mayo (apro)- Y Vidal lloró a la distancia El fuerte sol, de 42 grados centígrados, no le impidieron a él ni a los 300 familiares y amigos de Luis Miguel Esquivel Cerda, acudir al sepelio del joven de 22 años de edad, quien murió ayer en un accidente en la mina La Luz Esta vez no hubo campamentos improvisados, tampoco carpas de organismos no gubernamentales realizando labores asistenciales Faltaron los 400 reporteros de Pasta de Conchos y las autoridades disputándose el control de las operaciones o la simpatía de los habitantes de la zona, quizá porque al pueblo mineral La Luz se llega por un camino de 60 kilómetros de terracería En La Luz no hubo incidentes con el sindicato de Elías Morales ni con el de Gómez Urrutia, porque aquí no hay sindicato El conflicto minero no alcanzó a los carboneros de esta zona, que no saben mayor cosa de Francisco Xavier Salazar Sáenz, secretario del Trabajo Tampoco hubo obispos peleando entre sí por los feligreses, ni párrocos difundiendo versiones del accidente Los grupos católicos y evangélicos, en sus diferentes órdenes y denominaciones, no se confrontaron, porque esta vez no asistieron Es más: en el mineral La Luz, ni siquiera hubo cura, pastor ni misionero Aquí, la espera fue larga, mas no de meses como en Pasta de Conchos El dolor se lloró en la soledad de las 300 almas de un pueblo mineral entero, al que no acudieron los reflectores internacionales a darles seguimiento Se anunció el sepelio a las seis de la tarde, pero el accidentado camino evitó que el carro fúnebre llegara a tiempo A las siete, unos cuantos vehículos desvencijados, camionetas repletas de gente, otros tantos a pie, pero finalmente todos los habitantes del mineral La Luz llegaron al panteón San José, en la Villa de Aura Al instante, decenas de niños se arremolinaron en torno al féretro, para atestiguar uno de los primeros funerales de mineros muertos en las minas, pozos y tajos Los familiares advirtieron: "Su esposa no da entrevistas" Esta no cedía al llanto Los hombres, al ingresar el carro funerario al camposanto, se despojaron de sombreros y gorras; las mujeres, por el contrario, se cubrieron con chales, rebozos y sarapes A un tiempo, se santiguaron Recargados en una tumba alejada, dos hombres con muletas y uno más con marcas en el rostro, mantenían la cabeza gacha El de las marcas era Vidal, el mayor de todos, quien lloró en silencio, molesto Grupos de jóvenes se aproximaron a la familia El rictus endurecido Eran sus compañeros del pueblo, los muchachos que fueron junto con Luis Miguel a la escuela, aquellos que lo conocían desde niño y entre los que se contaban los afortunados que no trabajan en las minas y prefieren cuidar cabras, antes de irse "al otro lado" Minutos después, el cuerpo del joven fue enterrado Vidal, Reginaldo, Albino y José Cruz, los otros carboneros que descendieron la mañana de ayer por el tiro, observaban a lo lejos Vidal, el veterano de 31 años en las minas de San Patricio, dice resignado: "Lo único que queda es tener más cuidado" --¿Va a seguir trabajando en las minas? ?se le pregunta --Pues no hay de otra aquí, ¿qué más hace uno? Empecé a los 17 años y nunca me había tocado que a un compañero mío le tocara morir en un accidente

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